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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

EL TOM COLLINS

El Tom Collins

Por: Jaime Ariansen Céspedes – Instituto de los Andes

Hace unos años en Lima, en la década de los sesenta, para ir a una discoteca había que ser mayor de edad, y eso se entendía mas de 18 años. En el barrio de Jesús Maria esperábamos pacientemente esta edad  para ir a conocer esos lugares “pecaminosos”, elegantes y medio misteriosos. Los que estaban de moda eran el Grill Bolívar, Eds Bar, El Torero, El Negro-Negro y otra docena de lugares fashion.

Teníamos todavía meses y hasta años, de paciente espera, para poder ser asiduos parroquianos a las diversas discotecas de esa muy tranquila Lima, pero el tema de conversación en el barrio, sobre estos lugares era frecuente. Comentábamos experiencias ajenas y planificábamos al detalle con quien iríamos y a donde. Por supuesto teníamos que ser unos expertos bailarines de bolero y música romántica americana en general, esos lugares eran para enamorados y la música preferida era la de Lucho Gatica, Roberto Ledesma y en especial The Platters con sus inolvidables only you y somoke gets in your eyes.

Hasta que llego el momento de hablar sobre cual era la bebida más conveniente para consumir, el whisky era caro y “para viejos”, la cerveza “no era elegante” y nuestro pisco simplemente no existía en el vocabulario de los jóvenes de la época, ya que era la bebida de nuestros padres y abuelos.

Uno de los entrañables muchachos del barrio, Felipe Cáceres, no dijo que su primo mayor y experimentado galán, le había recomendado un cóctel llamado Tom Collins, era fresco, las chicas también podían tomarlo pues no tenia mucho alcohol y era bien rendidor por su gran tamaño.

Como todavía faltaban algunos meses para cumplir con nuestro gran deseo de fiebre de sábado por la noche, se nos ocurrió  probar el Tom Collins con la debida antelación. Conseguir la receta fue fácil por que se la pedimos a un muy buen barman profesional, Alejandro Pomajambo que trabajaba en el mejor restaurante criollo de esos años El Tradición y que el dueño era nada meno que mi hermano. Alejandro era muy amigo y hasta ahora tengo en mi archivo la recetas en una  hoja de papel escrita a mano.

- 60 cc de Gin.

- 30 cc de jugo de limón.

- Un toque de jarabe de goma dulce.

- Hielo a discreción.

- Canadá dry.

- Un marrasquini, Un rodaja de cáscara de limón para decorar,  una ramita de menta o hierbabuena.

El vaso, largo, muy largo, había que llenarlo hasta la mitad con hielo hecho con agua  pura, se le añadía el gin tanqueray o beefeater, el zumo del limón recién exprimido y el almíbar y se llenaba el resto del vaso con  la soda. Luego la decoración, un removedor y listo.

Alejandro nos contaba que este cóctel era muy antiguo, quizás uno de los primeros, originario de Londres y tenia nombre propio, John Collins, jefe de camareros del Limmers Hotel de Mayfair, al principio usaba ginebra Dutch que era muy amarga y no fue popular hasta que cruzó el océano y recién en Estados Unidos se cambio el gin por el Old Tom Gin, mucho mas dulce y de allí venia el nombre de Tom Collins.

Hay una versión del cóctel llamada John Collins que se hace con bourbon o con whisky y ahora hasta algunos atrevidos le ponen un poco de jugo de naranja. Ahora en las barras se consume poco, pero los de mi generación recordamos todavía con nostalgia nuestros primeros Ton Collins, que sin duda los disfrutamos plenamente con suave música incluida. (JAC)

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1 comentario

Pablo Francisco -

Felicitaciones por su excelente página.
Deseo suscribirme y recibir sus actualizaciones si es posible.
Cordial saludo.
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