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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

VIVIR PARA COMER...BIEN

JUAN BAUTISTA SANZ La Gastronomía con ´g´ mayúscula ha sido y continúa siendo —a pesar de Arguiñano y sus recetas diarias en la tele—, de manera más o menos soterrada, una de las asignaturas más importantes de la historia de la humanidad. Y es que, obviamente, se ganan más batallas en la vida nuestra de cada día con el recetario culinario a la mano que con la tabla de logaritmos.

Se podrá decir, evocando a Sócrates, que es necesario ´comer para vivir; y no vivir para comer´. Estoy totalmente de acuerdo. Pero puestos a recordar personajes y frases célebres se podrían igualmente rememorar las palabras que cita San Pablo en su primera epístola a los corintios («Comamos y bebamos, que mañana vendrá la muerte») o la conocida y un tanto extrema sentencia que Anselmo Brillat-Savarin estampó en 1825 en su Fisiología del gusto: «La suerte de las naciones depende de su manera de alimentarse». Creo que fue Chateaubriand quien definió a Inglaterra como «el país de mil religiones y una sola salsa». Y todavía circula en nuestra geografía, al lado de aquello de ´coser un botón´, aquello otro de ´saber freír un huevo´.

Sea cual fuera nuestra particular posición al respecto, nos coloquemos del lado del ascetismo o de la gula, seamos discípulos de Epicuro o criaturas de poco exigente paladar, tengamos el apetito de un Pantagruel o los remilgos de quien padece dolencia hepática, el dato indiscutible es que la Gastronomía juega en el mundo un papel mucho más importante del que a veces queremos reconocer. Decía un cínico que la buena cocina ha salvado más matrimonios que el amor, y ya es sabido que Talleyrand, que era un político que veía crecer la hierba, al partir a su Embajada de Viena se preocupó más de reclutar expertos cocineros que expertos diplomáticos. Los libros de historia nos hablan de las influencias políticas de tales o cuales favoritas, pero tengo la sospecha de que se podrían llenar varios volúmenes sobre las influencias de algunos cocineros.

Sería bueno que en nuestras reflexiones y preocupaciones diarias lográramos insertar, por ejemplo, problemas trascendentales como las ´influencias orientales en la preparación de los chipirones´ o el ´poder antibiótico del vino de Rioja´... He aquí, escogidos al azar, dos temas suculentos que podrían abrir todo un repertorio de horizontes culinarios, históricos, médicos, geográficos y culturales dignos de ser desarrollados con mayor amplitud. Pero hay que dar, también, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Y como la Gastronomía no ha matado al Amor, todavía sigue siendo válido —al menos, líricamente válido— aquello de ´contigo, pan y cebolla´...laopiniondemurcia.es

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