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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

LA HISTORIA DEL TÉ

Edmundo Domínguez Aragonés - En la leyenda, un equis día el emperador chino, erudito y sabio, Shen Nung, descansaba al pie de un árbol de té silvestre y en esas una ligera brisa agitó las ramas y algunas hojas cayeron en el agua que estaba hirviendo y, al beberla, después de enfriada el agua, "le resultó deliciosa y reconstituyente". La anécdota aconteció en el año 2737 antes de Cristo.

El emperador Nung, durante su reinado promovió los beneficios del té, ya que, antes, una de sus sabias normas es la que dispuso que durante su reinado "toda agua para consumo humano fuera previamente hervida". Nung se adelantó a Louis Pasteur miles de años antes.

El té es conocido por los europeos por vez primera en la India cuando los portugueses la invadieron hacia 1497. En la India era la bebida nacional.

El primer cargamento de té llegó a Amsterdam, Holanda, en 1610 por iniciativa de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales y de allí pasó a Inglaterra. El té negro se puso como bebida de moda en los cafés de Londres, en 1652. Las reuniones en los cafés londinenses favorecieron la creación de los partidos políticos en Inglaterra.

En Francia, antes, en 1635 apareció la bebida "que era del gusto del Rey y su corte" y pronto "el pueblo comenzó a beberlo", aunque escasamente, ya que los franceses preferían el café. Luego, entre 1720 y 1730, adquirió notoriedad en Europa y se inició el trato directo con China para surtirse de la planta en los puertos de Amoy y de Cantón en China, al cual acudían los mercantes europeos.

"En Japón, los samuráis lo bebían ritualmente, tomando la vasija del té con las dos manos, llevándosela a la boca y dándole tres sorbos".

En la actualidad el té es la segunda bebida consumida en el mundo, después del agua.

Hoy, en París, en el Museo Guimet, se están exponiendo, hasta enero de 2013, 257 piezas de cerámica y una quincena de pinturas que representan el 50 por ciento de las obras conocidas en relación a la historia del té, que han sido elegidas por el curador de la muestra Jean-Paul Desroches.

Dice el experto: "El evento revela cómo a partir del siglo XVII, el esplendor de la dinastía Qing convirtió el té y la porcelana que le acompañaba en el centro de un comercio de difusión internacional, desde la Corte de Rusia a Persia, pasando por Mongolia, sur de Europa y Estados Unidos".

Los ingleses instituyeron la hora del té, a las cinco de la tarde. El ritual cotidiano durante el cual se bebe té negro que se acompaña con pastitas o galletas de mantequilla, algunas con una cereza en el centro. Si se es invitado a la hora del té, esto representa confianza y amistad y más cuando se trata de un extranjero.

En México, el consumo del té comenzó hacia 1920, ya concluida la Revolución de 1910, habiéndose relajado la sociedad que había padecido la guerra civil. Algunos miembros de la alta burguesía, que habían viajado a Inglaterra, adoptaron la hora del té en la época de Porfirio Díaz, aunque en pocas mansiones de la Ciudad de México.

Díaz no bebía té, ni café ni alcohol ni fumaba. Era un asceta en ese comportamiento. Era el poder su reconstituyente.

El té de las cinco se bebía en el Jockey Club, ubicado en el Paseo de la Reforma, y a la degustación acudían los miembros de la clase gobernante con ínfulas sajonas. Díaz era afrancesado y ese ritual le molestaba.

El té llegó a México en la Nao de China. Nao en latín navis quiere decir barco, galeón. Tras el encontronazo y la colonización, España estableció una ruta marítima que iba de China al puerto de Manila, en Filipinas y de ahí a los puertos de Acapulco y Las Peñas, hoy Puerto Vallarta, en el siglo XVI. Lo que se desembarcaba era telas de seda y vajillas, muebles de laca y almohadas de seda y oro, y algunas pacas de té.

La última Nao de China zarpó de Acapulco en 1815, avanzada ya la Revolución de Independencia. Nadie registró el hecho ya que todos estaban en armas y el padre Hidalgo y Morelos habían sido ejecutados y al ya emperador Agustín de Iturbide, "le disgustaba el té y prefería la taza de café acompañada de un buen trago de coñac y un cigarro habano".

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