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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

14 PERÚ COCINAS

LAS FIESTAS Y BANQUETES DE LOS INCAS

Por: Magnolia Triveño - Instituto de los Andes

FESTIVIDADES FAMILIARES - Todo suceso importante para los indios era buen motivo para pasar días y noches bailando al son de roncos tambores, entonando cantos tristes para los oídos de los españoles, alegres para los suyos, y bebiendo hasta caer pos los suelos. Podía tratarse de acontecimientos felices, como los nacimientos y las bodas, o tristes, como velorios y entierros de hijos, padres y deudos. La gente se bestia para la ocasión, no con distintos modelos de vestidos sino con los mismos usaban cotidianamente, pero de material mas fino y diversos colores.

El pueblo atribuía a Manco Cápac, el primer inca, el haber establecido la mayoría de las fiestas familiares mas importantes: el "ayuscay" (ayusqay), realizado con ocasión del parto; el "rutuchico" (rutuchikuy), el primer corte de pelo; el "guarachico" (warachikuy), el pasaje de niño a joven; y el "quicochico"(k'ikuchicuy), ceremonia cuando le venia la primera flor a mujer.

NACIMIENTOS - Cuando las mujeres estaban a punto de parir, los maridos solían ayunar (algunas veces ellas tambien lo hacían) y rezaban a las huacas para que el parto fuera fácil. Las mujeres parían comúnmente sin ayuda de partera y apenas lo hacían se dirigían al arroyo mas cercano para lavarse y asear a la criatura, aunque fuera en zonas frías. Tenían por señal de mal agüero que del parto nacieran dos niños o que la criatura naciera con algún defecto que en una mano tuviera seis dedos o algo semejante. Los padres se entristecían, ayunaban y hacían ciertos ritos.

Cuatro días después del nacimiento, los padres ponían a la criatura en su cuna, llamada "qquirau" (k'iraw) y llamaban a los parientes para que la vieran. Ese día bebían sin hacer otra ceremonia.

Algunas naciones acostumbraban deformar cabezas de los niños recién nacidos. Por ejemplo, los collas, que procuraban darle forma larga y puntiaguda; cuanto mas deformes quedaban las cabezas, "lo juzgaban por mas gala y gentileza"

EL PRIMER CORTE DE PELO - Cieza de Leòn señala que durante el tiempo en que anduvo por el Perú noto que en la mayor parte de las provincias se tenia por costumbre poner el primer nombre a los niños cuando tenian 15 o 20 días de nacidos.

Este era un acontecimiento especial. Ese día se juntaba la mayor parte de los parientes y amigos del padre para bailar y beber. Luego, uno de ellos - el más anciano y estimado- le cortaba el pelo y las uñas al niño o a la niña.

Los nombres hacían referencia a pueblos, aves, hierbas o pescados; algunos ponían a los niños nombres de sus padres o abuelos, en tanto que los señores y principales buscaban nombres a su gusto.

Gracilazo tambien nos habla del corte de pelo y dice que se realizaba cuando el niño era destetado, es decir, a los dos años, y el primer mechón se lo cortaba el padrino con un cuchillo de pedernal, pues los indios tenían tijeras.

Los demás parientes, de acuerdo con su edad o rango, se acercaban uno tras otro al niño para cortarle un mechón y le presentaban los obsequios que llevaban consigo: ropa, ganado, armas de diversos tipos, vajilla.

Al final de esta ceremonia venia la fiesta, que duraba dos, tres, cuatro días o más de acuerdo con el numero de parientes que estaban reunidos.

Para el hijo del inca esta ceremonia se llevaba a cabo con mucha solemnidad. El padrino era el sumo sacerdote del Sol. Acudían a esta fiesta curacas de todo el tahuantinsuyo o sus embajadores

La fiesta duraba por lo menos 20 días. El niño recibía importantes presentes de oro y plata y de lo mejor que había en cada provincia. Una ceremonia similar se hacia para los hijos de los curacas.

EL "GUARACHICO": El pasaje de niño a joven - Cuando los varones tenían entre 12 y 15 años, se reunían todos los parientes para realizar el "guarachico" (warachikuy) con muchos ritos, bailes y borracheras. En esta ceremonia el joven recibía las "guaras" o "pañetes" que las madres habían hilado y tejido con ciertas ceremonias y supersticiones. Se les obsequiaba tambien sandalias, sombreros, adornos para la cabeza y armas; se les agujereaban las orejas y recibían el nombre que llevarían hasta el día de su muerte.

A veces era el nombre del padre o el del abuelo, pero los señores y principales buscaban a su gusto nombres honrosos y significativos. Los más comunes eran de pueblos, plantas, aves, pescados y otros animales, como "puma", "cantùr" (kuntur ‘cóndor'), "asio" (asiru ‘culebra') y "guaman" (waman ‘halcón')

Cristóbal de Molina señala que en el Cusco esta fiesta se llevaba a cabo en tres meses distintos en omacraymi (octubre) la hacían los indios se Omo, antiguo nombre del actual pueblo de San Jerónimo, en las afueras de la Ciudad Imperial. En el mes de ayamarca raymi (noviembre) se llevaba a cabo la fiesta de los indios del pueblo de ayamarca. Finalmente, el primer mes del año, "capac raymi" (qhapaq raymi) que correspondía a diciembre, se hacia el "guarachico" de los jóvenes que pertenecían a la nobleza inca, ya fueran de las parcialidades de "Hanan Cusco", ya de "Hurìn Cusco". Por ello, se la consideraba una de las tres fiestas más importantes del calendario inca.

La ceremonia era compleja. Los mozos tenían que ayunar - es decir, no comer ni ají, ni sal, - durante todo el mes y realizar una serie de pruebas para que se conociera quienes eran los mas fuertes y valerosos. Tanto ellos comos los sacerdotes realizaban sacrificios de llamas y ofrendas de maíz, ají, coca y ropa a los cerros y adoratorios principales a fin de resultar vencedores en toda guerra y de tener éxito en todo lo que emprendieran.

Ningún extranjero podía permanecer en la ciudad del Cusco durante las pruebas a las que eran sometidos los jóvenes nobles durante el "guarachico". Recién al final, cuando empezaban las celebraciones, se les permitía ingresar. Entonces comían el "yahuar zanccu" (yawar sankhu), unos bollos de maíz asperjados con la sangre de llamas recién sacrificadas.

PRIMERA MESNTRUACION DE LA MUJER - "Quicun huarmi" (k'ikun warmi) era el tiempo en que le venia a la mujer su primera menstruación. Durante los dos primeros días la jovencita permanecía en su casa ayunando, sin comer cosa alguna, y al tercer día recibía un poco de maíz crudo para no morir de hambre. Al cuarto día su madre la lavaba, trenzaba su cabello y la vestía con ropas antiguas de mujer muy apreciadas, sandalias de lana blanca y le colocaba una gorra en la cabeza.

Ese día llegaban a su casa los parientes y ella salía a servirles la comida y darles de beber. Esta fiesta duraba dos días y se llamaba "quicuchicuy" (k'ikuchikuy). El pariente más importante le daba el nombre que desde ese momento iba a tener, la "reprendía" y le aconsejaba acerca de la manera como había de vivir y sobre la importancia de que obedeciera a sus padres. Luego le entregaba un regalo de acuerdo a sus posibilidades. Los demás parientes y amigos tambien le daban regalos con cierta ceremonia.

EL MATRIMONIO - La ceremonia de matrimonio se realizaba mediante el acto de calzar una sandalia en el pie de la mujer. Si la novia era doncella, el calzado era de lana y si no lo era, de soguilla. Este calzado se parecía a una alpargata o sandalia de fraile franciscano y se le denominaba "usuta" (ushut'a) en quechua

Los matrimonios de los jóvenes del pueblo se realizaban una vez al año. Para ellos, los curacas llamados "hunus" reunian en la plaza del pueblo a los jóvenes y a cada varón le daban su mujer. Tanto ellas como ellos escogían con quien querían casarse. El inca solía desposar a los curacas y capitanes distinguidos; cuando ello sucedía, el mozo iba a servir a la casa de los suegros durante cuatro o cinco días y llevaba como presentes paja y leña.

Según Gracilazo de la Vega, la edad de las novias debía ser de 18 a 20 años y los varones debían tener de 24 o más. No se les permitía casarse antes porque se decía que era menester que contaran con edad y juicio para gobernar la casa y las tierras. Cuando el marido fallecía, la mujer guardaba luto por un año, lapso durante el cual no podía contraer nuevo matrimonio.

Murùa cuenta que en los matrimonios de los indios había grandes comidas. En el vocabulario de González Holguín encontramos la expresión "micuchicuy upiachicuy" (mikhuchikuy upyachikuy), con los significados ‘fiesta de boda' y ‘comer y beber'

Gracilazo señala que las viviendas del nos novios de la nobleza incaica eran construidas por unos indios designados para tal fin, conforme a cierta distribución que se había hecho de estas tareas. No indica a qué etnia correspondía esta labor en la ciudad del Cusco. El servicio de la casa estaba a cargo de los parientes; cada uno debía acudir con una pieza de regalo. El mismo autor señala que en los matrimonios de la gente común la parentela proveía a la pareja del ajuar y que la administración de cada pueblo estaba obligada a construirles la casa, que tenía que ubicarse en la zona donde habitaban sus parientes.

No era lícito que los de un pueblo o provincia se casaran con los de otra zona, de tal manera que no se confundieran los linajes y las "naciones"

LA MUERTE EN LOS ANDES - Los incas creían en la inmortalidad de las almas. Molina dice que las personas buenas iban a descansar con el "Hacedor", quien les tenía dispuestas esplendidas comidas y bebidas, además de las que recibían de los vivos. Así tambien - siempre según Molina - tenían entendido que había un infierno para los malos, donde eran atormentados por los demonios o supay. En este lugar padecían hambre y sed; lo que comían y bebían era carbón, sapos y culebras.

Una costumbre generalizada era enterrar a los difuntos con sus mejores vestidos, adornos y joyas, los instrumentos de los oficios que habían desempeñado, comidas y bebidas. Durante el entierro, los parientes y amigos solían acompañar al muerto hasta su sepultura con cantos lúgubres, bailes y borracheras, que duraban tanto más tiempo cuanto mayor era la categoría del difunto. En estos cantares rememoraban y repetían hazañas importantes de su vida; enumeraban los lugares donde había vivido, sus buenas obras y todo lo que podía ser motivo de compasión y llanto.

Antes de la llegada de los españoles, se acostumbraba abrir las sepulturas y renovar la ropa, bebida y comida de los muertos porque se creía que las almas tenían vida después de esta vida - los buenos pasaban gloria y los malos penas - y sentían frió, hambre y sed.

Fuente: LA COCINA DE LOS INCAS - ROSARIO OLVIAS WESTON

LA CERVEZA EN EL ANTIGUO PERÚ

Ceremonias con Cerveza en el Antiguo Peru     Por: Milagros Castro  

Poco a poco los arqueólogos han empezando a desvelar las costumbres de los habitantes de hace cientos de años de Cerro Baúl en Perú. Entre ellas se encuentra la elaboración de cerveza de maíz por parte de mujeres de clase alta.

Cerro Baúl es un altiplano que se eleva a 600 metros sobre el nivel del valle, midiendo su cumbre un área de unas 25 hectáreas. Restos arqueológicos fueron descubiertos en los setenta, y aunque se sabía que el lugar debía de tener propósitos ceremoniales, su función final permanecía poco clara hasta ahora.
Michael Moseley de University of Florida en Gainesville ha estudiado el imperio wari que controló el sur de Perú hasta el año mil de nuestra era y se vio atraído por Cerro Baúl.

Este arqueólogo y su equipo han excavado este cerro enclavado en el valle del río Moquegua y creen saber ya que pasó allí. Al parecer los habitantes eran cerveceros y principalmente mujeres. La cerveza se elaborada con maíz y se utilizaría en ceremonias rituales. Los resultados han sido publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Agricultores y ganaderos habitaban el valle y sólo la clase dirigente habitaría la cumbre del monte. Este monte es un sitio impracticable donde vivir y todos los recursos necesarios para su mantenimiento provendrían del valle.

Estos investigadores han encontrado una seríe de habitaciones donde hay depósitos de ceniza y fragmentos de cerámica pertenecientes a cubas o tinajas y también a vasos ceremoniales. Esto sugiere que el sitio sería una cervecería ritual. Cada tinaja contenía 150 litros, y el sistema encontrado tenía la capacidad de producir 1600 litros de cerveza cada vez.
En la misma región todavía se consume una cerveza artesana denominada chicha fabricada con jugo de bayas fermentadas.

Un grupo de investigadores ha intentado reproducir la cerveza que se elaboraba allí hace más de mil años y al parecer resulta ser demasiado picante para el gusto actual. Además del maíz la bebida estaría especiada con bayas picantes procedentes de un árbol.

También han encontrado una docena de alfileres de cabeza plana ornamental que servirían para sujetar el vestido o chal de las mujeres wari de la aristocracia encargadas de la ceremonia y denominadas "vírgenes del sol".
La hipótesis de trabajo refuerza la idea de que los habitantes del cerro eran personas pertenecientes a la clase alta y que organizaban y mantenían las ceremonias de cerveza del lugar.

Quizás las mujeres se desprendían de estos alfileres como una parte de la ceremonia una vez que conseguían obtener la cerveza. Al encontrase entre la ceniza es de suponer que después de la ceremonia no se recuperaban. Ellas re retirarían la vestimenta al lado de las cubas hirvientes y el alfiler se perdería en el proceso.

Se han encontrado además dos tipos de vasos ceremonial bellamente ornamentados denominados keros de una capacidad de unos dos litro y de medio litro que contendrían la cerveza. Una vez terminada la ceremonia o terminada la bebida los vasos eran arrojados al fuego.

En uno de estos rituales el fuego llegó a consumir la estructura de madera del edificio, produciendo la posterior caída del mismo y preservando esta historia hasta nuestros días, pues en estos mil años los restos han permanecido prácticamente inalterados.

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COMENTARIOS SOBRE GASTRONOMIA PERUANA

Lima capital gastronómica de Sudamérica......
 

De paseo por la capital gastronómica de Sudamérica Lima, viaje a la gloria culinaria 
César Fredes
Nación de Chile, Domingo
 
La ciudad de los virreyes es una de las capitales gastronómicas de Latinoamérica, porque casi todo lo hacen rico, original, verdadero, propio y variado. Desde el famoso caldito chilcano, que regalan si comes un cebiche de mil pesos en el Mercado de la Magdalena, hasta el fastuoso festín en base a 12 variedades de papa de Gastón Acurio, el líder de una nueva proyección.   Perú tiene, según una encuesta de la revista "The Economist", una de las 12 gastronomías más importantes del mundo. Y ya sabemos desde hace rato que de las cocinas americanas, la peruana y la mexicana están a la vanguardia con mucha ventaja. Esto lo comprobamos en un nuevo viaje a Lima, una ciudad donde, a medida que se penetra en el conocimiento de lo que se produce y delo que se come, más se admira la culinaria del que fue imperio incaico.
 
Al disfrutar cada distinto cebiche, cada guiso, cada refinamiento -como el cuy confitado- o cada "sánguche" que descubrimos en bares o juguerías limpísimos, pulcros y centenarios, nos reiteramos, a veces no sin envidia,  la vieja pregunta: ¿qué tienen los peruanos que cocinan tan rico?
 
Cada vez más, un par de convicciones se van afincando: 

  • Primero, fueron un imperio, donde mucha riqueza concentrada, como en todo imperio, fue utilizada -en pagos y aprovisionamiento- para la creación, mantenimiento y desarrollo de una culinaria dedicada a los monarcas y castas dominantes. Hubo en el Perú cocineros con espacio, tiempo y recursos empleados en hacer las cosas bien, con tiempo y mimo, hasta crear una cocina de excepción. Ocio creativo. Tiempo para el arte de la cocina pagado por los monarcas para su deleite, cuyos vestigios perduran. 
  • Y lo segundo -quizá a lo largo del tiempo fue lo más importante- radica en la vieja y sabia afirmación que dice que "más discurre un hambriento que cien letrados". Perú ha sido por siglos y sigue siendo, a despecho de esplendores parciales, un país con pobreza y hambre, donde cocineras y cocineros han sabido crear verdaderas delicias con unas pocas papas y un puñado de hierbas. 

Hay otro elemento que no puede desdeñarse, y son las influencias de otras razas y culturas, que han dado al Perú la riqueza culinaria que tiene y que nos deja pálidos a los chilenos. Primero, españoles y negros africanos; luego, chinos e italianos, y después, japoneses, constituyeron el crisol que es una cocina en la que casi no se habla de "fusión" -en el sentido de arbitraria mezcolanza tan en uso en Chile-, pero que tiene formas, técnicas y sabores de variantes casi infinitas, si bien todas buenas.
 
El cebiche más limpio 
  En Lima, Javier Wong -aspecto, lenguaje y sabiduría de monje zen- ejerce un liderazgo sólido con sólo dos productos del mar: lenguado y pulpo. En su pequeño restaurante, en el que sólo hay dos ayudantes, y en sólo tres minutos desde el ingreso del comensal, extrae del conservador de frío un lenguado de ocho kilos que ha llegado hace una hora, toma con delicadeza un gigantesco cuchillón, rebana cebolla morada en juliana, exprime un par de limones, pica en la tabla mientras sonríe suavemente y sirve un cebiche mixto al que le ha agregado cortes de pulpo con su piel y que sabe a gloria.

¿Quieres comer el lenguado más fresco, el pulpo más tierno? Ve a Javier Wong (Chez Wong, en La Victoria). Si se lo pides, te hará en su wok, en otro par de minutos, un salteado con los mismos elementos, más algo de pimentón, que sabe a gloria.
 
Wong no hace casi nada más que lo dicho, pero todo el mundo lo respeta. Pulcritud extrema y productos fresquísimos y de primera calidad son su clave. Aparte que es una especie de filósofo, un poeta. Un lugar
insoslayable de Lima.
 
Gastón Acurio, el líder 
La misma clave de productos insuperables -por los que no pregunta precios a sus proveedores, pero a quienes les exige lo mejor y lo más fresco- es también la base de Gastón Acurio, quien es el gran chef de Perú, aunque él se dice sólo un cocinero, y ejerce su joven magistratura en el Astrid y Gastón de la calle Cantuarias, en Miraflores.
 
Gastón lo combina todo: productos de primera calidad, del foie gras al lenguado, de la anchoveta al cuy, con una técnica de alta escuela que aprendió en París. Pero lo que más se nota, por sus dichos, por sus
recuerdos, por sus historias y porque todo ello ha quedado en sus menús, son los aromas y sabores de su infancia, de su casa, de los mercados y comederos populares de los que conserva gran parte de su sazón peruana, colmada de hierbas y de ajíes. También ha formado una escuela de cocineros natos, casi iletrados pero geniales, que lo secundan en su ya media docena de locales en Lima y Latinoamérica. Victoriano López, un nativo de los Andes más elevados, llegó un día a Astrid y Gastón, y luego de pedir hablar con el jefe le dijo, apenas en castellano, "necesito trabajo".
 
Victoriano, un verdadero ídolo incaico, bajo pero ancho de espaldas y musculatura, que ilumina la sala con su sonrisa de ojos y boca entera, luego de lavar copas y sacar basura es hoy, tras ocho años de aprendizaje, "el jefe de jefes" -como su patrón lo describe- de todos sus cocineros en Perú, Chile, Ecuador, Colombia y Venezuela.
 
Fue Victoriano, porque Gastón compartía mesa con nosotros, el que preparó un menú de 12 platos elaborados en base a muy diferentes tipos de papa, otra protagonista de la culinaria peruana. Sobre una gran fuente las había negras, rojas, rosadas, amarillas, casi azules. Y también pequeñitas,   grandes, redondas, ovales, ahuesadas.
 
¿Por qué ellos y nosotros no?
 
Después, el festín glorioso de creatividad, sabor y refinamiento. Desde un pan esponjoso y adictivo, de papa molida y mantequilla, hasta un helado de manjar de papa amarilla y trufa de chocolate caliente. Hubo también chips de papas hayro con sishimi de ají limo y huacatay, papas silvestres asadas a la sal con salsa ocopa, papas huamantanga salteadas con mantequilla y perejil, ocas en hoja de plátano con dos versiones de salsa huancaína, papa amarilla en concentrado de cangrejos reventados (¡una gloria!), olluquito casero con aromas de jamón ibérico, cau cau de conchas y hierbabuena, sancochado de chuño con lomito de cordero envuelto en repollo y paico, y un rack de chuletones de ternera horneado sobre papas, con una salsa bearnesa al huacatay.
 
No se dice, y el que lo entiende lo entiende. Pero la más clásica salsa francesa para acompañar carnes prescinde aquí del refinado estragón para ceder protagonismo al peruanísimo huacatay, ¡y queda mejor!
 
La gloria total es la carapulcra, una especie de puré de papa seca amarilla, con cuy confitado crocante, casi laqueado.
 
En casa de Gastón Acurio reina la disponibilidad de medios, el éxito y la cultura del jefe, formado en París. Pero todos sus platos son apenas evoluciones de preparaciones profundamente peruanas, ancestrales y de uso cotidiano: el ají limo, el huacatay, el perejil, la hierbabuena, el paico, toda la variedad de papas y el modesto cuy, roedorcito que crían en sus cocinas para consumo doméstico casi todas las familias pobres del Perú.
 
Algo hay en la sensualidad del pueblo peruano que nos supera de lejos, tanto en las clases pobres como en las adineradas, y que les hace no conformarse con la a veces torpe papa cocida (o frita), de la que casi no pasamos en Chile, y buscarle la vuelta de tuerca al sabor, para mejorarlo.
 
En Chile somos adictos al ají, pero sólo al ají rojo en salsa con el que torpemente, con una cucharada, anulamos el sabor a cualquier bocado que ingiramos.
 
En el Perú, el manejo sutil de las infinitas variedades y dosificaciones del jí hace inmensa parte de su gracia en la cocina, salvo en la brutal austicidad del rocoto, que a menudo se usa en los cebiches. Quizá la clave
está en que a ellos les interesa su cocina y a nosotros no. De mariscador a cultivador de papa. De estudiante a magistrado. De poeta a ministro.
 
Otra gloria es su literatura gastronómica, de entre la cual, el libro "Perú, mucho gusto" nos regala, aparte de las fotos, 300 páginas de deleite y saber que proyecta a Perú hacia el mundo. Lo firma el ministro de Comercio Exterior y Turismo, Alfredo Ferrero, y es una obra con la que en Chile, por hora, sólo podemos soñar.

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