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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

MOUSSES

Por Leticia Ravadero y Alicia Anavi/ ES, http://www.grupoq.com.ar

Mousses frutales, delicia para los sentidos

Esponjosas, livianas y refrescantes ganan el premio al postre ideal para los días de calor.

Foto: Glow Images

Foto: Glow Images

Con los días largos y el calor del verano da ganas de sentir esa  sensación de frescura que otorgan las frutas y para los que son golosos, amantes de postres de  textura suave y untuosa  nada mejor y más rico que deleitarse con una rica mousse. Vale aclarar que lo ideal es optar por lo natural y dejar de lado las preparaciones artificiales que se obtienen a partir de polvos. 

Para estas mousses frutales  se parte siempre de un puré de la fruta elegida que pueden ser frutillas, mango, peras, frutos rojos entre otros, al que se le mezcla un merengue francés o italiano. Este último es el mejor ya que con su técnica se pasteurizan las claras eliminando así la salmonella si la hubiera. Luego  se mezcla  el merengue con gelatina sin sabor previamente hidratada en agua o algún jugo de frutas  y con queso crema, crema  batida, eventualmente una rica ricota o algún yogurt. Se la vuelca en el recipiente elegido y se lleva a la heladera hasta que tome cuerpo, alrededor de 4 horas aproximadamente.

Otra opción, en especial para frutas más ácidas es batir  crema de leche con leche condensada y agregarle la fruta deseada y así conseguir una rica mousse. Por ejemplo, para hacer una rica  mousse de maracuyá, se emplea el jugo de cuatro o cinco frutos colado sin las semillas; que se llevará a hervir con el jugo de una naranja por espacio de unos minutos para intensificar el sabor y luego agregarlo al batido de crema y leche condensada que llevaremos al frio por espacio de tres horas mínimo. Obtendrás de esta manera una súper sabrosa  y untuosa mousse que será el deleite de tus invitados. La diferencia con la anterior es que esta última no mantiene su forma por lo que debe servirse en compoteras individuales. 

No siempre se requiere el uso de cremas y gelatinas para su realización, tal es el caso de esta increíblemente fácil  mousse de frutillas. Solo debes poner en el bols de la batidora de pié 5 claras de huevo  con 500 gramos de puré de frutillas frescas, el jugo de ½ limón y 300 gramos de azúcar común. Pon a funcionar la máquina y al cabo de cinco minutos habrás obtenido una deliciosa y refrescante mousse. Si quieres pasteurizar las claras llévalas al fuego junto con el azúcar hasta que se disuelva, es decir, que al tocarlas con los dedos no sientas los granos de azúcar, todo este proceso lo harás batiéndolas con batidor de alambre por unos minutos. Otra buena opción para realizar esta mousse por ejemplo con manzanas, es cocinándolas en el microondas hacerlas puré y seguir la misma técnica con el agregado de un poco de canela.

Cuando se desean hacer mousses con ananá o kiwi, estas frutas contienen sustancias que inhiben la acción de la gelatina y por lo tanto nunca toman consistencia. Para evitarlo se deben cocinar previamente la fruta a partir de agua fría por unos minutos.

Algo que debes saber; las  mousses se pueden congelar por espacio de tres meses, y  ahora sí manos a la obra!!!!! 

HOMENAJE A UN GRAN PERUANO

José María Arguedas Altamirano, fue un escritor, antropólogo y etnólogo peruano. Como escritor es autor de novelas y cuentos que lo han llevado a ser considerado como uno de los tres grandes representantes de la corriente indigenista en el Perú, junto con Ciro Alegría y Manuel Scorza. Introdujo en la literatura indigenista una visión interior más rica e incisiva. La cuestión fundamental que se plantea en sus obras es la de un país dividido en dos culturas (la andina de origen quechua y la urbana de raíces europeas), que deben integrarse en una relación armónica de carácter mestizo. Los grandes dilemas, angustias y esperanzas que ese proyecto plantea son el núcleo de su visión.

José María Arguedas Altamirano, nació el 18 de enero de 1911 en la ciudad de Andahuaylas, provincia de Andahuaylas, departamento de Apurímac. Era hijo de Víctor Manuel Arguedas Arellano, un abogado cuzqueño que ejercía de Juez en diversos pueblos, y de Victoria Altamirano Navarro, perteneciente a una acaudalada familia de Andahuaylas. Cuando tenía dos años y medio de edad, falleció su madre, víctima de cólicos hepáticos; pasó entonces a vivir a la casa de su abuela paterna, Teresa Arellano, en la ciudad de Andahuaylas.

En 1915, su padre, al ser nombrado Juez de primera instancia de la provincia de Lucanas (departamento de Ayacucho), se trasladó a dicha sede, donde poco después se casó con una rica hacendada de San Juan de Lucanas, Grimanesa Arangoitia Iturbi viuda de Pacheco (1917). El pequeño José María viajó entonces a Lucanas, para reunirse con su madrastra; el viaje fue todo un acontecimiento para él, como lo recordó siempre. La familia se instaló en Puquio, la capital de la provincia. En 1919, tras la ascensión al poder de Augusto B. Leguía, el padre, que era del partido contrario, fue removido de su cargo de Juez y tuvo que tornar a su oficio de abogado litigante y viajero, trajinar que solo le permitía hacer visitas esporádicas a su familia.

Esta parte de la infancia de Arguedas estuvo marcada por la difícil relación que sostuvo con su madrastra y con su hermanastro Pablo Pacheco. Aquella sentía por su hijastro un evidente desprecio, y en una ocasión lo mandó a convivir con los criados indígenas de la hacienda. Por su parte el hermanastro lo maltrataba física y psicológicamente e incluso en una ocasión le obligó a presenciar la violación de su tía. La figura de este hermanastro habría de perdurar en su obra literaria personificando al gamonal abusivo, cruel y lujurioso. Solo entre los indios sintió el afecto que le negó su familia, identificándose con la idiosincrasia de aquellos, basada en el amor a la naturaleza.

En julio de 1921 se escapó de la casa de la madrastra junto con su hermano mayor Arístides; ambos fueron a la hacienda Viseca, propiedad de su tío Manuel Perea Arellano, situada a 8 km de San Juan de Lucanas. Allí vivieron durante dos años, en ausencia del padre, conviviendo con los campesinos indios a quienes ayudaban en las faenas agrícolas. Para José María fueron los años más felices de su vida

En 1923 abandonó su retiro al ser recogido por su padre, a quien acompañó en sus frecuentes viajes laborales, conociendo más de 200 pueblos. Pasaron por Huamanga, Cuzco y Abancay. En ésta última ciudad ingresó, junto con su hermano Arístides, como interno en el Colegio Miguel Grau de los Padres Mercedarios, mientras su padre continuaba su vida itinerante. Dichas peripecias a través del sur del Perú y su internado en el colegio abanquino serían evocadas después en su novela Los ríos profundos, su obra maestra.

En 1925 sufrió un accidente que lo llevó a perder dos dedos de la mano derecha. En 1926 empezó sus estudios secundarios en un colegio de Ica, en la desértica costa peruana, hecho que marcó su alejamiento del ambiente serrano que había moldeado hasta entonces su infancia. Allí sufrió en carne propia el desprecio de los costeños hacia los serranos. En 1928 se trasladó a la ciudad de Huancayo, continuando allí sus estudios e iniciándose como escritor al colaborar en la revista estudiantil Antorcha. En 1930 pasó una larga temporada en Yauyos, al lado de su padre. De los cursos correspondientes a sus dos últimos años estudiantiles (1929-1930), rindió exámenes en el Colegio Nuestra Señora de La Merced, de Lima, a base de los estudios que hizo sin maestro alguno en la sierra.

En 1931, ya con 20 años de edad, se estableció en Lima e ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A raíz del fallecimiento de su padre, ocurrido al año siguiente, se vio forzado a ganarse la vida y entró a trabajar como auxiliar en la Administración de Correos.

En 1933 publicó su primer cuento: Warma kuyay. En 1935 publicó Agua, su primer libro de cuentos, que obtuvo el segundo premio de la Revista Americana de Buenos Aires. En 1936 fundó con Augusto Tamayo Vargas, Alberto Tauro del Pino y otros, la revista Palabra, en cuyas páginas se ve reflejada la ideología propugnada por José Carlos Mariátegui. En 1937 fue apresado por participar en las protestas estudiantiles contra la visita del general italiano Camarotta, jefe de una misión policial de la Italia fascista. Fue trasladado al penal “El Sexto” de Lima, donde permaneció 8 meses en prisión, episodio que tiempo después evocó en la novela del mismo nombre.

Poco después, lograda ya su Licenciatura de Literatura en San Marcos, inició su carrera docente en el Colegio Nacional Mateo Pumacahua de Sicuani, en el departamento de Cuzco, como profesor de Castellano y Geografía (1939-1941). Allí, junto con sus alumnos, llevó a cabo un trabajo de recopilación del folclor local. Descubrió entonces su vocación de etnólogo. Paralelamente contrajo matrimonio con Celia Bustamante Vernal, promotora de la Peña Cultural Pancho Fierro (1939), un legendario centro de reunión de artistas y intelectuales.

En 1941 publicó Yawar Fiesta, su primera novela. Entre octubre de 1941 y noviembre de 1942, fue agregado al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Pátzcuaro (1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima.

En 1944 presentó un episodio depresivo caracterizado por decaimiento, fatiga, insomnio, ansiedad y probablemente crisis de angustia, por lo cual pidió licencia repetidas veces en su centro de labor docente. Este episodio lo describió en sus cartas a su hermano Arístides y brevemente en sus diarios insertados en su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo. Durante cinco años estuvo, según confesó, neutralizado para escribir. Se recuperó, pero eventualmente tendría otras recaídas posteriores.

En 1948, se le redujeron las horas de clases y el sueldo de profesor que recibía en el Ministerio de Educación, bajo la acusación de hacer propaganda comunista. Finalmente fue cesado (1949). Eran los días de la dictadura de Manuel A. Odría. Sin embargo, continuó ejerciendo diversos cargos en instituciones oficiales encargadas de conservar y promover la cultura.

En marzo de 1947 fue nombrado Conservador General de Folklore del Ministerio de Educación, para luego ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo Ministerio (1950-1952). Llevó a cabo importantes iniciativas orientadas a estudiar la cultura popular en todo el país. Por su gestión directa, Jacinto Palacios, el gran trovador andino, grabó el primer disco de música andina en 1948. Los teatros Municipal y Segura abrieron sus puertas al arte andino.

Entre 1950 y 1953 dictó cursos de Etnología y Quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones. En 1953 fue nombrado Director del Instituto de Estudios Etnológicos del hoy Museo Nacional de la Cultura Peruana, cargo en el que permaneció durante diez años; simultáneamente dirigió la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario).

El cuento La muerte de los hermanos Arango, que publicó en 1953, obtuvo el primer premio del Concurso Latinoamericano de Cuento en México. En 1954 publicó la novela corta Diamantes y pedernales.

A fin de complementar su formación profesional, se especializó en la Universidad de San Marcos en Etnología, de la que optó el grado de Bachiller el (20 de diciembre de 1957) con su tesis La evolución de las comunidades indígenas, trabajo que obtuvo el Premio Nacional Fomento a la Cultura Javier Prado 1958. Por entonces realizó su primer viaje por Europa, becado por la UNESCO, para efectuar estudios diversos, tanto en España como en Francia. Durante el tiempo que permaneció en España, Arguedas hizo investigaciones entre las comunidades de la provincia de Zamora, buscando las raíces hispanas de la cultura andina, que le dieron material para su tesis doctoral: Las Comunidades de España y del Perú, con la que se graduó el 5 de julio de 1963.

En 1958 publicó Los ríos profundos, novela autobiográfica, por la cual recibió en 1959 el Premio Nacional de Fomento a la Cultura Ricardo Palma. Esta novela ha sido considerada como su obra maestra. Por entonces empezó a ejercer como catedrático de Etnología en la Universidad de San Marcos (de 1958 a 1968). De la misma disciplina fue también profesor en la Universidad Nacional Agraria La Molina (de 1962 a 1969).

En 1961 publicó su novela El Sexto, por la cual se le concedió, por segunda vez, el Premio Nacional de Fomento a la Cultura Ricardo Palma (1962). Dicha obra es un relato novelado de su experiencia carcelaria en el famoso penal situado en el centro de Lima, clausurado en 1986.

En 1962 editó su cuento La agonía de Rasu Ñiti. Viajó en ese mismo año a Berlín Occidental (Alemania), donde se llevó a cabo el primer coloquio de escritores iberoamericanos, organizado por la revista Humboldt.

En 1963 fue nombrado Director de la Casa de la Cultura del Perú, donde llevó a cabo una importante labor profesional; sin embargo, renunció al año siguiente, como gesto de solidaridad para con el presidente de la Comisión Nacional de Cultura.

En 1964 publicó su obra más ambiciosa: Todas las sangres, novela de gran consistencia narrativa, en la que el escritor quiso mostrar toda la variedad de tipos humanos que conforman el Perú y a la vez los conflictos determinados por los cambios que origina en las poblaciones andinas el progreso contemporáneo. En ese mismo año se le reconoció su labor de docente otorgándosele las Palmas Magisteriales en grado de Comendador y una Resolución Suprema firmada por el presidente Fernando Belaúnde Terry dándole las “gracias por los servicios prestados a favor de la cultura nacional”. Fue nombrado también Director del Museo Nacional de Historia, cargo que ejerció hasta 1966.

En 1965, luego de divorciarse de su primera esposa, se casó con la dama chilena Sybila Arredondo, quien lo acompañó hasta el final de su vida. Años después Sybila estuvo presa en el Perú acusada de tener vínculos con el grupo terrorista Sendero Luminoso y tras ser liberada volvió a su país en el 2002.

A pesar de todos sus logros personales y profesionales, en abril de 1966 Arguedas cometió su primer intento de suicidio. El escritor venía sufriendo períodos de grave crisis psicológica desde hacía muchos años. A partir de entonces, su vida ya no volvió a ser la misma. Se aisló de sus amigos y renunció a todos los cargos públicos que ejercía en el Ministerio de Educación, con el propósito de dedicarse solamente a sus cátedras en la Universidad Agraria y en la de San Marcos. Para tratar su mal se puso en contacto con la psiquiatra chilena Lola Hoffmann, quien le recomendó, a manera de tratamiento, que continuara escribiendo. De este modo publicó otro libro de cuentos: Amor mundo y todos los cuentos (1967) y, más adelante, su obra póstuma: El zorro de arriba y el zorro de abajo.

En 1968 terminó su magisterio en la Universidad de San Marcos, y, casi simultáneamente, fue elegido jefe del departamento de Sociología de la Universidad Nacional Agraria La Molina, a la cual se consagró a tiempo completo. Ese mismo año le fue otorgado el premio “Inca Garcilaso de la Vega”, por haber sido considerada su obra como una contribución al arte y a las letras del Perú. En esa ocasión pronunció su famoso discurso: No soy un aculturado.

Sin embargo, por esta época sus angustias existenciales se agudizaron y surgió nuevamente la idea del suicidio tal como lo atestigua su “Primer diario”, el cual insertó en su novela póstuma. Finalmente renunció a su cargo en la Universidad Agraria y el 28 de noviembre de 1969 se encerró en el baño de la universidad y se disparó un tiro en la cabeza, a causa del cual murió, después de pasar cinco días de penosa agonía (2 de diciembre de 1969).

El día de su entierro, tal como el escritor había pedido en su diario, el músico andino Máximo Damián tocó el violín ante su féretro, acompañado por el arpista Luciano Chiara y los danzantes de tijera Gerardo y Zacarías Chiara, y luego pronunció un breve discurso, en palabras que transmitieron el sentimiento del pueblo indígena, que lamentó profundamente su partida.

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

efe.com,

El Perú de "todas las sangres" homenajea desde mañana a José María Arguedas

El Perú de

Lima, 17 ene (EFE).- Exposiciones, coloquios y homenajes reivindican esta semana, al cumplirse mañana los 100 años de su nacimiento, la figura de José María Arguedas no sólo como escritor sino como uno de los que más trabajó por la cultura andina y para reivindicar lo que él llamó un Perú de "todas las sangres".

Aunque la calidad de su prosa lo convierten en uno de los mayores escritores peruanos del siglo XX, el legado de Arguedas, un mestizo blanco con una sensibilidad netamente quechua que terminó suicidándose a los 58 años, va mucho más allá de lo meramente literario.

Si con sus novelas y ensayos logró hacer visible y comprensible el mundo andino en un tiempo en el que la cultura occidental lo menospreciaba como salvaje y atrasado, sus aportaciones como etnólogo (fue un gran recopilador de tradiciones orales y artísticas milenarias) y antropólogo no se quedan atrás.

Nacido en la andina Andahuyalas (sur andino) el 18 de enero de 1911, Arguedas fue el encargado de dar a conocer a la costa peruana, donde residía el poder político y económico, el valor de la cultura andina, que durante siglos había permanecido despreciada.

"Arguedas nombra el Perú de 'todas las sangres' (título de una sus novelas); apunta a representar un país donde las distintas culturas y clases se reconcilien bajo la igualdad", señaló el profesor Victor Vich en una entrevista a la revista de la Universidad Andina Simón Bolivar.

El autor de "Los Ríos Profundos" recorrió la agreste geografía del interior de Perú recopilando música, que grabó para el Ministerio de Educación, y ayudando a salvar danzas y tradiciones, las mismas que logró llevar hasta plazas y teatros.

"Iba a los coliseos a decir cómo tenían que presentarse, sin avergonzarse del quechua, ni de sus trajes típicos que, por el contrario, eran causas de orgullo, parte de nuestra identidad cultural", señala el reconocido interprete de charango (pequeña guitarra andina) Jaime Guardia a la revista semanal "Somos".

Todo este trabajo de Arguedas ha servido de referencia para artistas de todos los ámbitos, como siempre hace el pintor Fernando de Syszlo, máximo exponente del arte vanguardista peruano y uno de los mejores amigos del escritor, al recordar que fue él quien le hizo ver la importancia del arte popular andino.

Para celebrar y reivindicar este gran legado se han preparado esta semana todo tipo de actividades, desde exposiciones colectivas como "Arguedas Hoy", que reúne creaciones de jóvenes artistas alrededor del tema de un Perú pluricultural, a coloquios como la mesa redonda "Modernidad y tradición en la obra de José María Arguedas", que se realiza el jueves en la Biblioteca Nacional.

Los actos centrales, sin embargo, tendrán lugar mañana, cuando la plana mayor de la política peruana se reúna en el Congreso para un homenaje al que no faltarán el presidente de Perú, Alan García, la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, y el ministro peruano de Cultura, Juan Ossio.

La ciudad de Andahuaylas, por su parte, no esperó hasta mañana para iniciar las celebraciones y desde ayer las autoridades locales lanzaron un largo programa de actividades que incluyen lecturas de la obra del escritor, una misa en quechua y manifestaciones culturales.

Como colofón de fiesta, la plaza de armas de la ciudad será el escenario en la noche del martes de la serenata "Todas las voces y todos los cantos", una celebración con música y danza tradicional como las que el propia Arguedas frecuentaba para bailar, reír y contar chistes en quechua.

MIEDO AL VACÍO

EFE - Como sin duda ustedes saben, "horror vacui" es una expresión latina que puede traducirse por "miedo al vacío", que tradicionalmente se ha usado en arte para describir aquellas obras en las que no queda ni un pequeño espacio sin decorar, se trate de pintura o de arquitectura.

Trasladado a la gastronomía, el término, hasta ahora, se refería sólo al cocinero que se creía en la obligación de llenar completamente sus platos con los elementos más variopintos, o al comensal que exigía que estuviesen repletos de comida, que no asomase ni medio centímetro cuadrado de la superficie del plato, cosa que solía producirle una sensación de haberse quedado con hambre puramente sicológica.

Pero ahora no nos referimos al vacío decorativo, ni al de los platos: el nuevo temor al vacío viene por el amor, a mi juicio excesivo, que muchos cocineros están demostrando por las técnicas de cocina al vacío.

Cuando hablamos de cocina al vacío lo hacemos, normalmente, de dos cosas; primero, de una técnica de cocción en la que los alimentos se introducen en unas bolsas de las que se extrae el aire y se cocinan a baja temperatura y durante más tiempo que en una cocción convencional.

La otra vertiente es la de la conservación al vacío. La teoría es sencilla: si envasamos un alimento y hacemos el vacío en el envase, extrayendo el aire, eliminamos también una serie de bacterias aerobias que pueden alterar y descomponer ese alimento.

En fin, métodos de conservación de alimentos ha habido muchos a lo largo de la historia; el problema es que los clásicos, como el secado, la salazón o el ahumado, alteraban el aroma, la textura y el sabor de los productos tratados, muchas veces, reconozcámoslo, mejorándolos notablemente. La congelación, que es algo de ayer mismo, no provoca esos cambios, y teóricamente el vacío tampoco.

Es curioso. En los tiempos heroicos de la congelación, mentarle los congelados a un cocinero era como mentarle la bicha: se ofendía, y todo. Se presumía de usar género "del día", y se obviaba la afirmación -correcta- de Paul Bocuse de que "si congela usted gloria, comerá gloria; si congela usted basura, comerá basura". No: nada de congelados en mi casa, decían.

Ah, pero los tiempos cambian. Dejemos ahora la cocción al vacío, que no deja de ser una técnica culinaria más, y vayamos a la conservación. Va siendo cada vez más habitual que ciertos platos no se hagan en el restaurante a diario, sino de vez en cuando, incluso hasta muy de vez en cuando.

Los platos se cocinan y se guardan en bolsas en las que se hace el vacío y se crea una atmósfera teóricamente inerte, y se van usando según la clientela los demande. Cómodo ya es, y además permite al chef estar menos tiempo en la cocina.

Hay platos que mejoran de un día para otro; por citar el ejemplo más clásico, esos callos que en tantos lugares se ofrecían un día fijo por semana, y que se hacían de víspera para que reposaran y se asentaran. O un potaje de Cuaresma.

Pero una cosa es de un día para otro y otra la eternidad. Ni siquiera en atmósfera inerte son eternos los guisos: acaban alterando aromas, sabores y texturas, especialmente los de los pescados. Una solución de urgencia, para plazos cortos, excelente, se ha convertido en un vicio con consecuencias no deseables a plazo medio o largo.

Además, debe de haber en las bolsas bacterias de las otras, de las anaerobias, de las que no necesitan aire... porque a mí mismo algún plato guardado al vacío me ha proporcionado molestos incidentes gastrointestinales, y no una vez ni dos.

Convendría no olvidar que, congeladas o guardadas al vacío, las cosas tienen fecha de caducidad. De modo que, visto lo visto, estoy generando en mí mismo un nuevo tipo de "horror vacui": el pánico a los platos conservados al vacío, por razones gastronómicas y por razones de salud.

Que una cosa es la teoría, impecable, y otra la práctica. Y que, qué le vamos a hacer, a uno le siguen gustando los restaurantes en los que se cocina, pero de verdad, todos los días... aunque haya platos, generalmente gustosísimos, que ganen con un discreto reposo.

Pero una cosa es reposar uno o dos días y otra el tiempo que lleva reposando Tutankamón, por muy momificado que esté. Hoy no comemos ya momias: ni siquiera Camba podría llamar "momia pisciforme" al bacalao que se consume ahora. Pedimos a los cocineros que no momifiquen sus platos: sírvanlos en su mejor momento, y... mejor para todos.

YA VIENEN LOS MAMUTS

Científicos planean revivir a los mamuts en cinco años

Luego habrá que clonar al resto de la pandilla.

Tal como Jurassic Park, pero con elefantes gigantes y peludos en vez de dinosaurios, un grupo de científicos japoneses planea comenzar este año con un proyecto para revivir a los extintos mamuts, gracias a la clonación.

Los investigadores, liderados por el profesor Akira Iritani de la Universidad de Kyoto, intentarán obtener tejidos de los restos de un mamut conservado en un laboratorio de investigación ruso. De acuerdo al plan, el núcleo de una célula de mamut será insertado en un óvulo de elefante, del cual el núcleo será previamente extraído. De esta forma, se creará un embrión con genes de mamut, en teoría.

El embrión será luego insertado en el útero de una elefanta, con las esperanzas de que éste se implante y pueda nacer un bebé del antiguo paquidermo.

Algunos restos de mamut todavía tienen tejido utilizable para obtener células para clonación, gracias a que quedaron conservados en hielo, la mayoría de ellos en Siberia. Por desgracia (¿o por fortuna?) no quedan tejidos de dinosaurio conservados así, de modo que Jurassic Park no llegará muy pronto.

Hasta ahora, no se había intentado hacer una clonación como ésta por que al tratar de extraer las células congeladas, éstas se dañaban, haciendo que el ADN no fuera utilizable. Pero los japoneses han inventado un nuevo método para extraerlas, que permitiría que el proceso sea exitoso. De hecho, en 2008 otro japonés, Teruhiko Wakayama, logró clonar un ratón a partir de los genes de otro cuyas células habían permanecido congeladas por 16 años.

Los científicos japoneses esperan lograr el nacimiento de un mamut bebé en unos cinco a seis años.

De ser exitosa, la clonación traerá también varios desafíos, como por ejemplo cómo alimentarlo y cómo mantenerlo, y decidir si estará en exposición como en el zoológico o si será mantenido escondido al público. Por otro lado, podría entregar algunas pistas sobre qué sucedió realmente con los mamuts y por qué se extinguieron.

EL MERCADO DE LOS VINOS ARGENTINOS

Por Ángel Mendoza - Enólogo - juanmmendoza@sinectis.com.ar

El mercado de vinos del Reino Unido es uno de los más grandes y dinámicos del mundo, con casi 8.000 millones de dólares en ventas minoristas y un crecimiento en valor de más del 11% en el último año. Por sus características, las tendencias que allí se observan sirven de anticipo a las que luego se verifican en otros países. La intensa competencia presiona constantemente los precios hacia abajo y da lugar a diversas jugadas competitivas de las principales marcas mundiales.

Argentina participa de este mercado en el 1,4% del valor total de importaciones. En el último año, luego de mostrar un sistemático crecimiento por una década, ha caído en las ventas. Las exportaciones bajaron un 4,5% en valor y más de un 14% en volumen en el año 2006 lo que se diferenció de la performance de las exportaciones de los países del Nuevo Mundo. Australia, Estados Unidos y Nueva Zelanda continuaron creciendo.

Dado que esto sucedió en un mercado que mostró expansión, la razón puede encontrarse en la mayor agresividad que muestra el mercado minorista británico, especialmente las cadenas de supermercados, lo que ha hecho tomar la decisión de varios exportadores argentinos de abandonar parcial o totalmente la participación en este mercado y migrar hacia Estados Unidos y Latinoamérica.
 
Es que la gran competencia con caídas de márgenes y crecientes necesidades de inversión promocional, especialmente descuentos (dos terceras partes del vino se vende con descuentos), no permite a los más pequeños seguir el ritmo y sólo lo hacen aquellos que posicionan marcas fuertes con gastos de promoción considerable. El mercado posible para los más pequeños sigue siendo el de restaurantes y pubs donde se puede vender a precios y calidades más elevadas.

En ese sentido, Argentina vendió a precios más elevados con un crecimiento del 11% del promedio de todos los vinos exportados para llegar a 1,81 u$s por litro. Esto obedece al hecho de que nuestro país ha comenzado a incrementar sus ventas en canales de mayor precio como el de restaurantes y pubs.

Las acciones de promoción para este año, tanto institucionalmente como de las bodegas en particular en el mercado británico, se centran entonces en imponer la imagen de un vino argentino con una muy buena relación calidad-precio, algo en lo que también están embarcados otros países como Chile.

El Argentina Wine Awards en combinación con el Seminario de Vinos y Estilos exitosos en el Reino Unido que se llevó a cabo la semana pasada, se convierte entonces en un paso de trascendental importancia. Al concurso se presentaron 454 muestras de 124 bodegas de todo el país. De este total de muestras presentadas, 368 (81%) obtuvieron medalla.
 
Esto ubica a la Argentina en una posición sobresaliente para encarar con éxito su principal objetivo: alcanzar los segmentos de más alto precio donde las ganancias son mayores. En lo relativo al seminario, un total de 360 asistentes escucharon y siguieron con mucha atención las razones por las cuales un total de 15 vinos de distintas partes del mundo son considerados exitosos en el Reino Unido y tomaron nota de los cambios que deben encarar en sus bodegas.

En síntesis, Argentina tiene por delante una etapa compleja de inserción internacional donde la combinación de promoción y aprendizaje parecen las claves y la semana pasada ambos elementos estuvieron presentes con jerarquía internacional.

EL WHISKY DE SHACKLETON

AFP, El whisky abandonado en la Antártida por el explorador Shackleton será analizado

Tres botellas de whisky abandonadas en la Antártida y que pertenecieron al explorador Ernest Shackleton, que partió a la conquista del Polo Sur a comienzos del siglo pasado, serán enviadas a una destilaría de Escocia para ser analizadas y detectar todos los aromas de este licor.

Un enorme iceberg abriéndose en la costa Knox, en el territorio antártico australiano, el 11 de enero de 2008. Cinco cajas de whisky y de coñac que pertenecieron al explorador anglo-irlandés Ernest Shackleton fueron encontradas en el hielo de la Antártida después de haber permanecido allí más de un siglo. Parte de ese whisky será analizado en Escocia.

Un enorme iceberg abriéndose en la costa Knox, en el territorio antártico australiano, el 11 de enero de 2008. Cinco cajas de whisky y de coñac que pertenecieron al explorador anglo-irlandés Ernest Shackleton fueron encontradas en el hielo de la Antártida después de haber permanecido allí más de un siglo. Parte de ese whisky será analizado en Escocia.

Tres botellas de whisky abandonadas en la Antártida y que pertenecieron al explorador Ernest Shackleton, que partió a la conquista del Polo Sur a comienzos del siglo pasado, serán enviadas a una destilaría de Escocia para ser analizadas y detectar todos los aromas de este licor.

Estas tres botellas forman parte de una caja de doce que fue encontrada a comienzos de 2010 en la cabaña donde se protegió Shackleton y conservada hasta ahora en el museo de Canterbury, en Christchurch, en Nueva Zelanda.

Este whisky, de la marca Mackinlay, será analizado por la destilería Whyte and Mackay, en Escocia, propietaria de la marca, para tratar de encontrar la receta de fabricación original, indicó este viernes la agencia NZPA.

La caja de madera que contiene las botellas, marcada con el nombre de la expedición antártica británica de 1907, estuvo bajo el hielo durante más de un siglo, a una temperatura de -30 grados centígrados. Sin embargo, el whisky estaba líquido cuando se abrió la caja.

Es probable que el licor fuera destilado en 1896 o 1897. Shackleton quiso llevar un whisky de diez años, lo que lo convierte en uno de los más antiguos del mundo.

También fueron encontradas a comienzos de 2010 otras dos cajas de whisky y dos de coñac, pero fueron dejadas en el lugar.

Cuando abrieron las cajas, los responsables del museo descubrieron que faltaba una botella, haciéndoles suponer que uno de los miembros de la expedición la había tomado en secreto.

Explorador anglo-irlandés, Ernest Shackleton partió a la conquista del Polo Sur entre 1907 y 1915.

En este último año, su navío, 'Endurance' quedó atrapado por el hielo y finalmente aplastado por este. Los náufragos partieron en chalupas hasta la isla Elefante -la más boreal de las Sheetland del sur y, desde allí, Shackleton zarpó en una de las embarcaciones con algunos tripulantes para buscar ayuda.

Después de un largo y peligroso recorrido, consiguió llegar al puerto chileno de Punta Arenas, desde donde la marina chilena envió un escampavía para socorrer a los ingleses. El navío chileno llegó hasta la isla Elefante el 30 de agosto de 1915 y tres días más tarde, volvió a Punta Arenas con todos los náufragos sanos y salvos.

EL SÁNDWICH

 

El sándwich, también conocido en español como emparedado, es una comida, a modo de tentempié, aperitivo o la comida que se suele hacer a diario típica de la gastronomía inglesa. Suele consistir en un trozo de pan de molde ]abierto en dos mitades o dos rebanadas de cualquier tipo de pan, entre las cuales se coloca una o más capas de alimentos tales como carne, queso, verduras u otros, a veces con condimentos, salsas u otros acompañantes, al sándwich de pan francés, lo denominan french bread sandwich o french baguette sandwich.

En España, se diferencia un sándwich de un bocadillo en que el primero está hecho con pan de molde (pan blando) y el segundo con pan de barra o un panecillo entero. En México se hace la misma diferencia, se le denomina "torta" cuando es en un pan entero. En el resto del mundo hispanohablante no se hace la diferencia.

La primera referencia del vocablo sándwich como un alimento frío inglés, aparece documentada en el diario de un erudito historiador inglés llamado Edward Gibbons en 1762, en donde cuenta que se asombró al observar a dos nobles acaudalados del lugar en una cafetería, que comían carne fría o sándwiches y que finalizaron su charla tomando ponche y hablando confusamente de política.

Elizabeth David, comenta en su libro Pan Inglés y levadura de Cocina (English Bread and Yeast Cookery) que mientras los franceses e italianos permanecieron fieles a consumirlos con pan de tipo payés, de pueblo o rústico, los ingleses adaptaron rápidamente el uso de moldes de lata con el que hacían panes moldeados que aseguraban cortar finas rebanadas de pan blanco.