LA COCINA CRISTIANA DE OCCIDENTE
La cantidad de recetas, anécdotas, curiosidades, personajes, quimeras e invenciones que desfilan por los recovecos de de esta obra torrencial podrían llegar a apabullarnos si no fuese por la gracia de la palabra, el ángel del lenguaje y la capacidad de divertir que exhibe en cada párrafo el autor de "Fábulas y leyendas de la mar". En estas páginas se suceden sucesos insólitos, ágapes legendarios y descripciones asombrosas, como la muerte de un cortesano de Enrique IV que falleció por comer riñones de cordero con salsa de nieve, o los banquetes de los caballeros Teutónicos, "la más carnívora de las órdenes de caballería", o la bonita historia de la doncella que quedó preñada en Alsacia tras pisar en el campo "una yerba muy fuerte" y recorrió, confusa y aterrada, el camino de Santiago a cuya presencia llegó ya de varios meses, para que el Apóstol obrara el un milagro y la barriga se le quedara de nuevo plana a la damisela. Así ocurrió.
Menciona Cunqueiro en varias ocasiones los vinos de estas ínsulas y siempre lo hace elogiosamente. Los malvasías -no los chipriotas en los que los venecianos maceraban dientes de ajo y manzanas de Istria, sino los canarios- eran ingrediente fundamental en una receta bizantina que se refugió en Inglaterra: el salmonete a la moda de Hastings. Por ejemplo.
Uno de los capítulos de "La cocina cristiana de Occidente" está dedicado íntegramente a nuestros vinos: "Saludando el Canarias". En el final de este saludo, don Álvaro brinda con vino de Icod "por Shakespeare, por Falstaff, por los alegres bebedores de la Media Luna, por Samuel Pepys, por North, el traductor de Plutarco, y por las naves que volvían del Sur con vientos propicios, cargadas de barricas de roble de Northumberlandia, llenas del vino grave, seco, entero, algo duro, pero confortador, de las famosas Islas que acaso sean las cumbres al sol de la Atlántida perdida en un triste día y en una larga noche".
Una joyita imperecedera, de verdad. - josechela@mojopi.com
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