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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

HISTORIAS DEL CAFÉ

por Cecilia Portella Morote | portellace@hotmail.com

Alrededor del café se crean historias, pues se le atribuyen beneficios para sus consumidores, pero también se le sataniza al extremo de retirarlo por completo de la dieta de algunos irritables parroquianos.  El Perú, a diferencia de otros tantos países, pese a la excelente calidad de café que produce en sus tierras, no tiene una cultura arraigada, ni un gran consumo que le permita erigirse como país productor y consumidor de este grano.  Chanchamayo, Jaén, Satipo, son lugares aptos y lo suficientemente bien dotados para abastecer al Perú y unos kilómetros más allá de este sabor cálido, especial e inconfundible del café.

 

Países como Colombia y Brasil, en nuestra América, y en Europa, las ciudades más importantes de España, Italia y Francia tienen una cultura de café, para nosotros desconocida o poco difundida.  Así como el pisco tiene sus catadores, el café tiene sus baristas, especialistas, que además de probar el tipo o la calidad de café, crean nuevas formas de disfrutar esta bebida, mezclada con licores, esencias y sobre todo con leche.

 

Actualmente se utiliza el café como un pretexto para los encuentros, para las pláticas interesantes o para cerrar un negocio, y esta situación lo ha elevado al rango de bebida propia de las conversaciones "muy interesantes"; con lugares especiales para este tipo de reuniones.  Sin embargo, al interior del país, otra es la realidad: Un café, acompañado de queso y su pancito serrano acompaña la alimentación diaria en más de un pueblo.

 

Y así lo hace saber Rodolfo Tafur, quien además de ser un hombre autorizado para contárnoslo, es hijo de Huánuco, de un lugar en donde el café no se bebe, se disfruta; se hace parte de la vida de los hombres y mujeres para encandilarlos con su aroma y su sabor.  Aquí, los dejo con Rodolfo, con su estilo, sus dedicatorias y su particular forma de hacernos probar de una tacita de café, que buena falta nos hace...

 

UN CAFÉ: Negro como mi vida y amarga como mi suerte

 

Dedico este artículo a un gran amigo, compañero de mil tazas de café y de una conversación elegante, al Filósofo, Chef y mejor amigo, Carlos del Pozo.

 

Durante mi etapa escolar soñaba conocer el Café Procope, en París en 1686, luego que había trascurrido veinte años desde que la corte francesa adoptara el café como bebida de Reyes y nobles.  En rue de l'Ancienne-Comédie, 12, un osado siciliano llamado Francesco Procopio Dei Coltell, decidió abrir un lugar dedicado a la conversación.  En esta casa de madera se reunieron alrededor de una taza de café las más plecaras inteligencias francesas del siglo 18, entre ellos estaba, Danton, Voltaire, Diderot, D'Alambert,  soñaba sentarme en la mesa reservada para  Montesquieu y Rousseau y tomar una taza de café.  El sueño sigue latente y seguro  lo cumpliré.

 

En Perú, existe uno de los mejores cafés del mundo, este crece en Chanchamayo, región de la selva central, no está muy lejos en calidad el café de Jaén y de Amazonas, pero de seguro que muchos bebedores de esta pócima celestial concordarán conmigo que en Huánuco, ciudad de mi nacimiento, existe un inmejorable café y es aquí donde crece una variedad llamada "Caracolillo", realmente una  delicia y totalmente recomendable.  Puede ser capuccino, americano, express, no interesa la forma, porque es difícil imaginar la cantidad de café absorbida cada día por la humanidad.  Quita el sueño, dicen, lo que no es siempre cierto.  Para los mormones es bebida prohibida.

 

En los primeros años del cristianismo, estos lo consideraron como una bebida diabólica, tuvo que intervenir el Papa Vicente III, gran aficionado a este placer, quien dijo: "es demasiado delicioso como para dejárselo exclusivamente a los infieles", haciendo alusión a los mahometanos.

 

Charles Maurice de Talleyrand -cura y político francés, de dudosa reputación- decía: "el café ha de ser negro como el diablo, caliente como el infierno y aromático como una mujer". Un amigo del  político español Joan Pere Fontanella, quien llegó a vivir 90 años, comentó que el café era un veneno lento, a lo que este contestó: "pues se demora bastante".  Voltaire vivió 82 años y tomaba entre 30 a 72 tazas diarias de café, su lucidez era envidiable.

 

Cuando le preguntaron a Madame Pompadour el secreto de su fogosidad en el lecho nupcial, esta contestaba: "cuando estés en la sala, bebe champán, y cuando estés con tu amante, bebe café, ambas bebidas conservan la lozanía  y el buen humor".  El rey Luis XV, a quien atribuyen más de cien amantes, además de su mujer legítima -con la que procreó catorce hijos- bebía un café oriundo de una plantación genuina instalada en los invernaderos de Versalles.  Goethe obsequió al químico Runge, su amigo, unos granos con los que el científico descubrió la cafeína.  El gran cubano José Martí decía: "el café me enardece, me alegra, es fuego suave sin llama y me acelera toda la sangre de mis venas".

 

Se comenta que Honorato de Balzac no podía escribir si en su mesa faltaba una taza de café bien cargado y afirmaba sobre "La Comedia Humana" -su mejor obra literaria- "descansa sobre 50,000 tazas de café bien caliente". Las anécdotas cuentan que solía recorrer la ciudad de París para encontrar el mejor producto.

 

León Gambetta, político italiano, tomaba el café en jarrones de cerveza sencillamente "porque contenían más".  Napoleón Bonaparte se quejaba de que el café le caía mal, pero dijo una vez que prefería sufrir y no dejar de experimentar el placer de saborear a sorbitos la humeante taza.

 

La hermosa Sissi, esposa del emperador de Austria Francisco José, decía, "después de un encuentro con mi esposo, que bien cae una taza de café"... Mozart prefería el café con leche. El extravagante médico Harvey descubrió la circulación de la sangre después de cinco tazas de café y  legó parte de su fortuna a sus amigos para que estos, en cada aniversario de su muerte, se dieran una desenfrenada orgía cafetera.  La última frase de  Juan Sebastián Bach en su cantata dedicada al delicioso café, dice: "Ningún beso, ningún vino embriaga tanto como el café".

 

Amigo turista, si llegas al Perú, y tienes la oportunidad de viajar a Huánuco, busca una taza de café, pide un trozo de queso de Huallanca o de Baños, sumerge este en el café y al primer sorbo estarás probando un néctar de dioses, y para terminar  solo quiero recordar mi frase para pedir un café: "negro como mi vida y amarga como mi suerte", y otra de mi cosecha  "El café es como la mujer, amarga, pero como nos gusta".

 

Sorbos Finales: mis conclusiones

 

Interesante forma de Rodolfo Tafur, de pasearnos imaginariamente por el tiempo, acompañados de personajes y de lugares, para muchos desconocidos.  Con cuanta intensidad una taza de café o varias de ellas han estado detrás de inspiraciones, de grandes obras y descubrimientos, de placenteros encuentros conyugales y hasta de furtivos secretos de alcoba.

 

Son siglos de historia que hacen del café un compañero inevitable cuando de inspiración se trata.  Pero también es una presencia palpable, cotidiana, como acostumbra el peruano a las diferentes horas de sentarse en torno a la mesa.  Se dice que el café puede ayudar a prevenir algunas enfermedades, contribuir a mantener en forma la memoria y acrecentar el rendimiento físico y mental, según estudios realizados.  Se afirma también que puede evitar enfermedades neurodegenerativas o incluso ayudar como protector frente a la diabetes tipo 2 y que además, retrasaría el desarrollo del mal de Parkinson y reduciría el riesgo de padecer Alzheimer (1)

 

Mitos y verdades de un café, que para nosotros es acompañante perfecto en el desayuno peruano, cuando de escoltar un tamal o un pan con chicharrón se trata.  Cuando un trozo de queso paria seduce con su sabor y luego llega el sorbo esperado de café para saciar los antojos, o simplemente un pan francés, ligeramente caliente, untado con mantequilla que, repentinamente se derrite y requiere de un buen sorbo de café para complementar los placeres.

 

En lo que a mí respecta, una buena conversación, es suficiente pretexto para beber de sus encantos.  Su aroma me mantiene despierta y su sabor me convoca a un mundo imaginario donde solamente se necesita del espacio para, frente a esta pantalla, verter lo que siento y compartirlo contigo, ahora, en este momento...

 

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