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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

LA COCINA CRISTIANA DE OCCIDENTE

La Buena Uva - Por: José H. Chela He aquí un libro con el que me reencuentro por pura casualidad, revolviendo estanterías y gavetas en busca de otra cosa, que me pongo a releer con el mismo placer que en anteriores ocasiones (¿será ésta la quinta o la sexta relectura?) y que no dudo en recomendar al lector. Fue escrito por la pluma brillante, poética, imaginativa y erudita de un escritor gallego del que les he hablado aquí, en más de una ocasión, cuando me he ocupado de cocineros históricos, de platos imposibles y hasta de sirenas inquietantes, Álvaro Cunqueiro, a cuya literatura, sapiencia y humor habrá que hacer justicia algún día, si es que en este país algún día llega a hacerse justicia literaria. El libro se titula "La cocina cristiana de Occidente" y para los amantes de la amena lectura y de la gastronomía es todo un clásico. Está -o estaba- en Editorial Tusquets, en su colección Los 5 sentidos, por si al columnófilo le interesa.

La cantidad de recetas, anécdotas, curiosidades, personajes, quimeras e invenciones que desfilan por los recovecos de de esta obra torrencial podrían llegar a apabullarnos si no fuese por la gracia de la palabra, el ángel del lenguaje y la capacidad de divertir que exhibe en cada párrafo el autor de "Fábulas y leyendas de la mar". En estas páginas se suceden sucesos insólitos, ágapes legendarios y descripciones asombrosas, como la muerte de un cortesano de Enrique IV que falleció por comer riñones de cordero con salsa de nieve, o los banquetes de los caballeros Teutónicos, "la más carnívora de las órdenes de caballería", o la bonita historia de la doncella que quedó preñada en Alsacia tras pisar en el campo "una yerba muy fuerte" y recorrió, confusa y aterrada, el camino de Santiago a cuya presencia llegó ya de varios meses, para que el Apóstol obrara el un milagro y la barriga se le quedara de nuevo plana a la damisela. Así ocurrió.

Menciona Cunqueiro en varias ocasiones los vinos de estas ínsulas y siempre lo hace elogiosamente. Los malvasías -no los chipriotas en los que los venecianos maceraban dientes de ajo y manzanas de Istria, sino los canarios- eran ingrediente fundamental en una receta bizantina que se refugió en Inglaterra: el salmonete a la moda de Hastings. Por ejemplo.

Uno de los capítulos de "La cocina cristiana de Occidente" está dedicado íntegramente a nuestros vinos: "Saludando el Canarias". En el final de este saludo, don Álvaro brinda con vino de Icod "por Shakespeare, por Falstaff, por los alegres bebedores de la Media Luna, por Samuel Pepys, por North, el traductor de Plutarco, y por las naves que volvían del Sur con vientos propicios, cargadas de barricas de roble de Northumberlandia, llenas del vino grave, seco, entero, algo duro, pero confortador, de las famosas Islas que acaso sean las cumbres al sol de la Atlántida perdida en un triste día y en una larga noche".

Una joyita imperecedera, de verdad. - josechela@mojopi.com

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