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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

200 AÑOS DE PESCAITO FRITO

El escritor Manuel Ruiz presenta en el Baluarte de la Candelaria su libro ’Cocina y Gastronomía en el Cádiz de las Cortes’
SANDRA SALAZAR - CÁDIZ
Es difícil imaginar a Napoleón y su ejército francés intentando invadir la provincia y comiendo pescaíto frito. Sin embargo, el escritor Manuel Ruiz Torres, ha dado a conocer la historia gaditana de hace dos siglos a través de la alimentación del Cádiz de las Cortes. El gazpacho, el puchero, la berza, el atún de Barbate en aceite de oliva, o el tradicional pescaíto frito ya se comían en 1812.
De hecho en la capital gaditana existían 84 freidores. «Con el paso de los años Cádiz ha perdido población y también freidores», explicaba con un toque de humor el periodista José Monforte en la presentación del libro Cocina y Gastronomía en el Cádiz de las Cortes. No dudó este en destacar la labor de investigación y documentación junto con «el espíritu de científico» que han enmendado este recetario histórico. «Como un buen bistec con una buena fritá de papas, es este libro acompañado de datos desconocidos de la época», manifestó.
Escritor de novela, relato y ensayo; poeta y articulista, Manuel Ruiz, se lanza en su décima publicación a convertirse en gastrónomo. El autor de este sabroso libro recordó en la presentación de su obra, en plena Feria del Libro, que fue Antonio Rodríguez Cabaña, quien aprobó su proyecto «cuando en muchas otras oficinas lo rechazaron por no querer apostar al número 12». La tortilla francesa y la española no pasaron desapercibidas, como tampoco lo hicieron los franceses que un 25 de agosto dos siglos atrás dejaron en la capital amarilla sus cañones y muchos platos que comemos hoy día pero con otros nombres. Y con nuevos ingredientes que se iban añadiendo para cubrir las carencias de unos años de pobreza, al ser un pueblo, explicó Ruiz, que «fue capaz de resistir no tanto al francés sino las miserias de una vida».
El mismo autor del libro lo describió como «tremendamente narrativo y creativo». «Además de un libro de historia me ha salido una especia de novela coral con personajes literarios», asegurando que «la historia, como la poesía o la filosofía, es un género de ficción salvo que intenta narrar la realidad». También la diputada de Cultura, Ana Mosquera acudió a esta presentación en la que recordó que «entonces para muchos comer era un lujo, y algunos comenzaban a hablar de lo que comían, así en la cocina también se vivió una revolución, que como la democracia tuvo que esperar para terminar de implantarse».

EL JENGIBRE

Por: Raul Garcia - raulgaji@telefonica.net

El jengibre: un condimento asiático - El jengibre (Zingiber officinale Roscoe) es una planta perteneciente a la familia de las zingiberáceas, plantas aromáticas perennes que contienen gran cantidad de aceites esenciales.

Originario de Asia, nos encontramos ante un tubérculo aromático de clima tropical. La parte fundamental de la planta son los rizomas, popularmente conocido como “raíz”, de gran utilidad en la gastronomía mundial. Su nombre original:  sringavera, deriva del sánscrito y significa “en forma de cuerno”.

Los rizomas suelen ser de color marrón claro por fuera y amarillo por dentro.

El jengibre es una planta que requiere unas condiciones de clima idóneas, preferentemente climas tropicales húmedos. En cuanto al suelo, este tubérculo se adapta muy bien a todo tipo de terreno, preferentemente arenoso y rico en materia orgánica.

Su plantación se suele hacer mediante brotes de rizomas que contengan yemas (como mínimo una), a una profundidad de entre 5 y 7 cm.

Pasados 9 meses, las plantas estarán aptas para la primera cosecha.

De las variedades del jengibre, distinguimos: Variedad blanca, Variedad amarilla, Variedad Asiática y Variedad Hawaiana.

EL JENGIBRE EN NUESTRA GASTRONOMÍA.

El jengibre es una de las plantas mas apreciadas en la gastronomía mundial, especialmente en la asiática. El jengibre fresco se suele apreciar su intenso sabor especialmente en la elaboración de platos calientes como: sopas, carnes de todo tipo, pescados, mariscos, arroz, mermeladas, confituras e incluso golosinas. Aportando un intenso sabor.

 

Sin embargo, el seco, lo solemos utilizar “en polvo” para realzar el sabor de algunos postres, bizcochos, pan... pero teniendo especial cuidado en no abusar en su contenido, ya que si nos pasamos su sabor puede llegar a resultar un poco picante.

 

Ambos combinan especialmente con las comidas asiáticas, tailandesas y todas las comidas agri dulces en general.

 

En el mercado lo podemos encontrar de muchas maneras: fresco, seco, en polvo, confitado,en conserva, en vinagre incluso en bebidas (sin alcohol).

 

También lo podemos encontrar en infusiones, en cápsulas y en aceites esenciales.

 

HISTORIA... Como bien señalaba al principio, el jengibre es una planta originaria de las zonas tropicales de Asia. Su nombre ha pasado ya por diferentes civilizaciones: sánscrita, griega, romana... hasta llegar a la nuestra, con el nombre de jengibre.

 

Hace miles de años, el jengibre era una planta muy apreciada con fines curativos, especialmente en países como la India y China, donde ocupa un papel muy importante. Allí lo solían tomar como refresco y como principal ingrediente en sus platos.

 

Las embajadas de un Rey Persa, fueron las encargadas de traer esta especia tan apreciada por los hindúes, hace ya más de 3000 años.

 

Los primeros escritos que conocemos acerca del jengibre, datan del s.550 a.c., conducido por todo el mediterráneo en manos de los fenicios, hasta llegar a la antigua Grecia y Roma. Plinio, hace mención en uno de sus relatos en que el jengibre pasaba en aquella época por aduana y pagaban de cinco a siete denarios la libra, (unos 30 euros los 300 gramos).

SOPA DE POLLO Y JENGIBRE ASIATICA

Ingredientes: 1 cebolla ·        3 dientes de ajo ·        c/s de jengibre ·        Lemon gras ·        caldo de verduras ·        1 col china ·        curry ·        curcuma ·        sal ·        Fideos finos de arroz ·        1 pechuga de pollo ·        leche de coco ·        cilantro

 

Elaboración: Sofreímos la cebolla y el ajo hasta que tome color. Añadimos el jengibre en trocitos, la pechuga de pollo cortada en laminas, el lemon grass y la col china. Añadimos el curry y la curcuma y rehogamos durante 1 minuto mas. Acto seguido añadimos el caldo y la leche de coco. Cuando empiece a hervir, añadimos los fideos de arroz. Pasados unos minutos, rectificamos de sal y emplatamos. Podemos decorar con unas hojitas de lima  o cilantro picado.

 

¡¡Buen provecho, amigos!!...

ANGELINA Y EL PADRE ANTONIO

Como pasa el tiempo, ¡volando! ¡vertiginoso! ¡Raudo! ........   Recuerdo claramente ese sábado a las 9 de la mañana, cuando comenzó esta historia, me encontraba parado en la entrada del colegio Santa Rosa, con un impecable uniforme de pantalón de paño gris, saco azul marino, camisa blanca y corbata roja, peinado engominado a la moda, esperando que me recojan. Mi abuela Mercedes me había avisado por teléfono que enviaría al chofer, teníamos que ir a recibir en el aeropuerto de Lima a mis padres que regresaban de un largo viaje por Europa.

Apareció bordeando el Parque Central, el impecable Packard verde militar, enorme, brillante, parecía un buque mas que un automóvil. Un acartonado Alfredo ensayo un breve saludo y recogió mi pequeña maleta.

El viaje de 40 minutos desde Chosica fue veloz y silencioso, me preguntaba si mis padres habrían comprado el tren Marklíng mencionado como posible presente, no alentaba muchas ilusiones, por que comprendía lo fastidioso de ir trotando por el viejo continente con una enorme caja bajo el brazo.

También tuve la oportunidad de meditar sobre un hecho que me estaba fastidiando: estudiar interno era como estar prisionero, claro en una cárcel cinco estrellas, pero igual preso. Hice un recuento de los muchos momentos agradables en el colegio, especialmente los eventos deportivos, el coro con las alumnas del Beata Imelda, los paseos por los cerros cercanos y las tareas de experimentación en el laboratorio con el excéntrico profesor Huasoti.

El rigor religioso de los sacerdotes españoles era notable, teníamos programada una misa diaria a las 7 de la mañana con comunión obligatoria, el rosario a las 6 de la tarde, adicionalmente la confesión y bendición los viernes, matizábamos el día con algunos rezos cortos durante   las comidas y en las noches en las puertas de nuestras camarillas individuales.

Ninguno de mis amigos del barrio de Jesus María estudiaba interno, creo que había llegado el momento de ser enérgico y reclamar, insistir, argumentar... que los últimos tres años de la secundaria los debería estudiar en Lima. Tendría que diseñar una estrategia en los próximos meses para lograr la anuencia de mis queridos parientes.

Tenia otro asunto por resolver, mis padres y sobre todo mis piadosos abuelos estaban encantados con la posibilidad de que el “joven maravilla” sea sacerdote. Alentaba esa absurda idea el director Santillán, que decía que yo tenia mucha vocación, es decir pasta religiosa...   “por lo bueno y acomedido que era” ... mi madre y abuela recibían esos comentarios como piropos, mis hermanas con escepticismo, solo la joven y hermosa tía Inés ponía en duda mi vocación, se había dado cuenta que cada vez que me engreía con un apretado abrazo yo le respondía muy entusiasmado y lo disfrutaba mas de lo que decía el reglamento.

Tendría que eliminar esa nueva opción sobre mi futuro profesional, ya que en vez de curar cuerpos como estaba establecido, creían ahora que mejor sería remendar almas. Al parecer nadie me tomaba en cuenta cuando mencionaba mi vocación por la arqueología, claro, al mejor estilo de Indiana Jones, hay que recordar que en esos tiempos en mi conservadora familia importaba poco la opinión de un chico de trece años.

Cuando estuvimos frente a nuestra cochera, me sorprendió ver un camión de mudanza en la casa estilo Tudor de la esquina,   había estado desocupada desde que tenia memoria y solo de vez en cuando se aparecía un jardinero cojo para arreglar superficialmente el jardín.

< Sabes quienes son nuestros nuevos vecinos >, pregunte al paso, < se trata de una familia española, parece que el señor es un funcionario del Banco de Santander, tienen dos hijos, un muchacho como tu y una jovencita >, respondió lacónicamente Alfredo, .

El resto del día fue de emotivo trajín, viaje al aeropuerto, llantos de bienvenida de las mujeres, abrir los regalos, la cena con la familia en pleno, larga y bulliciosa sobremesa, una detallada descripción de Notre-Dame, la Gioconda, San Pedro, el Moisés, la Capilla Sixtina, el rapto de Proserpina,   la fuente de las Cibeles, las Lanzas de Velázquez, el pensador de Rodin, la Acrópolis, después cada uno se fue a dormir con un revoltijo cultural en la cabeza, una estampa de la Virgen de Atocha y un rosario papal con piadosa fragancia.

Al día siguiente, como de costumbre, se realizaría el partido de fútbol dominical entre los muchachos del barrio, la “romperíamos” en la cancha del olivar cercano, noté a un nuevo jugador, mas alto que la mayoría, desgarbado y un penacho de pelo sobre la frente. El gordo Alfonso, hizo las presentaciones: < este es Manolo, tu nuevo vecino, y dice que es un buen defensa >.

Resulto ser un bruto de campeonato, repartía patadas a discreción, le pegaba a cualquier bulto que se movía y pasaba cerca. Después del evento curso una invitación para tomar un “entremés” en su casa, tuvimos que explicarle que debería ser después de la misa de 12, la del padre Antonio, “la ceremonia” que era obligatoria,   ineludible, impostergable.

El párroco Antonio era una institución en el barrio, tenia una “pinta” a decir de las mujeres de artista de cine, durante la homilía desplegaba los brazos y en trance, lo oía claramente exclamar "las amo a todas" - estoy absolutamente seguro - que tiempo después Julio Iglesias copiaría su estilo, incluyendo los destellos de luz en sus dientes.  

El entorno del padre Antonio tenia otras peculiaridades, por ejemplo la fila que se formaba delante de su confesionario, que era un fantástico desfile de linduras, olorosas, elegantes, glamorosas, Gucci ni Balenciaga jamás tuvieron una pasarela tan distinguida.

Después de esa inmersión en santidad fashion, nos dirigimos a la casa de los Mazan, éramos tres los elegidos, Manolo nos recibió en el vestíbulo, grande y vació, al parecer todavía no habían tenido el tiempo necesario para las decoraciones de estilo. Nos instalamos en una sala contigua con muebles en tonos oscuros, que en cierta forma alentaban la leyenda urbana que decía que en aquella vieja casa penaban, es decir que se habían instalado desde hacia mucho tiempo toda una gavilla de fantasmas.

Claro, todos nosotros estábamos dispuestos a tomar el pelo al chaval con Gasparin y compañía, pero no tuvimos tiempo por que ..... de repente sucedió un terremoto, un cataclismo, un tsunami, un vendaval. ..... Se encendieron las luces de la tramoya, sonaron las trompetas, cayeron flores del techo y se inundo el ambiente de un aroma de jazmín y rosas. Nos quedamos petrificados y con la boca abierta cuando escuchamos un delicioso... < hola chicos, soy Angelina, la hermana de Manolo >.

La respuesta de silencio y admiración fue total, solo se escuchaban tres corazones latiendo a cien kilómetros por hora, haciendo un ruido ensordecedor y por una natural reacción química hormonal todos teníamos los cachetes encarnados y afiebrados.

Angelina, era una chef profesional, se había graduado en la Escuela Hotelera de Madrid, y era un hermoso felino con los ojos más brillantes de la historia, tenia puesta una falda diminuta y su escotada blusa aprisionaba a unos duraznos aterciopelados y jugosos que pugnaban por escapar de su prisión gritando aquí estamos para conquistar el mundo.

Dijo lentamente, mientas nos abanicaba con sus pestañotas y estampaba un delicioso beso en forma de corazón en nuestras sonrosadas mejillas.< Les voy a preparar algo especial para celebrar la ocasión de conocer a mis nuevos hermanitos >, ¡Cómo que hermanitos!, acaso esta chica no se había dado cuenta que éramos unos galanazos de cine, en mi caso el mismísimo Antonio Banderas peruano, protestamos en susurros mientras nos conducía a la cocina.

Ponerse un vistoso delantal a cuadritos y un coqueto pañuelo en la cabeza   fue todo un espectáculo que disfrutamos y comenzó señalando con sus manos cada uno de los ingredientes del mise en place, < les voy a preparar un plato sevillano, un delicioso arroz con almejas >.

< En esta olla de barro redondita, pongo un poco de aceite de oliva virgen, voy a hacer un sofrito con esta picara cebolla y la voy a refrescar con tomates, también picaditos.   Para aumentar el sabor andaluz, ajos gitanos, y ahora un intimo secreto, una mezcla de pimientos rojos y verdes, pasión y esperanza en bastoncitos > y comenzó a mover el contenido   de la cazuela cadenciosamente con una cuchara de palo mientras recitaba.....

< España tiene dorados mantos de mieses, sabrosa leche y todas las cosas que de ella se hacen, esta cubierta de ganados, lozana de caballos, alegre por sus buenos vinos, holgada de pan, dulce de miel y perfumada de azafrán. Esto lo dijo hace muchos años un rey de Castilla, Alfonso el Sabio, en su Primera Crónica General.... me enseño a interpretar este verso, igual que muchas otras cosas, mi querido maestro, el famoso chef Sergio......>

< Ahora el sabor y el poder del mar, incorporamos las almejas y para maquillarlas media cucharadita de pimentón dulce, luego dos vueltas, lentas, completas y listo .... a bañar estas conchitas con un suculento caldo hasta cubrirlas con doble holgura y por ultimo la ceremonia .... >, Angelina se dirigió hacia un blanco mortero y puso con devoción una pizca de azafrán, luego otra, un poco de caldo y comenzó a “majarlo”, con todo su cuerpo, con compás, con dulzura, con entrega.....

< Uno de los espectáculos más bellos que puede ofrecer España es el día del “manto”, a principios de noviembre, cuando ocurre la eclosión de la flor del azafrán y como por encanto los campos se tiñen de un hermoso azul >, ¡Por supuesto, como tus ojos mamacita! pensamos todos en voz alta.

Se acercó al fogón, fue echando poco a poco el azafrán y luego con ambas manos tomaba puñados de arroz y los dejaba escurrir, grano a grano, en cámara lenta y en una especia de fascinación visual seguíamos la trayectoria de cada arroz mientras caía y luego volvíamos, nos deteníamos hipnotizados en Angelina, la disfrutábamos un instante y a seguir la caída del próximo arroz hasta terminar.

Nunca me había complacido tanto con una comida, cada arroz sabia a gloria, la energía de las almejas se desbordaba a raudales hasta constituir un volcán en ebullición dentro de mi y en el centro brillaba la pequeña musa, nuestra princesa encantada, apretadita, crocantita, jugosita, lista para ser devorada en el próximo mordisco.

La siguiente semana, no existió, se borro, desapareció, dedique todas mis fuerzas para sacudir el reloj, para que caminara, ¡no!..   que corriera, ... necesitaba que pasaran las horas lo más rápido posible para que llegara el domingo y volverla a ver...... tenia una nueva invitación de Angelina.... ahora... solo recuerdo estar engalanándome con mi mejor camisa y sazonándome con perfume de hombre.

El sensual y furtivo abrazo a la tía Inés, esta vez fue ligero, fugaz, intrascendente, creo que ella lo notó y se extraño, pero, había que ir a misa de inmediato, pensé y también tenia la esperanza que el cura no sea clarividente y adivine mis pensamientos, me daría mil padrenuestros de penitencia, ¡no! a lo mejor serian un millón y pasaría el resto de mi vida arrodillado y dándome golpes en el pecho.

Terminada la misa corrí como el viento rumbo a la casa de los Mazan, estaba seguro de llegar antes que los demás, necesitaba intimidad para ser expresivo y afectuoso, tenia el discurso de saludo muy bien aprendido, lo había ensayado hasta el cansancio. .....

Pero, ..... ¿que había sucedido? ... con sorpresa encontré ya muy bien instalados, empotrados en sus butacas, a Pedro y Alfonso.... ¿Cómo habían llegado tan rápido? ....este par de desvergonzados, ¿en patines?, ¿en jet?, ¡se habían teletransportado!.... estaban con sus caras redondotas y en completa complacencia escuchándola canturrear en el iluminado y florido escenario, mientras Angelina ordenaba los ingredientes.... al parecer no notaron mi presencia, no les importaba, nada podía distraerlos del embrujo de esa melodía.

Guitarras, Mandolinas, Violines.......
Toda la sal,
Todo el azúcar
Toda mi vida
Deseo pasarla contigo
Toda la luz
Todo lo oscuro
Todo lo que escribo
Todo el camino
Ardo en deseos
De andarlo contigo......

¡Estaba preciosa!... Me sonreía con los ojos .... ¡solo a mí!.
Su canto llegaba .... ¡solo a mí!.
Estábamos en el mundo solos.... yo y ella .... cuando empezó la función:

¿Qué....? ¿Como un candoroso angelito, un inocente querubín, sabe historias pecaminosas, subidas de tono? ... Dios mío, los evangelios por los suelos.....

Mientras Angelina nos relataba la historia y nos preparaba los spaghettis, se producía una transformación fantástica, miles de partículas flotando en el espacio lo fueron cambiando todo, borrando el color, callando la melodía, pintando de blanco y negro el nuevo escenario.   Los muebles eran sencillos, pobres, el espacio mínimo, solo una estrecha cama, una cocinilla y una desvencijada mesa.

Angelina tenia el pelo suelto y estaba semi desnuda, solo la cubría una especie de bata transparente, en el ambiente flotaba un clamor a sexo obsceno.

Sin lugar a dudas era un relato de la vida real, sentí una expectante sensación al verme en la pantalla, formando fila con un raído uniforme y crecida la barba, esperando la señal para entrar a ocuparme, a gozar con la doble oferta cama y comida, sexo y sabor, todo por el mismo precio.

La idea había tenido un gran suceso, no solo por la belleza de la dama sino por la delicia de sus potajes, todos los soldados de la guerra estaban frente a su puerta, nadie quería nada más..

La mezcla en la sartén de la salsa con los spaghettis al dente, ponerlos delicadamente en un plato hondo, la invitación a probarlos, morderlos, saborearlos, volverlos a morder, paladearlos, hasta terminar, fue en un solo acto continuado, el postre, de pura cereza, ella misma... eran minutos de placer continuo, creciente, incomparable.

Sentía el cosquilleo de su cabellera, su aroma a pura pasión, la increíble hondura de sus ojos azules, la alegría de su sonrisa y la voluptuosidad de su cuerpo, comencé atraerla hacia mi, lentamente, hasta que nuestra respiración fue solo una, los latidos de nuestros corazones buscaban coordinar el compás para latir juntos, busqué su boca con ansias para iniciar con un largo y apasionado beso un acto de amor memorable.....  se encendieron las luces, volvieron los colores, Angelina esta frente a mí ofreciéndome ambrosía... solo pude ensayar un tímido y balbuceante... si gracias.

Las siguientes tres semanas no tuvimos ningún banquete con Angelina, la extrañamos hasta el delirio, al parecer estaba muy ocupada, preparando el buffet de un matrimonio. Hasta que un sábado en la tarde entró en la pequeña biblioteca donde estábamos jugando una interesante partida de póquer, que nos hacia sentir grandes e importantes, teníamos abiertas las ventanas para disipar el humo de nuestros toscos cigarrillos inca que acompañábamos con interminables vasos de coca cola.

Pero esta chica estaba ciega o que, estábamos dispuestos a cargar el mundo entero, realizar lo imposible, rápido, perfecto... manda nomás... mamacita, lo que quieras...

Las siguientes horas fueron una inolvidable clase de filosofía del amor, del buen gusto, de la estética, cada vez que se subía a la mesa y la veíamos desde abajo, descubríamos un nuevo ángulo, más hermosos y voluptuoso que el anterior. Era un pastel muy elaborado, lleno de detalles, cada uno de un sabor diferente, provocativo, listo para comerlo, mejor lamerlo primero y luego mordisquearlo poquito a poco.

<Yo sé que les antoja, que se les hace agua la boca, lo siento pero tienen que aguantarse, después veré de darles algo en recompensa...   total... ya sé lo que quieren, les adivino todos sus gustos, hasta sus mínimos caprichos>.... Sabia que podría esperar la recompensa soñada el resto de mi vida, valdría la pena.

 

ARROZ CHAUFA

MUCHO MÁS QUE COMER ARROZ
Por: Cecilia Portella Morote - gener@cion
La historia de un país está compuesta de hechos con matices diversos: unos nos enaltecen y dignifican, otros bien podrían incluso avergonzarnos. Nuestro Perú y su devenir histórico no escapan a esta regla, momentos trágicos han habido. Una prueba: lo que sucedió a partir de 1849, cuando miles de inmigrantes chinos, provenientes de las provincias de Cantón, Sichuán y Pekín, llegaron a Lima, entre otros destinos, en condiciones de semiesclavitud pero con promesas de un mejor futuro   
Con un contrato de ocho años bajo el brazo y sabiendo que vivirían en condiciones de semiesclavitud, pero con trabajo seguro, los inmigrantes chinos se hacinaban en las bodegas de los vapores transoceánicos para embarcarse en una travesía de 120 días. Ya en Lima se afincarían como sirvientes. A estos chinos culíes, manera de llamar a la servidumbre en algunos países orientales, los esperaba la construcción de redes ferroviarias, las plantaciones de azúcar y algodón de la costa, y también la incipiente pero próspera industria del guano.
 
Ya en plena faena, por su trabajo recibirían una ración diaria de 1.5 libras de arroz, base de su alimentación, que combinado luego con sus especias, formas de cocción y, sobre todo, gusto e ingenio, darían paso a nuevos platos que, con el tiempo, la gastronomía peruana haría suyos. Estos sabores habrían de transformar nuestra culinaria. A partir de esta experiencia, inicialmente ingrata para quienes fueron reclutados a fin de trabajar solo a cambio de comida, se inició uno de los más importantes procesos de transculturación en nuestra historia.
 
La concepción de los orientales sobre la alimentación difiere de la occidental debido a que ellos tienen un profundo respeto por su cuerpo, y por ende, se alimentan con el propósito de cuidar su salud y prevenir enfermedades, por encima del placer de comer. Este pensamiento también trajeron consigo los inmigrantes chinos que llegaron a Lima y se establecieron en Barrios Altos, cerca del centro histórico de nuestra capital. Y unos kilómetros más al norte, en Barranca, Huacho y Pativilca.
 
En sus barracas, construidas para servirles de vivienda, formaban comunidades. Ahí el chino nunca desperdiciaría nada. El arroz sobrante del día anterior, aunque frío, era frito con aceite o manteca para agregársele luego el langoi, que no era otra cosa más que las sobras de las comidas de los hacendados. Su dieta, no está demás decir, estaba constituida básicamente por arroz y, con mucha suerte, también pescado. 
 
Así pues, pedazos de pollo, alguna que otra carne y verduras, daban colorido y algo de sabor al arroz frito, posteriormente pintado con sillao o salsa de soya, infaltable gracias al continuo flujo de inmigrantes chinos a nuestras tierras. De igual forma, traerían consigo diversos granos y semillas como el kión o jengibre, producto, desde siempre, esencial en la dieta china. Una vez más, la gastronomía peruana se enriquecía notablemente con la adopción de nuevos insumos.
 
Así, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, una nueva frase comenzaría a resonar precediendo, en nuestro país, el gratificante acto de comer: “Sec Fan”, que por lo complicado de su pronunciación derivaría pronto en Shic Fan, poco más tarde en Chi Fan, para posteriormente perennizarse como Chi Fá, que literalmente se traduce en ¡Ven a comer arroz! Es decir, el único e infaltable alimento que tenían los chinos culíes para saciar su apetito.
 
Con el paso de los años, algunos de estos servidores venidos del oriente abandonaron sus labores agrícolas para instalarse en algunas ciudades de la costa, estableciendo pequeños -aunque innumerables- restaurantes que poco a poco fueron despertando la curiosidad de los lugareños. En esta suerte de fonda, a la que llamaron posteriormente Chi Fá, introdujeron una nueva forma de cocinar y, por ende, de comer.
 
Mientras, a los nuevos sabores y también novedosos insumos, se sumarían, casi al mismo tiempo, los fai chi, que no son otra cosa que los tradicionales “palitos para comer”. Tal como lo explicaría luego, el descendiente de uno de los tantos chinos que llegaron al Perú en las primeras décadas del siglo pasado, donde por siempre se establecería.
 
“Yo no soy chef, soy un cocinero”, fue el saludo que lo pintó de cuerpo entero. Es Alan Lión Chang, un tusán de segunda generación, con no más de 33 años, quien lleva en las venas el arte de la cocina oriental. Creció en un ambiente donde los abuelos maternos daban clase de cocina. Chang Wan, el patriarca de la familia fue quien fundó la Escuela de Arte Culinario Chino. Este gastrónomo de excepción escribiría además en 1965 tres tomos de un libro al que llamó simplemente “Chifa”, haciendo gala de la parquedad propia de esta raza de naturaleza tranquila, sosegada, pero eso sí, muy tenaz y laboriosa.
 
“El Arroz Chaufa -nos cuenta este joven cocinero, profesor también de varias escuelas y facultades que hoy se hoy abundan debido al boom de la gastronomía peruana- tiene que ser frito, ese es el secreto. En sartén o –si hubiese- wok se saltean las carnes con las verduras elegidas, se dora el kión, se aromatiza la mixtura con aceite de ajonjolí y canela china, y finalmente se agrega el sillao, huevos y todo se mezcla”… Y luego a degustar, mejor si es con fai chi que “es la extensión de los dedos”.
 
“Los orientales -percibiendo nuestro asombro, nos explicó Alan- al llegar a mediados del siglo XIX a estas tierras, consideraban al tenedor y al cuchillo como una suerte de armas… y coherentes pues con el acto sagrado que para ellos significa comer, no podían profanar su esencia”.
 
Como casi todo en nuestra cocina, hay múltiples formas de preparar un plato. Los insumos pueden ser reemplazados, adaptados, cambiados, sumados… en fin, mil combinaciones más. Sin embargo, la esencia, también como en todo, debe mantenerse inamovible, respetada, es decir por siempre consolidada. Deberá conservarse de principio a fin, desde la preparación hasta la placentera degustación. Y la esencia del Arroz Chaufa es sencillamente esa, la fusión de dos culturas milenarias que se encontraron en el tiempo, se unieron en el camino y no se alejaron jamás.
 
SECRETOS ORIENTALES
El Arroz Chaufa necesita, para estar completo, tener esa pizca dulzona. Algunos consideran echarle canela china a la preparación, los más osados incluso optan por el azúcar. Sin embargo y sorprendidos por la novedad, sabemos ahora que hay restaurantes chinos, de los que se dice “son de primera categoría”, que reafirman la fusión de nuestras culturas agregando pisco para saltear y flambear las verduras. Si es aromático, mejor, así le ponen la firma de Perú al plato.
 
Y para seguir contribuyendo en la estimulación de su apetito e intentando satisfacer su natural curiosidad, encontramos en nuestro exquisito recorrido que los orientales buscan y logran satisfactoriamente el equilibrio del paladar: es por esta razón que se pueden encontrar el salado, el dulce, el agridulce y el amargo en una sola sesión de degustación.
 
Nos cuentan que en un almuerzo familiar chino, práctica que se extiende hasta nuestros días, la mesa exhibe siete platos diferentes en fuentes comunes -para reforzar el valor de compartir- entre ellos, carnes de cerdo, pato, pollo, pescado, verduras salteadas, tallarines y el infaltable Arroz Chaufa. Pero la particularidad de ello, es la presencia de una tetera al centro de la mesa con un humeante Te Jazmín, sin azúcar para limpiar el paladar, neutralizar los sabores y continuar con la grata faena de seguir degustando.
Arroz Chaufa: Una de las tantas recetas caseras
Ingredientes:
¾ Kg. de arroz previamente cocido
¼ Kg. de carne
¼ Kg. de pollo
Un atado de cebollita china
2 huevos
Sal y pimienta al gusto
1 cucharadita de aceite de ajonjolí
Kión o jengibre
Sillao
 
Preparación:
Freír el arroz previamente cocido (se puede hacer uso del arroz del día anterior). Picar la cebollita china, el pimiento y el kión. Hacer una tortilla con los huevos y cortarla en cuadritos (aunque también se acostumbra verterlos directamente para que se cocinen en la mezcla). Cortar la carne y el pollo en trozos muy pequeños y sazonarlos con sal, canela china y aceite de ajonjolí; luego proceda a saltear todo junto con las verduras. Mezclar todo con el arroz, mientras se le agrega, poco a poco, el sillao. Y a comer: el Arroz Chaufa está listo.

EL RANFAÑOTE

Un dulce pasado - Canela, clavo de olor y cáscara de naranja, ceden sabores e imprimen color a la miel de chancaca, que baña los pequeños trozos de pan tostado en la sartén... y dan vida al Ranfañote, del que hablaremos hoy. Gastronomía por: Cecilia Portella Morote - gener@accion  

Lima, ciudad que de manera justificada y por razones evidentes ha sido calificada como "dulcera", es sin duda cuna de muchos dulces y postres que todas las generaciones, desde la colonia, siguen disfrutando. Muchos nacieron en casas, producto de los entreveros y menjunjes, otros vieron la luz por la necesidad de paliar antojos; otros algo mas elaborados, salieron de manos religiosas, casi santas, en el seno de los conventos.

 

Sería casi imposible dejar de mencionar, que hubo dulces que tuvieron su origen, de las sobras y excesos de banquetes nobles, de limeños de alcurnia y de españoles colonos, salieron de sus mesas sin forma aparente y fueron transformados en la humildad de una olla, de un fogón o de un horno improvisado.  Manos negras, esclavas, serviles, fueron capaces de dar forma, belleza y sabor a dulces como el que hoy nos convoca...

 

Y antes de empezar con el relato, quede claro que un postre, un dulce o un sabor azucarado en nuestro paladar constituyen más que un gustito, un estimulante, necesario a veces, para los días de modorra, o para las tardes de desánimo. Y el ranfañote me trae el recuerdo de uno de esos episodios a los que no somos ajenos.  Obviando los detalles diré que fue la primera vez que probé un poco de ese peruanísimo postre: una invitación de mi amiga Paola Reynoso, que llegó oportuna hace casi 7 años... y gracias a ella comprobé como ejerce su poder de reanimar, el hecho de compartir un postre.

 

 

DULCES RECUERDOS

 

Los platos y postres que componen la gastronomía de cualquier país, sobreviven gracias a las personas y sus costumbres, sin embargo podrían también quedar en el tiempo y desaparecer. El Ranfañote es uno de esos postres que podría perderse en la historia, si es que no hubiera de esas personas que continúen divulgando su sabor y compartiendo su presencia que nos habla de la Lima de los Reyes.

 

Este trabajo nos permite conocer y alternar con hombres y mujeres valiosas, para más que estos fines de supervivencia, y es que al calor de sus conocimientos podemos cocinar también algún "dulce de olla", como bien lo menciona Carmen Villar, una apasionada de los postres del Perú.  Y no la buscamos solo por la calidad de los productos que ofrece en "La Pastelería" de Lince y ante los que hemos sucumbido más de una vez, sino que su compromiso de revalorar lo "que se está perdiendo en el tiempo, respecto a los postres", la convierte en ideal para nuestra conversación.

 

Carmen Villar, limeña, viene de familia con costumbres netamente hogareñas: reunirse juntos a la hora del almuerzo, tomar el te y esperar a las tías con las ansias de que pronto llegarán con un postre hecho en casa para disfrutar de la hora familiar... "han pasado un poco mas de 30 años de esos episodios tan queridos", me dice nostálgica; mientras se repone y empieza a contarme algo más sobre su historia... y la del ranfañote, también...

 

PALABRAS QUE DESTILAN MIEL

 

¿La cultura afro peruana tiene que ver en esta historia, verdad?  Así es –me responde inmediatamente- "los hombres y mujeres que trabajaban en casa de los señorones, recibían como parte de su pago, trozos de pan, que al principio, en ese estado de dureza podía ser comido; pasado el tiempo comenzaron a idear la manera de cambiarle el sabor, lo tostaron, le agregaron miel –justo en la época del auge de la caña de azúcar- y el bocado les supo mejor".  La miel de chancaca fue mejorada y saborizada –añadimos- "si, poco a poco, este postre que había sido concebido para calmar hambres y reponer energías, con los años fue transformándose..."

 

No faltó quien en algún momento le pusiera clavo de olor, canela y cáscara de naranja a la miel, "que es lo único que requiere ser cocido en este sencillo postre" –me explica Carmen, con la experiencia que le dan los años que lleva como  profesora en varias instituciones en las que impartió sus conocimientos. "Ahora estoy en el Instituto de los Andes y enseño los cursos de Postres Peruanos y Cocina Peruana".  Esto, además de darle la posibilidad de manejar también un negocio familiar, cumple con su propósito principal de hacer de su especialidad, un apostolado, pues le inquieta la idea de transmitir a sus alumnos, la importancia de preservar lo tradicional.

 

"Es importante que el pan quede muy crocante, no se debe dejar que la miel lo remoje, solo que los ingredientes se mezclen; luego se añaden pasas, pecanas o nueces y coco, todo en trocitos pequeños, finalmente el queso fresco, no muy salado" me explica con detalle, mientras hace memoria y me dice que "los postres en casa, eran como el pan de cada día, de ahí me viene la predilección".  Recuerda también que hasta el año 80, lo común era preparar el Ranfañote con el coquito pequeño cortado en trozos, "ahora hay escasez de este fruto y se le reemplaza con el coco tradicional".

 

REVALORANDO NUESTRAS COSTUMBRES...

Después de escucharla y sentir que con vehemencia Carmen me asegura que comenzará a preparar postres que "están pasando al olvido", le hago también la promesa que haremos una campaña, cada quien desde su trinchera, para preservar lo realmente valioso y delicioso... Luego se deshace en explicaciones y enumera postres que, muy probablemente, las nuevas generaciones no hayan escuchado hablar, y se entusiasma y me sigue explicando, y nos salimos del tema… y luego el cauce natural de la conversación, nos devuelve a el.  Eso solo corrobora la inmensidad de tesoros que hay que rescatar del olvido y de la historia.

 

Este popular postre que empezó a prepararse y difundirse en la sencillez de la servidumbre, comenzó a tener mayor importancia al sofisticarse con las frutas secas –no podríamos dejar de mencionar, que la influencia mora, algo tuvo que ver con estos elementos- pero el pan francés, el quesito y sobretodo la miel de chancaca provinieron del trabajo y la creación de manos y mentes peruanas. A mediados del siglo pasado, a las 5 de la tarde, era común acompañarlo con una tacita de te –mejor sin azúcar- alrededor de la dulzura de su sabor, las familias disfrutaban de este momento, pues todo se tenía a la mano... Así era la vida en la ciudad hace menos de un siglo, hoy varios de nuestros postres pasarán al olvido si no tenemos el compromiso de traerlos a la vida, a nuestra mesa... 

Rezagos quedan de muchos de ellos, otros han sobrevivido y se han seguido transformando, fusionando...  Nuevos elementos se han agregado a las recetas tradicionales. Frutos frescos y secos de otras latitudes han anidado en nuestra culinaria, nuestras tierras han seguido produciendo y enriqueciendo con su aporte, preparaciones convencionales. Algunos se extinguieron y dejaron su recuerdo en libros, recetarios y en la mente ya disipada de nuestros abuelos. Otros continúan luchando por su vida... El ranfañote, gracias a investigadores culinarios, chefs, maestros de la cocina y pastelería, nos seguirá hablando hasta que nuestro compromiso con revalorar nuestras costumbres, se lo permita... lo "que se está perdiendo en el tiempo, respecto a los postres", la convierte en ideal para nuestra conversación.

 

EL TÉ BLANCO REDUCE LA OBESIDAD

El té blanco, como se denomina al preparado con los primeros brotes de las plantas con las que se hacen el té verde y el negro, tiene efectos reductores de la obesidad, según un estudio publicado hoy por la revista Nutrition and Metabolism.

Según los investigadores del laboratorio alemán Beiersdorg AG, una serie de experimentos demostró que el consumo de una infusión hecha con la planta Camellia sinensis inhibe la generación de nuevas células de adiposidad (adipocitos) y estimula la eliminación de esa adiposidad en células maduras.

"Hemos demostrado que el té blanco puede ser una fuente natural e ideal de sustancias para perder peso", indicó Marc Winnefeld, miembro del equipo de investigadores.

Según el científico, el té blanco puede ser al menos una solución parcial para el problema de la obesidad que afecta principalmente a Estados Unidos, donde se considera que alrededor del 60 por ciento de la población está excedida de peso.

"En los países industrializados, la incidencia creciente de los trastornos vinculados a la obesidad, incluyendo las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, constituye un problema creciente", indicó.

El científico explicó que la infusión indujo una reducción de la actividad de genes vinculados al desarrollo de nueves células adiposas al tiempo que impulsó la disolución de la grasa contenida en los adipocitos.

El té blanco es mucho menos procesado y contiene más cantidad de los ingredientes que se cree que son responsables de los efectos demostrados en el estudio que el verde o el negro, según los científicos.

JASON Y LOS ARGONAUTAS

La Historia del Mundo en Movimiento - Instituto de los Andes

El viaje hasta Cólquida, en el Cáucaso, ocupa otro de los lugares privilegiados en esta serie de la Historia de la Exploración. De una u otra manera los viajeros siempre han aportado adelanto a la civilización. Esta vez nuestro personaje vive en un mundo fantástico, Jasón es uno de los héroes de la mitología griega.

Hijo de Esón  rey de Yolcos y de Alcímeda, su padre fue destronado por su hermano Pelias y Jasón en argado al centauro Quirón para su cuidado y educación. Al cumplir los veinte años, Jasón regresa a Yolcos dispuesto a reclamar el trono que le correspondía a su tío Pelias

Jasón es un héroe mitológico griego. Era hijo de Esón y de Alcímeda, rey de Yolcos, quien fue destronado por su hermano Pelias. Éste fue advertido por el oráculo de que tuviera cuidado con un hombre calzado con una sola sandalia porque pondría en peligro su trono.

 

 

Jasón fue educado por el centauro Quirón hasta que fue adulto. Cuando Jasón cumplió los veinte años, se dirigió a Yolcos dispuesto a recuperar el trono que por herencia le pertenecía. En el camino, tuvo que cruzar un río donde perdió una de sus sandalias. Al llegar a la ciudad, fue llamado por su tío Pelias y éste, al darse cuenta de que aquél podía ser el hombre que anunciaba el oráculo, decidió alejarlo de su tierra enviándolo a una difícil misión: viajar hasta la Cólquida (al pie del Cáucaso), y traer de allí el vellocino de oro, que había sido la piel de un carnero fabuloso que había salvado la vida a Frixo, antepasado de Pelias, y lo había trasladado a la Cólquida. Allí Frixo ofreció en sacrificio a Zeus este carnero y luego regaló la piel del animal, que era de oro, al rey Eetes, que lo depositó en un árbol custodiado por dos toros que arrojaban fuego por la boca y una serpiente que nunca dormía.

Jasón, acompañado de un grupo de unos cincuenta héroes griegos (Orfeo, Cástor, Pólux, Peleo, Hércules, Teseo, Laertes, Atalanta — única mujer de la expedición, famosa corredora y arquera —, Meleagro...) organizó la expedición. Le encargó a Argos, la construcción del navío que recibió el nombre de Argo en homenaje a su constructor. Y del nombre de la nave tomaron a su vez el de Argonautas (marineros de Argo) los héroes que en ella embarcaron. Reunidos pues los Argonautas, se hicieron a la mar en dirección a la Cólquida.

No mucho después llegaron a la isla de Lemnos, donde sólo habitaban mujeres. La reina, Hipsípila, que se enamoró de Jasón, le contó que las mujeres de la isla habían sido castigadas por la diosa Afrodita, al no rendirle culto, impregnándolas de un olor tan desagradable que los hombres las habían rechazado, uniéndose con mujeres de las islas vecinas. En venganza, las lemnias mataron a los hombres de la isla. Los Argonautas permanecieron con ellas un tiempo y luego se marcharon.

 

Después de pasar por algunos países, llegaron a Salmideso donde encontraron a Fineo, ciego y adivino, al que los Argonautas ayudaron a deshacerse de las Harpías, monstruos voladores con rostro de mujer, garras y alas, que, cumpliendo un castigo impuesto por los dioses, impedían que Fineo pudiera alimentarse.

Fineo, en agradecimiento, informó a los Argonautas sobre el camino a seguir hasta la Cólquida y además les dijo cómo podían superar el peligro que les esperaba al llegar a las Rocas Azules, dos enormes peñascos flotantes en continuo movimiento que chocaban entre sí aplastando a todos los que pretendían pasar entre ellas.

Superado este obstáculo, llegaron a la Cólquida. Jasón anunció a su rey, Eetes, su propósito. Éste le dijo que le dejaría llevarse el vellocino de oro si antes conseguía uncir a los dos toros que lo custodiaban, arar un campo con ellos, arrojar sobre los surcos unos dientes que había entregado Atenea al rey y luego vencer a una serpiente que nunca dormía y que permanecía al pie del árbol donde se hallaba el vellocino. Medea, la hija del rey Eetes, que era hechicera, se enamoró apasionadamente de Jasón y ayudó a éste a llevar a buen término su hazaña (previo compromiso de Jasón de llevarla consigo a Yolcos), poniendo en práctica su brujería.

Dio a Jasón una pócima mágica para que no le hicieran daño los toros monstruosos. Habiendo conseguido uncir a los toros, lanzó los dientes sobre los surcos hechos en la tierra. De ellos brotaron cientos de hombres armados que se lanzaron contra el héroe, pero éste, siguiendo las instrucciones de Medea, arrojó una piedra entre ellos y los ejércitos se enfrentaron entre sí. Luego, Medea provocó un terrible sueño a la serpiente, Jasón se apoderó de la preciada piel y huyó con sus hombres, con Medea y con el hermano de ésta, Apsirto, en su embarcación. Los hombres de Eetes persiguieron a la nave y Medea mató a su hermano, lo despedazó y lo arrojó al mar. El rey Eetes recogió los restos de su hijo y perdió de vista a los Argonautas.

Después de esto, los Argonautas emprendieron el regreso sorteando diversos peligros: tempestades, el asedio de las Sirenas, el ataque de los monstruos Escila y Caribdis. Finalmente llegaron a Yolcos. Allí Pelias recibió de Jasón el vellocino y luego murió, a manos de sus propias hijas, debido a una artimaña de Medea. Entonces Jasón y Medea huyeron a Corinto. Tuvieron dos hijos. Pero más tarde Jasón repudió a su mujer para casarse con Glauca, hija del rey de Corinto. Medea, para vengarse, acabó con la vida de Glauca y con la de los hijos que había tenido con Jasón./

 

ENTRE PANTALLAS Y BANALIDADES

Escrito por David Rodríguez Seoane    - elmercuriodigital.es
 

La moda, la gastronomía o la arquitectura de este siglo tienden a suplantar con un estético envoltorio sus carencias racionales y utilitarias. La forma prevalece sobre el fondo. Ésta es la nueva consigna que rige la inteligencia creadora de las sociedades contemporáneas.

El gusto por lo estético y por la espectacularidad del envoltorio ha suplantado, en gran medida, los presupuestos racionales de uso y el significado último de las construcciones arquitectónicas, las  novedades culinarias o las extravagantes tendencias de la moda. El siglo XXI ha sido rebautizado como el siglo de las apariencias,  en él que ya nada es lo que parece.

Lejos de las experiencias racionales y funcionales de décadas atrás que perseguían con insistencia la optimización de recursos y la eficacia llevada hasta el extremo, en los tiempos que corren la respuesta del cómo ha sustituido a las preguntas habituales del  para qué o el por qué. Lo relevante ahora es la originalidad y el impacto visual de las creaciones para que puedan reclamar la atención del hombre de nuestros días, acostumbrado a casi todo y reacio a perder el tiempo en elucubraciones demasiado enrevesadas.

El tiempo se ha transformado en un bien escaso que el individuo no puede malgastar buscando en las profundidades del contenido. El continente se convierte, con  frecuencia, en el principal referente de la realidad. En el afán por encontrar algo diferente se ha descuidado el fin que le otorga a las cosas su razón de ser y por la cual fueron creadas.

Edificaciones como el museo Guggenheim, de Bilbao, o la Ópera, de Sidney, ambas con una belleza arquitectónica fuera de toda discusión, consiguen distraer la atención del visitante de las obras de arte, teatrales u operísticas que se desarrollan en su interior.  La presencia magnánima de su estructura traslada a un segundo plano su función práctica y a fin de cuentas su oferta más beneficiosa para la sociedad.

También en otros espacios de la creatividad como la gastronomía o la moda se observa, el eclipse del significado por el significante. La nouvelle cuisine francesa o la cocina molecular de Ferrán Adriá o Homaro Cantu, entre otros, premia la buena presentación y la sofisticación de un plato minúsculo, muy sugerente para los cinco sentidos, pero irrisorio para el estómago, incapaz de saciar el apetito con una ración de pollo a la naranja con virutas al aire de chocolate. A fin de cuentas, inconsistente.

En la moda ocurre algo similar. Los diseñadores presentan cada temporada colecciones imposibles que, se supone, marcarán las tendencias de la alta costura y los estilos que van a causar sensación pero que difícilmente tienen un reflejo sólido en los maniquíes de carne y hueso que desfilan por las calles. De nuevo los focos y la fastuosidad de las pasarelas de Milán o Nueva York ocultan el verdadero sentido de la ropa y lo llevan incluso hasta lo absurdo.

Como si de una interpretación del grabado de Goya se tratase, las reglas del consumismo han propiciado, a través del arrullo de la publicidad, que el sueño de la razón produzca monstruos. La satisfacción, al margen de la razón y de las necesidades del hombre, cumple con el goce estético, pero secundario, de una creación que debiera ocuparse primero de ser fiel a sí misma y servir para lo que fue concebida. Alimentos que no alimentan, vestimentas que no visten o centros culturales  que no enriquecen son algunas de las paradojas con las que convivimos a diario y que hemos adornado con un culto excesivo a trivialidades y a las apariencias.   

Llegados a este punto, conviene plantearse una de las cuestiones más manidas de la historia del pensamiento. Si aceptamos que los dos conceptos son importantes, ¿qué debe prevalecer, la forma o el fondo? Es posible que no exista una única solución para esta disyuntiva filosófica y que cualquier respuesta fuese, en último término, incompleta. Quizás la virtud se encuentre, como en la mayoría de las casos, en un punto intermedio, en ese gris equidistante que haga que lo bello sirva para algo y que no se conforme solo con ser una simple pantalla que engrandece un trasfondo vacío.