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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

LA HISTORIA DEL CAFÉ - CAP: 02

Por: Jaime Ariansen Céspedes - Instituto de los Andes 

En cuanto a las leyendas, la más popular, nos relata la historia de un joven y su apuesto curandero llamado Ali, que trabajaba exitosamente en el bullicioso mercado de Gondar. Comarca del Africa Oriental, su vida transcurría sin contratiempos hasta que un día la princesa Jazmín, (que otro nombre podía tener), que era la hermosa hija del terrible Negus Neguesti, rey de reyes, pasó por el mercado.

 

Lo demás es como en todas las tradicionales novelas de amor y aventuras: se encontraron las miradas, - las de Alí y Jazmín, - y brotó de inmediato un profundo y tierno sentimiento, ... Amor sublime, amor eterno.... Por supuesto, que el romance duró solo hasta que el malvado rey se enteró que el plebeyo Alí, flaco, desgarbado y sin un centavo, pretendía a su tesorito. (Al parecer en esos tiempos la medicina no era una profesión muy lucrativa).

El Negus, ordeno atrapar al osado y lo deportó al bosque más lejano que encontraron sus tropas y en el término de la distancia el galán estaba fuera de circulación. El pobre Alí, abatido, comprendido, que solo consiguiendo un regalo diferente y magnífico, tendría alguna oportunidad de reconquistar a su amada Jazmín.

Dice la leyenda que trabajó durante tres años, día y noche, sin descansar, buscando tan ansiada ofrenda. Para no quedarse dormido, comenzó a tomar una infusión que había descubierto  casualmente cuando unas bayas de un arbusto cercano cayeron en el agua donde hervían sus alimentos.

Cuando Alí estaba a punto de desfallecer, sin haber encontrado el talismán que buscaba, y tomando el último trago de su amargo café, brotó de pronto como una luz la gran idea. Desde hacía muchos meses tenía ante sus ojos el regalo que buscaba, lo había tostado, disfrutado de su negra y olorosa infusión y reconfortado con su calor interno, por supuesto, estamos hablando del Café.

 

Alí, llevó su regalo al sultán Negus Neguesti, y este quedó tan satisfecho con el presente, que en recompensa le otorgó la mano de Jazmín. Los siguientes años las pasó el rey, plácidamente, viendo jugar y crecer a sus nietos en los regios jardines de palacio, mientras compartía con sus numerosas esposas, Alí y Jazmín unos deliciosos cafecitos. jaimeariansen@hotmail.com

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