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TU ME HICISTE BRUJERIAS
Había una vez dos encantadoras cocineras que compartían un ingrediente secreto: la magia.
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Escribe Rafael Ariansen / andes@institutodelosandes.com
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Piper Halliwell / (Holly Marie Combs) Charmed (1998 - 2006)
Piper es una bruja. Pero no de las de verrugas y nariz ganchuda. Es una “bruja buena”, enfrentada a las fuerzas de la oscuridad que intentan dominar al mundo... y también es chef, una de las mejores de San Francisco. Su vida transcurre desintegrando las moléculas de los demonios que se le aparecen y desbaratando complots del inframundo, y en sus ratos libres... cocina y hornea pasteles. Su pasión por el arte culinario es la única actividad terrenal que la acerca a lo que debería ser una “vida normal”, algo que probablemente nunca disfrutará. Afortunadamente comparte esta pesada carga con sus hermanas, brujas también. Piper puede ser dedicada, espontánea y cauta a la vez, según la ocasión lo amerite. Tiene un gran y generoso corazón y frecuentemente hace el papel de “mamá” frente a sus hermanas menores. Su poder principal es el de “congelar” el tiempo (estasis temporal), habilidad que le es de suma utilidad en la cocina (¡sólo imaginen las posibilidades!). Precisamente, durante una entrevista de trabajo en “Quake”, el restaurante de moda en San Francisco, sus poderes se manifestaron por primera vez. Parece que causó una gran impresión, porque el chef Moore la contrató de inmediato. Al poco tiempo fue ascendida a Manager del establecimiento pero el exceso de trabajo y los dobles turnos empezaron a afectarla. En busca de objetivos más altos aún y con la ayuda de sus hermanas tomó un gran riesgo y abrió su propio nightclub, bautizado “P3” (en alusión a la letra inicial de los nombres de las hermanitas: Prue, Piper y Phoebe). Al parecer fue una decisión acertada, pues el P3 llegó a convertirse en uno de los “points” más movidos de la ciudad, presentando en su escenario a los grupos del momento. En la actualidad, cumpliendo un sueño largamente acariciado, es dueña de su propio restaurante.
Piper aprendió a muy temprana edad que la comida puede ser terapéutica y que en la cocina muchos de los problemas se ven menos graves. Además, fue un gran canal de comunicación con su abuela, quien no sólo le transmitió sus poderes mágicos y la habilidad innata para mezclar pociones, sino su buena sazón.
Piper ha tenido amoríos con hechiceros oscuros, fantasmas y hasta con su “Angel Guardián”, ha viajado al futuro, al pasado, a realidades alternas, se ha convertido en demonio, en walkyria, en diosa griega, en súper heroína, ha sido infectada por enfermedades paranormales, murió, resucitó, fue poseída, perdió su alma, ha sobrevivido incontables accidentes mágicos y pasó por la más exigente prueba: ser madre de tres. ¡Esta chica necesita unas vacaciones!
Isabella Oliveira / (Penélope Cruz) Las Mujeres Arriba (Woman on Top) (2000)
En una musical ciudad llamada Bahía, en Brasil, vivía una chica llamada Isabella. Cuando nació los dioses la bendijeron con gran belleza, pero olvidaron un pequeño detalle: la pequeña sufriría de un severo “mareo crónico”. Sus padres intentaron sin éxito cada remedio, hasta que recurrieron a la espiritualidad y rezaron por la cura cada noche a Yemanyá, diosa del mar. Desde entonces, Isabella aprendió a mitigar los efectos de su condición, siempre y cuando no fuera de pasajera en ningún vehículo, se abstuviera de usar los elevadores y durante algún baile, ella “llevara” a su pareja. En la intimidad incluso, Isabella tenía que “estar arriba”, en pocas palabras, debía estar siempre en control de las cosas. De chica aprendió de sus padres los secretos de la cocina y comenzó su carrera culinaria en el pintoresco restaurante que ellos tenían en la playa, en el tradicional distrito de Peulorinho. Poseía un toque mágico para las especias y era imposible resistirse a los sensuales aromas que emergían de las cazuelas cada vez que ella entraba a la cocina. ¿Algún don de Yemanyá quizás? Cautivado por los atributos de Isabella, Toninho, un mesero del restaurant, logró hacerla su esposa y juntos lo convirtieron en el más exitoso del lugar, aunque es justo reconocer que la inspirada cocina de Isabella era la gran responsable. Por un tiempo, todo parecía ir bien, hasta que Isabella empezó a sentirse esclavizada entre ollas y sartenes, mientras que Toninho recibía todo el crédito. ¿Ella escondida en la cocina mientras su marido flirteaba con cada cliente femenina que se sentaba a la mesa? ¡Imposible! Pero eso no sería lo peor. Una noche Isabella terminó descubriendo que Toninho la engañaba, argumentando, en el colmo del desparpajo, que ella era demasiado complicada y que extrañaba “estar arriba”. Es entonces que devastada decide dejarlo todo y viajar a San Francisco.“¿De qué planeta vienes?”, le preguntó la primera taxista que conoció. “Brasil”, fue su escueta respuesta. Hospedada en casa de una “amiga” de la infancia, ahora drag queen, inicia una frustrante búsqueda de empleo, ya que los obtusos dueños de los restaurantes que visitaba rechazaban las exóticas recetas de Isabella, incluyendo su Langosta con Cocos y Salsa de Fruta de la Pasión. En un intento por olvidar para siempre el amor que aún sentía por Toninho, realiza invocando a Yemanyá un hechizo irreversible. Y la diosa respondió: Isabella dejó de amar... y los peces en Bahía dejaron de picar. Libre de su atadura romántica, la suerte de Isabella empezó a cambiar. Consiguió trabajo en un escuela de cocina y muy pronto sus clases fueron las más concurridas, sobre todo la que dedicaba a “la pasión de los pimientos”. Sus dotes para enseñar y por supuesto, su bella apariencia, empezaron a atraer la atención prácticamente de cada hombre en un radio de diez kilómetros (la complicidad de Yemanyá y su aromático café también ayudaron, sin duda). No tardó en captar la de un productor local de televisión, que extasiado por su mágico talento le ofreció casi inmediatamente su propio programa de cocina en vivo.

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Mientras tanto, en Bahía, Tonhino comprendía aquel viejo refrán que dice: “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Además, el conjuro invocado por Isabella se convirtió en toda una maldición para su pueblo, pues los peces se rehusaban a entrar a las redes. Sin un chef para el restaurant y sin pescados a la vista, Tonhino no tuvo más remedio que cerrar el establecimiento e ir en busca de reconciliación y del amor de Isabella, llevando consigo a los músicos que lo habían acompañado cuando se enamoraron y él le dedicaba serenatas.
El extraño grupo reconoce a Isabella en la televisión y logra colarse en el estudio de grabación para tratar de encandilarla con sus canciones de amor en tono de bossanova. No me pregunten cómo, pero los ratings se fueron para arriba y Tonhino y su banda terminaron siendo contratados como regulares en el show. Isabella terminaba cada receta de su programa “Passion Food Live” con el siguiente consejo: “compártanla con alguien que amen”. El programa creció tanto que los directivos del canal planearon de inmediato volverlo de alcance nacional. Pero claro, querían cambiar algunas cosas. El programa les parecía “demasiado étnico”, querían que Isabella cocinara con tabasco en vez de sus pimientos brasileros y que usara una indumentaria más sugerente.Pero no se preocupen, Isabella manda a volar a los ejecutivos de TV, Toninho se reforma y deja atrás su postura machista, ambos cocinan una receta especial que rompe el hechizo y los peces en Bahía empiezan a llenar las lanchas de los pescadores. Un final feliz como el que debe tener todo buen cuento de hadas.
INDIANA JONES Y EL TEMPLO DE LA PERDICIÓN
Por: Rafael Ariansen Salvagno
Su llegada precipitada a la India ya auguraba problemas futuros. Se habían arrojado desde un avión sin pilotos envueltos en una balsa inflable que amortiguó su caída pero que los lanzó en una loca carrera por la pendiente de una montaña nevada hasta terminar precipitándose por un barranco hasta un río de aguas turbulentas: otro día en la oficina para Indiana Jones.
Pero eso ya había quedado atrás. Ahora le preocupaban las acusaciones que el jefe y el shamán de la aldea Maypore que los acogió lanzaban sobre Pankot, un palacio que él suponía abandonado, pero ahora, según sus anfitriones, era la fuente de la más oscura de las maldades, que “se esparcía como el monzón” pervirtiendo gentes, animales y cultivos por igual. A la aldea le había sido arrebata su piedra sagrada y lo que es peor, todos los niños habían desaparecido trágicamente una noche en que los campos se incendiaron. El Profesor Jones ya no seguiría la ruta segura a Delhi, ahora tendría que hacer una visita al palacio Pankot.
Y aquí estaban, Indiana y Shorty a punto de disfrutar de la hospitalidad del Maharajá de Pankot. Habían sido recibidos horas antes por su Primer Ministro, Chattar Lal, un hindú educado en Oxford quien reconoció al instante al célebre arqueólogo. Todo parecía en orden. Indiana tenía puestos sus anteojos, su chaqueta de tweed (que Dios sabe cómo sobrevivió al viaje) y una corbata de lazo: su atuendo de profesor en el Marshall College. Había dejado en la lujosa habitación que le había sido asignada, y que compartía con Shorty, su sombrero de la suerte, la gastada cazadora de cuero, su látigo y su revolver también: su traje de “faena” y que según Willie le daba un aspecto de “domador de leones”.
Todos lo ojos se posaron en las puertas doradas que se abrieron para dar paso a un niño ricamente ataviado con brocados de oro y plata, y un turbante que exhibía descomunales joyas. No tendría más de trece años. Todos hicieron una reverencia, incluyendo Indiana y Willie, quien veía esfumarse su sueño de ser reina. “A lo mejor le gustan las mujeres mayores”, le dijo por lo bajo Short Round. ¡Al diablo! Por lo menos cenaría como reina, nunca había estado tan hambrienta en toda su vida. El joven Maharajá finalmente tomó asiento sobre unos cojines dorados e hizo un gesto con la cabeza, indicando a sus huéspedes que lo imitaran. Inmediatamente los sirvientes aparecieron llevando unas enormes bandejas de plata y colocaron una directamente frente a Willie, quien se quedó mirándola con expresión de desconcierto. Era una enorme y humeante boa constrictor enroscada sobre sí misma, al parecer rostizada.
“¡Ah, Serpiente Sorpresa!”, anunció su vecino de la derecha, un hombre corpulento con un grueso bigote negro en espiral hacia arriba. “¿Y cuál es la sorpresa?”, preguntó Willie temerosa. Pero antes de recibir una respuesta, uno de los sirvientes hizo un tajo en el abultado vientre del animal con una daga curva que brilló por un instante en su mano. El corte reveló que el interior de la serpiente estaba repleto de viscosas y escurridizas anguilas bebé (por lo menos, eso parecían) que empezaron a brotar y a escabullirse por toda la mesa.
“¿No come Usted?”, le preguntó a Willie el hombre que tenía al frente, un comerciante de barba gris, mientras introducía sus dedos dentro de la carcaza del animal.
De repente, una delicada voz infantil sorprendió a los presentes. Era el Maharajá que hablaba por primera vez. “He escuchado terribles historias sobre el culto Thuggee. Pensaba que eran historias que contaban para asustar a los niños. Más tarde, aprendí que el culto había existido y que había hecho cosas innombrables. Y les aseguro que nunca volverá a pasar algo así en mi reino”. El muchacho pronunció estas palabras mirando directamente a Indiana y finalmente a su Primer Ministro. Chattar Lal le dedicó un movimiento de cabeza que inequívocamente indicaba aprobación.
“¡Sesos de mono helado!”, fue la última cosa que alcanzó a escuchar la cantante antes de poner los ojos en blanco y caer sin sentido hacia atrás, perdiéndose de vista entre los cojines. | ||||||||||||||||||



















