Blogia
CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

UN CUENTO CHINO

 

LA HISTORIA ANTIGUA:
UN CUENTO CHINO - POR CARLOS AZCOYTIA LUQUE
Un chino llamado Shen Nong.-
 
Cuanta la leyenda china que sobre el año 2.800 a.C. los hombres y
mujeres todavía vivaqueaban por los campos en busca de comida, no sabían
cosechar y su vida era penosa y dura, todos vivían principalmente de la
caza, pero al aumentar la población el número de animales comenzó a
disminuir con lo que padecieron hambrunas; para sobrevivir tuvieron que
recurrir a las plantas silvestres, que no siempre podían conseguir o que
en algunas ocasiones los envenenaban, entonces un hombre llamado Shen
Nong comenzó, de forma experimental, a roturar la tierra y plantar
semillas de mijo. Para sorpresa de todos aquellas semillas comenzaron a
brotar de forma saludable, dando la posibilidad de almacenar la cosecha,
dando alimentos para todo el año.
 
No sólo se le debe a este hombre el invento de la siembra, sino también
el invento del carro y el arado, así como la domesticación del buey y el
caballo y la quema de rastrojos para despejar los campos y hacerlos más
productivos.
 
Toda esta sapiencia fue recogida en un texto titulado Pen-ts’ao king, el
cual se perdió, sólo quedando referencias de un médico del siglo V a.C.
A Shen Nong se le debe igualmente el descubrimiento del té (para saber
más sobre este tema visite nuestro monográfico dedicado a la historia
del té).
 
Entre los muchos descubrimientos y estudios de este hombre, al que todos
llamaban ‘El Granjero Divino’ se le debe la catalogación de 365 especies
de plantas, minerales y animales con propiedades medicinales, entre las
que se encuentra el lingzhi, una seta que vive a expensa de los árboles
de hojas caducas y que en la actualidad se estudia en medicina por sus
propiedades inmunológicas y antiinflamatorias entre otras muchas
cualidades, incluida la de ser anticancerígena. La forma que tenía este
hombre para saber si una plante era tóxica o no era bastante peculiar,
ya que después de varios envenenamientos, en un día setenta veces, que
son ganas de envenenarse y ser mentiroso al contar las cosas, fue
obsequiado por el ‘Soberano del Cielo’ con un látigo, conocido como el
‘látigo ocre rojizo’ que dependiendo de la planta se ponía de un color,
así que si era venenosa el instrumento tomaba el color negro, si su
color se tornaba rojo quería decir la planta era medicinal, etc. y es
que los chinos siempre tuvieron una imaginación impresionante, de ahí
viene quizá el dicho, cuando alguien nos cuenta una historia con pocos
visos de verosimilitud, de que nos está contando un cuento chino.

0 comentarios