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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

18 DIONISOS

DIONISOS Y LOS PIRATAS

La Historia del Vino - Dionisos CAP: 03 

LOS PIRATAS.

Por: Jaime Ariansen Céspedes

 

Dionisos y su comitiva Utilizaron un precioso Trirreme, que les proporcionó Hermes, y pusieron proa rumbo al mundo entero; a los pocos días de navegación tuvieron un violento encuentro con unos piratas y como estaban desarmados fueron abordados fácilmente.

Dionisos fue hecho prisionero y atado al mástil con cadenas. Tal fue su frustración y  rabia por el mal inicio de su periplo, que sin proponérselo generó una extraña y gran fuerza que hizo que la planta de vid que llevaban a bordo comenzara a crecer con gran rapidez entrelazando a todos los piratas del barco mientras al mismo tiempo se producía en Dionisos una fantástica transformación convirtiéndose en un gran León que destruyo fácilmente las cadenas.

Los piratas  asombrados y despavoridos se arrojaron al mar, donde quedaron convertidos en delfines, éste fue el fantástico origen de estos inteligentes y simpáticos habitantes del mar.

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LA INFANCIA DE DIONISOS

LA HISTORIA DEL VINO - DIONISOS CAP: 02 

POR: ING. JAIME ARIANSEN CESPEDES

El Tutor.  Hermes era un Dios muy especial, a poco de nacer, en la cumbre de la montaña Cilinio, en Arcadia, ya dio pruebas inequívocas de creatividad y versatilidad, que unidas a la fascinación y simpatía  constituían sus principales características. Había inventado la lira y la flauta con las que deleitaba a todo el mundo, mientras recorría las comarcas enseñando a las gentes los secretos de la fertilidad de los campos. Era adorado por los agricultores y los pastores  que eran sus amigos,  mientras  jugueteaba y engreía a las Ninfas, con las que tuvo varios hijos entre los que destacan Pan y Dafnis. 
  
El fiel Hermes se puso en camino rumbo al monte Nisa, llevando a Dionisos en sus brazos. Esta paradisíaca montaña había sido el lugar escogido para que su pequeño hermano creciera. Era un lugar tranquilo, lejano y lleno de naturaleza, donde la vida destilaba todos los días su hermosura, expresándose en miles de luces de colores y aromas diferentes y embriagadores. Era el sitio más hermoso y subyugante que Hermes había visto en su vasto peregrinaje por todos los valles de la tierra.
La infancia de Dionisos transcurrió feliz en el monte Nisa, al lado de Pan,  hijo de Hermes y deidad protectora de los rebaños, pastores y cazadores, quien le enseñaba cada día a disfrutar y comprender las reglas  perfectas y maravillosas de la naturaleza. Al caer la tarde tocaba la Syrinx, o sea la flauta de Pan. Mientras el joven  Dionisos, atento, trataba de aprender como crear sus propias melodías.
Entre las miles de historias que Pan contaba a su joven discípulo, la preferida era la romántica y tierna que se refería al tallado de  su mágica flauta. A Dionisos le encantaba escuchar una y otra vez cómo la hizo, con la caña en  la que se transformó la ninfa Syrinx, mientras huía envuelta en el torbellino de su atormentado amor. Cada vez que contaba esta historia cambiaba la melodía de fondo que acompañaba al relato, mientras Dionisos se acurrucaba en la hierba alta disfrutando plenamente del follaje, imaginando cada una de las escenas románticas de los jóvenes amantes.
 
Pan, tenía otro relato favorito,  por supuesto él era el protagonista. Tomaba aire, hinchaba el pecho, mientras relataba su epopeya en la batalla de Maratón, cuando con su estrategia y valiente acción provocó el pánico que hizo huir a los persas. Acompañaba este relato con un histriónico fin de fiesta de clarines y trompetas, mientras él mismo se coronaba con una guirnalda de ramas de pino.
Los días pasaban felices para Dionisos en esa bucólica atmósfera, unos días jugaba con los Paniscos,  que eran una especie de duendes del bosque alegres y despreocupados, especialistas en sueños y pesadillas. Otros días, con las Ninfas, jóvenes doncellas, espíritus benéficos de la naturaleza que llevaban una vida de deliciosa libertad, cantando y danzando. Las Ninfas estaban comprendidas entre las divinidades de la purificación y la profecía. Las obras de arte las representan como doncellas seductoras, ligeramente vestidas o completamente desnudas,   cubiertas de flores y guirnaldas. 
Hasta que llegó el cumpleaños número quince de Dionisos;  Pan y sus amigos le prepararon una alegre fiesta en medio del bosque, lo especial fue la presencia de Hermes. En los últimos años sus múltiples ocupaciones no le habían permitido estar mucho tiempo con su protegido y hermano menor, ahora que llegaba el tiempo en que Dionisos se convertía en adulto,  había que ofrecerle un presente muy especial.
  
En el momento central de la fiesta, Hermes toma la palabra y brinda diciendo: "Dionisos, querido muchacho, eres una persona de alma noble, tu vocación por enseñar cosa útiles a la gente del bosque y tu amor por la naturaleza te han hecho ganar el respeto y cariño de todos los que te conocen y esto me causa gran satisfacción. Para celebrar tu paso a la vida adulta deseaba hacerte un regalo muy especial y he pensado mucho en este hecho y al final estoy seguro que he acertado en la elección" y entrega a Dionisos una delgada planta con escasa hojas.- Se llama Vitis, prosiguió, y con el jugo de sus frutos, las uvas, alimentarás y saciarás la sed de la gente y les proporcionarás amistad, alegría y buena voluntad, que es lo que más necesitan los hombres. Tu, Dionisos de Tebas, serás el encargado de cuidar esta nueva especie, reproducirla y extenderla por el mundo entero. Que la fuerza divina te ilumine y acompañe.  
A los pocos días Dionisos estaba listo a partir rumbo al futuro y a cumplir con su destino, pero no marchó solo, el bosque estuvo alborotado y las adherencias para acompañarlo fueron múltiples. Los más alegres y divertidos personajes del bosque, Sátiros, Ninfas, Paniscos y Deidades formaron una formidable comparsa alrededor del viajero, también integró la comitiva Sileno, el viejo maestro de los bosques, el predicador de las fuentes, el que tenia de gran ascendencia sobre Dionisos.

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LA HISTORIA DE DIONISOS

LA HISTORIA DEL VINO - DIONISOS CAP: 01 

POR: ING. JAIME ARIANSEN CESPEDES - INSTITUTO DE LOS ANDES

COMO EMPEZO ESTA HISTORIA.

* La fascinante historia del Vino comienza una calurosa tarde de verano, en un florido paraje del Olimpo, cuando el poderoso Zeus disfrutaba embelesado de los encantos de la hermosa Sémele, hija de Cadmo, rey de Tebas y de Hermione, hija de Marte y Venus. Lo que había sucedido entre ellos fue un amor a primera vista, intenso, con una desbordante pasión. El gran rey de los cielos, el muy poderoso Zeus estaba realmente enamorado y buscaba en todo momento la ocasión de encontrarse con su amada Sémele, esa tarde como prueba de su afecto, le juró amor eterno en una paraje del río Estigia y realizó con sus perfumadas aguas una significativa y mágica ceremonia. Escribió en la arena de la playa una declaración en la que decía que a partir de ese momento no existiría ninguna otra mujer para él y que siempre satisfacería todos sus deseos y cubrió de lirios la sentencia, como símbolo de amor para su dorada princesa.

 

* Pero, lamentablemente muchas de las grandes historias de amor tienen problemas y este romance tenía uno de fondo. Recordemos que el gran Zeus estaba casado con la muy poderosa Hera y ésta al enterarse del juramento que había hecho su esposo,  no dudó que tenía que intervenir de inmediato. Era la reina del cielo y de la luz celestial, especialmente de la Luna nueva. Era la que representaba a la mujer en general y se le adoraba en toda la tierra, no sólo por su inmenso poder sino por su gracia y hermosura. En las regiones que se consideraba que estaban bajo su protección particular, era especialmente venerada por las matronas,  como Juno Regina la "esposa perfecta". Entonces era un despropósito que su amado Zeus se fijara con tanta intensidad en una simple mortal, paliducha, flaca y sin poderes sobrenaturales. Supo que se enfrentaba a una situación muy especial y peligrosa,  jamás  había sentido esa terrible sensación, era una mezcla de celos y rabia.

* Hera, nunca se tragó el horrible sapo de las múltiples veleidades de su muy poderoso y amado esposo, pero las aceptaba como algo inevitable; a través del tiempo había resistido estoicamente a las infidelidades de Zeus. En ese momento realizó un rápido recuento de los hijos que había tenido Zeus fuera del matrimonio: con Metis había procreado a la inteligente Atenea, con Temis había tenido a las ordenadas y diligentes Horas y a los traviesos Hados. Con Eurinome había tenido a las protectoras chicas de pelo gris, las Gracias. Con Deméter había tenido a Perséfone, la terrible reina del mundo subterráneo. Con Mnemosine había tenido a las Musas, las inspiradoras de las artes. Con Leto había tenido a los gemelos Apolo y Artemisa. El dios de la luz y  la diosa de la luna. Con Dione a la bella Afrodita. Con la náyade Maya había tenido al fiel y creativo Hermes. Con Alcmena había procreado al forzudo de Hércules,  Con Danae había tenido al valiente Perseo. Pero esta vez, Hera estaba segura que era distinta la situación, era necesario terminar radicalmente con esa patraña de la absurda promesa a esa insípida rubia y mortal, llamada Sémele.

 

* Como  Hera  podía transformarse a voluntad, tomó la apariencia de Beroe la nodriza de Sémele y le dijo que debía guiarla a una nueva y romántica cita con su amado en el palacio real. La princesa actuó impulsivamente y acudió a la cita desprotegida y presurosa. Minutos después, Sémele estaba desnuda, cubierta de flores, perfume de jazmín y adornada sólo con una diadema de esmeraldas como le gustaba a Zeus. Esperaba expectante a su amado, recostada en un diván, cuando apareció Hera con su verdadera apariencia y concentró toda su ira en una mirada fulminante que lanzó como un rayo hacia su rival y una inmensa lengua de fuego cubrió de llamas a la bella tebana. 

* En ese mismo instante, cuando Zeus estaba presidiendo un consejo divino, le sobrevino un intenso dolor en el pecho, en el mismo centro del corazón, era como un amargo presagio, - sabía de siempre que algo malo podía suceder, - se levantó violentamente y corrió hacia donde su intuición le señalaba. Lo acompaña su hijo y amigo Vulcano para asistirlo si fuera necesario, ¡quien mejor que el dios del fuego! Pero llegaron tarde, se encontraron ante una dolorosa escena, sólo quedaban cenizas doradas de la que fue la más hermosa entre las hermosas, Sémele de Tebas.

* Vulcano se acercó hacia un objeto que brillaba con mayor intensidad, un especial botón, ¡era el embrión que Sémele había tenido en su vientre! ¡Un hijo de Zeus! Vulcano tomó delicadamente al pequeño ser y sin mediar palabras, con solo intercambiar una mirada con Zeus, supo lo que tenía que hacer. Vulcano infringió un tajo en el muslo izquierdo de su padre y colocó allí a su medio hermano para que terminara de crecer dentro de él y procedió a cauterizar la herida con un soplo que proporcionaría el calor necesario para hacer madurar a ese fruto de amor prohibido.

 

* Vulcano sabía lo que era ser rechazado, lo había sufrido en carne propia, de niño era muy feo y defectuoso de ambos pies, por lo que su madre Hera, sintiendo vergüenza por haber tenido un hijo deforme, le arrojó del Olimpo al Océano, de donde fue recogido por Eirinomo y Tetis y escondido en una caverna subterránea, donde vivió nueve años, modelando durante este tiempo gran número de obras de arte, como el famoso escudo de Zeus, las armas de Aquiles, el cetro de Agamenón y entre ellas un trono de oro, con cadenas invisibles, que, con el propósito de vengarse, envió a su madre como regalo. Hera al sentarse en él, quedó instantáneamente encadenada, de tal forma que nadie pudo liberarla, por lo que se resolvió pedir a Vulcano que regrese a la corte real para ayudar a su desamorada madre. Desde el día del retorno, Zeus no sólo fue un padre condescendiente sino que desarrolló con el hábil dios una sólida amistad, que sabía le podría ser muy útil algún día.

* En las siguientes semanas no se habló del incidente de Sémele en la corte real,  Zeus pensó que era la mejor manera de proteger su gran secreto de amor  - la existencia de un hijo prohibido -. Pasó un día y otro día, un mes y otro mes, hasta que llegó el día que debería nacer Dionisos, el fruto de ese inmortal amor. Fue un alumbramiento simbólico, frente a un altar natural cubierto de madreselvas, jazmines y lirios, sólo asistió Vulcano a la ceremonia, quien cogió al niño y lo depositó en el florido altar envuelto en una manta de hilos de oro, mientras procedía a curar con sus prodigiosas manos  el muslo desgarrado del rey de los cielos.

* En ese momento llegó a la escena un sorprendido Hermes, que había sido convocado por su padre en ese escondido paraje del bosque. Hermes era el otro hijo predilecto del rey del cielo. Su inventiva, sagacidad y simpatía le habían hecho ganar el Cayado de Oro que poseía como el Heraldo de los Dioses. También por sus muchas virtudes se había convertido en el dios de la fertilidad de los campos y de la música.

* Zeus mira profundamente a los ojos de su hijo Hermes, mientras depositaba al niño en sus brazos y le pide que cuide a su hermano,  le explica brevemente por qué no podía quedarse en la corte del Olimpo, que su vida correría peligro y él no podía protegerlo todo el tiempo  y que confiaba plenamente en que él sabría qué hacer y cómo educarlo sin revelarle su verdadera identidad. Dio una última amorosa mirada al pequeño Dionisos y partió junto a Vulcano hacia la eternidad de sus tareas reales.

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