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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

02 PERSONAJES

EL PRIMER CHEF

Por: J.A. MUBARAK C.

En las narraciones míticas de la antigua Hélade se hace referencia a que en los banquetes servidos a Zeus, el todopoderoso soberano que encabezaba a los demás dioses del Olimpo, había una persona que escanciaba los vinos que acompañaban los platillos degustados. En cuanto a su aspecto exterior, los dioses se nos aparecen aquí dotados ya de un cuerpo totalmente humano, sólo que eran imaginados con una forma mayor, más bella y majestuosa que la de los hombres, sin incurrir por ello en ninguna exageración de tipo monstruoso o fantástico... Los dioses en el Olimpo están sometidos a las mismas necesidades corporales que los hombres: deben reparar sus fuerzas con el sueño y necesitan comer y beber como cualquier mortal.

Hebe, la hija de Zeus y de Hera, en la mitología griega -la diosa de la juventud- aparece como la escanciadora de las divinidades olímpicas, a las que sirve el dulce néctar en los festines que celebran en común. Un papel análogo al de Hebe desempeña en el Olimpo Ganímenes, un hijo del rey troyano Tros. De acuerdo a esas narraciones legendarias en el Olimpo había dos divinidades, Hebe y Ganímenes, quienes tenían el cargo de coperos, cuya función era escanciar los vinos que bebían los dioses congregados a la mesa de Zeus. Estos dos personajes mitológicos son considerados, por muchos, los primeros sommeliers, ya que tenían a su cargo la importante tarea de servir los vinos que acompañaban las comidas.

En tales relatos no se menciona los nombres de quienes cocinaban los manjares servidos en la mesa presidida por Zeus, probablemente porque sus alimentos eran, como ya quedó anotado, néctares y ambrosías, los cuales -así cabe suponerlo- no requerían de una preparación especial a cargo de un cocinero.

En épocas prehistóricas (de las cuales no existen ningún registro) los grupos tribales, integrados por unos pocos individuos -o bien por clanes de unas cuantas familias—deambulaban, en su carácter de nómadas cazadores-recolectores, buscando los alimentos que les permitirían subsistir. Cazaban animales cuya carne ingerían cruda, al abrigo de las oquedades y cuevas donde se refugiaban. En uno de esos sitios tuvo lugar un hecho que marcó un hito en la historia de la humanidad: el aprovechamiento del fuego para cocinar la carne, hasta ese momento ingerida cruda, de los animales por ellos abatidos.

El primer cocinero bien pudo serlo el llamado “hombre de Zhoukoudian” (igualmente conocido como “el hombre de Chou-k’ou-Tien”, y también llamado “el hombre de Pekín”), ya que los paleontólogos europeos encontraron, a mediados del siglo veinte, testimonios de que, hace aproximadamente quinientos mil años, los antiguos pobladores de aquellas regiones asiáticas, genéricamente designados como Homo erectus pekinensis, utilizaban el fuego para cocinar los productos cárnicos con los que se alimentaban cotidianamente. En un principio es probable que haya sido fortuito el descubrimiento de que poniendo al fuego los trozos de carne con que se alimentaban, les hiciera más apetitosa su comida. Ya después lo harían de manera rutinaria, lo que habría de representar un paso en extremo importante en la alimentación del género humano.

Los prehistoriadores afirman que en esa caverna, que lleva el nombre de Chou-k’ou Tien, ubicada a cuarenta y dos kilómetros de Pekín (Beijing), fueron encontrados restos que permiten suponer que aquellos primitivos hombres ya se servían del fuego para asar la carne de los animales que cazaban. Es muy probable que en algún momento uno de esos hombres -quienes comían carne cruda cerca de la hoguera que atemperaba la gélida temperatura exterior- haya dejado caer, accidentalmente, un trozo de ese alimento a las brasas. Al extraerlo, momentos más tarde, advirtió que su sabor mejoraba notablemente, y quizá fue así como, al paso de los días, comenzaron a comer carne ya no cruda sino asada al fuego. Por un azar, por un fortuito accidente, la alimentación de aquellos hombres mejoró substancialmente, al abandonar el hábito de comer carne cruda y de allí en adelante comenzaron a ingerir carne asada a las brasas. Allí seguramente surgió un hombre ---o bien una mujer--- ( posiblemente el primer cocinero), quien advirtió una nueva forma de alimentarse, lo que vino a significar un paso gigantesco en la historia de la humanidad.

Harry Schraemli (un erudito bibliófilo y escritor gastronómico) hace en su documentado libro Historia de la Gastronomía. “De Adán, nuestro padre común, cuenta la Biblia que comía los manjares crudos, por lo tanto, si bien fue el primer hombre, no fue desde luego el primer cocinero. Partiendo de la base del físico irlandés Graves, según la cual el hombre es un “animal culinario”, se podría llegar a la conclusión de que, en rigor, Adán no fue el primer hombre “de verdad”, sino que este honroso lugar le corresponde al desconocido ser que empezó guisando sus alimentos.


“Por motivos bien patentes no podemos seguir la actividad culinaria del hombre en los tiempos primitivos. Sin embargo, es interesante constatar el jalón, un tanto impreciso, que algunos escritores gastronómicos marcan en la mitología griega, diciendo que Kadmos, o Cadmo, hermano de Europa, debe ser considerado como el fundador de la profesión, y santo pagano del gremio de cocineros”. En su obra, Schraemli pasa revista a los primeros cocineros romanos, de quienes no consigna su nombre, sino los exóticos platillos que confeccionaban con animales llegados de todos los rincones del imperio que tenía a Roma por sede. Entre éstos últimos, de hace veinte siglos, seguramente figuraron aquellos que cocinaban para Lucius Licinius Lucullus --más conocido con el breve nombre de Lúculo. Lo mismo que para los emperadores Nerón y Heliogábalo, famosos por la magnificencia de los banquetes que ofrecían”

Volviendo a la palabra chef, en la lengua francesa existe desde el siglo XII, y designaba la cabeza. Cuatro centurias más tarde comenzó a utilizarse el vocablo “tete” en lugar de chef, para referirse a la cabeza de una persona. El término chef, en francés, tuvo la connotación de mando, y así fueron teniendo vigencia las expresiones Chef d’Etat (Jefe de Estado), Chef de Gare (Jefe de Estación) y Chef d’Orchestre (Director de Orquesta), entre varias otras. En el año 2001 el Diccionario de la Real Academia Española incorporó la palabra chef para designar al “jefe de cocina de un restaurante”.

En la Edad Media fue publicado el primer libro de cocina, escrito en lengua moderna (en francés). Fue la obra de un célebre cocinero llamado Guillaume Tivel, mejor conocido con el sobrenombre de “Taillevent”. En el lejano año de 1368 fue nombrado “Primer cocinero de palacio”, por el rey Carlos V de Francia (“El Sabio”), y a este monarca debió Taillevent la inspiración (o quizá la orden real) de poner por escrito sus recetas de cocina y maneras de guisar..

Aproximadamente siglo y medio más tarde Rupert de Nola, maestro cocinero del rey aragonés Fernando de Nápoles, escribió el primer libro de cocina publicado (en 1525) en lengua castellana, con el título de Libro de guisados. Cinco años antes esta obra había visto la luz en Barcelona, editada en catalán con el título de Lybre de doctrina pera ben servir: de tallar y del art de coch.

En una sucinta revisión de los grandes chefs del pasado –y enfocandonos hacia los creadores de la Haute Cuisine de Francia—cabe mencionar  ahora a Marie Antoine Careme (1784-1833). conocido en su tiempo como el “chef de los reyes y el rey de los chefs”. Careme fue chef de cuisine de la aristocracia francesa, principalmente de Charles Maurice de Talleyrand-Perigord y del propio emperador Napoleón Bonaparte. Su libro L’Art de la Cuisine Française constituye una obra cimera en la cocina de ese país. Georges-Auguste Escoffier es otro de los grandes chefs de Francia (1847-1935), a quien el emperador alemán Guillermo II (cuya palaciega cocina dirigió después de la guerra franco-prusiana de 1870) dio el título de “Emperador de los cocineros”. De este chef se ha dicho: “La guía culinaria (1903), una de las primeras obras dedicadas a la alta cocina francesa, mantiene su vigencia en el panorama gastronómico internacional, y es autor de otras dos obras: El libro de los menús (1912) y El arroz (1927). Escoffier fue uno de los chefs que consolidó el prestigio internacional que la cocina francesa ha adquirido en la era moderna”.

COCINA TECNOEMOCIONAL

Por: Daniel Fernández Quinti, dquinti@clarin.com

¿Dónde se cocina la vanguardia culinaria porteña? En tiempos de vacas flacas y mucha parrilla, propuestas internacionales y los clásicos indestructibles como Tomo I, La Bourgogne y el Oviedo, la cocina parece estar buscando también otros caminos. Y el último grito, la molecular, con sus platos donde lo que se ve no es lo que es, parece más destinado a paladares ocasionales y extravagantes.

Una cosa es cierta: todo lo nuevo genera interrogantes. Por supuesto, hay quienes consideran la propuesta como lejana, incomprensible o hermética. También se instalaron prejuicios. Qué es cara, que uno se queda con hambre y sólo para entendidos.

¿En qué consiste, entonces, el autodenominado primer restaurante de cocina de vanguardia de Argentina? Pura espuma, se podría decir. Pero no despectivamente, y se verá por qué. Se trata de un joven chef de 31 años, Dante Liporace, que procesó la influencia del maestro de la cocina molecular Ferrán Adriá (de El Bulli), con la historia de la cocina porteña y de sus propios viajes de aprendizaje. En "Moreno" (Moreno 376) por nuevos y viejos sabores, revisitados. En síntesis, vanguardia pero no radical.

La llamada cocina "tecnoemocional" es una filosofía que reúne investigación y combinaciones que en principio resultan exóticas, de diversos productos y técnicas, en platos novedosos que buscan motivar a los sentidos. Lo tecno tiene que ver con el uso de la tecnología aplicada y procesos y lenguajes de laboratorio. Aparece la cocina al vacío, con nitrógeno, espumas, gelatinas, emulsificaciones. (Ver Palabras raras). Pero también, y que vivan las abuelas, hay cocciones muy largas de entre seis y ¡17! horas, que se combinan con alimentos en formas impredecibles, como el pulpo suflado (una especie de galletita aireada con sabor al octópodo) hasta recuerdos de la infancia -casi una humorada-, como acompañar salmón con algodón de azúcar.

Ejemplo probado de entrada, que viene como aperitivo mínimo: jugo de liebre con gelatina de agua de manzana y chocolate, que se deben tomar con un orden. Y la clasiquísima tortilla en deconstrucción que inventó Adriá. La RAE define así deconstrucción: "Desmontaje de un concepto o de una construcción intelectual por medio de su análisis, mostrando así contradicciones y ambigüedades". En la cocina es desarmar para rearmar a través de la física y la química.

¿Y qué es la tortilla en deconstrucción? Un vaso con tres capas de alimento: abajo, cebolla con cuatro horas de cocción, y encima espuma de papa y revuelto de huevos. Los mozos recomiendan hundir la cuchara hasta el fondo para juntar los sabores. ¿Sabe a tortilla? Sí, más bien trae recuerdo de tortilla, pero a la vista no lo es.

Y si es que muchas experiencias entran por los ojos, aquí hay un problema. Más que ver -los platos resultan bellos- hay que probar: una carne se reconoce, pero aparece combinada con el producto de la experimentación. El cochinillo -soberbio, con su piel bien dorada y crocante-, está hecho al vacío durante 11 horas en sus jugos. Hasta ahí, normal. Pero llega con gelatina caliente de mango, aire de maracuyá y langostinos en cocción separada.

¿Y las porciones? Un problema de la cocina moderna, que termina siendo rechazada porque los platos son minúsculos. Pero aquí no. El cochinillo es una porción bien argentina: 300 gramos razonables, que llenan.

Liporace, que trabajó además de en El Bulli en otros restaurantes europeos, aclara ante la sospecha: "No hago cocina molecular, esta propuesta es renovadora, busca despertar sentidos pero priorizando lo más importante, que es comer bien, con sabores nuevos y también conocidos, y para probar sin miedo". Adriá lo acaba de invitar, junto a otros cuatro cocineros del mundo, a pasar dos semanas en diciembre en El Bulli.

El tiempo dirá si este camino marca un punto y aparte en la cocina local.

SERGI AROLA

EFE - El cocinero Sergi Arola ha defendido hoy que, si se aplicaran "la mitad de las ayudas que tiene el cine" a pequeños restaurantes o a becas para jóvenes cocineros, la cocina española podría ser "muchísimo más rica" y estaría "muchísimo más consolidada".

Arola, que esta mañana ha participado en el encuentro "El aceite de oliva: un excelente alimento y mucho más" de la UIMP, ha lamentado que se dediquen "ingentes cantidades de dinero a proyectos que sólo sirven para darle barniz a la trayectoria de un político determinado" y no a la gastronomía española.

Ha afirmado que le preocupa que la cocina, "representando lo que representa para la imagen del país en sectores estratégicos tan importantes como el turismo" o a la venta de productos de calidad en el mundo, no disponga de "las ayudas que tienen otros ámbitos", que no tienen "ni mucho menos" la misma influencia cultural o en la "vida social".

El cocinero ha asegurado además que "desde el Siglo de Oro no ha existido un movimiento en España, desde España y hacia el resto del mundo, como el que se ha producido en la alta gastronomía".

Sergi Arola ha destacado que se trata de un fenómeno "histórico", sobre todo por su carácter "intergeneracional", cuya "locomotora singular" ha sido Ferrán Adrià, y detrás de la cual han compartido "generosidad, buen hacer y mucho sacrificio" cuatro generaciones de cocineros, "desde los Arzak hasta los Dani García".

A su juicio, este hecho, que ha llevado a "un momento antológico de la cocina española", "llama a la reflexión" a cerca de que, cuando las cosas se hacen "juntos", se hacen "mejor", y de que España "sólo puede subsistir como país serio y a tomar en cuenta" si se apuesta "decididamente por la calidad".

"No tiene sentido que esperemos que se vengan a hacer grandes industrias; las industrias españolas deben ser pequeñas, bien armadas y con mucho valor añadido", ha añadido.

Por otro lado, el cocinero se ha manifestado "partidario" de hablar de "cocina española", porque, según ha asegurado, "los localismos y los regionalismos no conducen a ningún lado".

Ha apuntado que, si bien en un primer momento las gastronomías locales, como la vasca y catalana, fueron impulsadas como un "vehículo de reafirmación cultural nacional", hoy en día y, "por primera vez en la historia de España", la cocina "se ha generalizado, de tal forma que hay grandes restaurantes" en todo el territorio, y se ha hecho garante de "la cultura con mayúsculas".

En cuanto a la implantación de los productos españoles de alta calidad en el mercado mundial, como el aceite de oliva, Arola ha considerado que existen "retos" que "no sólo atañen a la administración, sino a todos, porque forman parte del patrimonio de todos".

"Hay un hecho lamentable, y muy nuestro, y es que nos sabemos vender de pena", ha dicho Arola, que ha añadido que "eso afecta también a un producto como el aceite de oliva".

En cualquier caso, ha señalado que "no hay mejor impulsor para el mercado local, para los productores, y para cientos de las familias que viven alrededor del aceite y otros productos en España, que tener una alta gastronomía competitiva y con repercusión internacional".

MICHEL BRAS

El cocinero francés Michel Bras ha recibido hoy el premio "Navarra Gourmet" de manos de la consejera de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, Begoña Sanzberro, en el marco de la feria gastronómica internacional que se celebra estos días en Pamplona. Bras, quien cuenta con tres estrellas Michelín desde 1999, ha acogido el galardón como un "gran honor", se ha alegrado especialmente "porque se premia al mundo vegetal" y ha destacado el papel de las verduras como "la mejor expresión de la cocina".

Definido por la organización del Congreso "Navarra Gourmet-Vive las Verduras" como "el padre de la nueva cocina", Bras ha agregado que "en un mundo en el que existe una pérdida de valores, estos deben recuperarse girando la mirada hacia los vegetales".

Previamente a la entrega del premio, el cocinero Martín Berasategui, amigo personal de Bras y distinguido con este mismo galardón en 2008, ha destacado "la humildad y el trabajo" del chef francés, al que ha calificado como una "gran persona" que además "ha hecho historia en la cocina".

El premio "Navarra Gourmet" fue concedido en los dos certámenes anteriores a Berasategui y Ferrán Adriá, cuando su denominación era todavía "Premio Reyno de Navarra-Vive las verduras".

En el mismo acto se han entregado las Medallas de Oro del III Concurso a la Calidad organizado por la Ciudad Agroalimentaria de Tudela, que se conceden al mejor plato preparado nacional y al mejor vino navarro.

En el primer caso, el jurado ha seleccionado como el mejor producto elaborado en España al bacalao al pil-pil de la compañía alavesa Bacalao Giraldo S.L., de Legutiano.

Por su parte, el vino de Bodegas Urabain Prado de Chica ha logrado la Medalla de Oro al mejor vino de Navarra, un caldo Selección Especial 2007 elaborado por esta bodega procedente de Allo. El Diario de Navarra - España

ANTONIO GÁZQUEZ

Entrevista de CRISTINA NÚÑEZ - Hoy.es
En la época de Cervantes sólo los Reyes, los nobles e hidalgos y algunos clérigos esquivaban el hambre. En ese periodo de la historia, más de un siglo después de la conquista de América, ni la patata ni el tomate estaban extendidos aún en la dieta de España, aunque sí el chocolate y el tabaco. Las cosas se endulzaban con miel y no con azúcar y así, miles de detalles más.
La comida es mucho más que la vía para alimentarse. Es cultura, es historia y habla por sí misma. Antonio Gázquez desnuda los modos y costumbres del comer en la época cervantina. «Es un fiel reflejo de la época», asegura este catedrático de la Facultad de Veterinaria y gastrónomo, que ha reunido en un libro los usos culinarios de esta época. Son curiosidades para los amantes de la cocina, para expertos y para profanos. Editado por la librería técnica Figueroa-2 de Cáceres pretende ser el primer estudio serio sobre la materia.
-¿Cómo surge este libro?
-Surge a raíz de una conferencia que me encargó la profesora María Isabel López sobre Cervantes, dí la conferencia y después hubo una comida de la que elaboré yo el menú, y a raíz de aquello empecé a darle vueltas. Leí toda la obra de Cervantes y otros autores de la época y deduje cómo era la comida de esa época. En los últimos años se han publicado algunos estudios en los que se mancheguiza la comida cervantina, cuando realmente en El Quijote aparece la comida tradicional española. A mí me ha pasado que he ido a la Mancha, he pedido ’duelos y quebrantos’ y me han puesto un revuelto de pimientos y tomates, cuando no se utilizaban en la época.
-¿Qué son realmente los ’duelos y quebrantos’?
-El Quijote no dice cómo están hechos los duelos y quebrantos, y ahí me he apoyado en otros escritos, de Lope, de Calderón o más recientes, del siglo XIX. Hay varias interpretaciones: desde lo que dicen que eran una especie de menudillos de cordero hasta los que afirman que duelos y quebrantos significa una manera de salvar una situación. En las casas hay dos cosas que siempre se tienen por si las moscas: panceta y huevos, duelos y quebrantos puede referirse a eso, a algo que puede preparase en un momento de urgencia.
-El Quijote profundizó muy bien en las costumbres de la época...
-Es un libro fantástico. De pequeño me obligaron a leerlo, y ahora tengo como cuatro ediciones. Es un retrato exacto de la sociedad de la época y de la vida cotidiana. Para describir a una persona te decían lo que comían. Y para representar a un hidalgo, qué mejor que describir lo que comía Alonso Quijano: «una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos». La olla era algo que se comía diariamente, la vaca era más importante que el carnero. El salpicón era una especie de carne picada y aliñada. Duelos y quebrantos los sábados, algo que no dañaba la abstinencia, según la iglesia. Lentejas los viernes, que respetaba la abstinencia. Y palomino el domingo. En aquella época era normal que los hidalgos en la castilla del siglo XVI y XVII tenían una ventaja, tenían un pabellón de palomas.
Ricos y pobres
-¿Qué comía la gente humilde?
-Es distinto la gente humilde de campo o la de ciudad. Por ejemplo, Sancho Panza era un campesino, y siempre tenía queso. En las ciudades sólo comían una vez al día como mucho.
-¿En esa época ya estaba implantado el tomate y la patata?
-Lo primero que se implantó fueron los productos que estaban ligados a la alta sociedad. ¿Quién tenía la posibilidad de ir y volver de América? Sólo la alta sociedad. Los que volvían traían determinados productos, sólo los que consumía la alta sociedad de allí. La patata es conocida en principio por las sociedades religiosas, porque quitaban el hambre. El tomate se conoce a partir del siglo XVIII, y el pimiento era una planta de tipo decorativo. En cambio hay dos productos que se extienden, como el chocolate y el tabaco. El chocolate cuando empieza a tener un éxito real es cuando se le añade azúcar.
-¿Y el tabaco, cómo se consumía?
-El tabaco se masticaba o se esnifaba, posteriormente empezó a fumarse.
-¿Cómo influyó la cocina árabe o judía?
-En muchos platos. El cocido, por ejemplo, es un plato de inspiración judía, o los escabeches, que son maneras de conservar los alimentos. La utilización de frutos secos procede de los árabes, la utilización de las hortalizas.
-¿Hay alguna parte del libro dedicado al alcohol?
-Sí, en esta época comienzan a implantarse y a crearse los grandes vinos y las zonas vitivinícolas en España: los vinos de la Mancha, los de Jerez, los de Málaga. Otra de las cosas que se implantan durante esta época es lo que nosotros llamamos los aperitivos, que se tomaban para abrir el apetito. En ese momento se llamaban los llamativos, como cebollas en vinagre, berenjenas, pepinillos.todo eso prepara al estómago. Eso era una inspiración de tipo árabe.
-¿Qué ha sido lo verdaderamente revolucionario en nuestra cocina actual?
-La conservación de los alimentos gracias a la refrigeración. Eso es lo que cambia todo. El hecho, por ejemplo, de que la carne del cerdo fuera para matanza está condicionado por la ausencia de métodos para conservar la carne.

DAN BARBER, EL MEJOR CHEF DE USA

NUEVA YORK [EFE]. Dan Barber es hoy uno de los cocineros que andan en boca de todos en Estados Unidos tras haber sido nombrado mejor chef del país, más por el gusto que impregna en sus platos la agricultura sostenible que practica que por su creatividad culinaria.

Cuando todo lo orgánico parece estar de moda entre los estadounidenses, a pesar de la crisis, Barber cuenta con una legión de seguidores que inunda sus dos restaurantes en Nueva York en busca de platos elaborados con productos de calidad recién recolectados que el propio cocinero cultiva en su propiedad.

“Mi visión de la gastronomía y de la agricultura no es nueva ni moderna, sino más bien antigua. Cualquier chef que ame la cocina y los platos deliciosos tendría la misma visión pura y honesta que yo”, explicó en una entrevista el alma del restaurante Blue Hill, en Manhattan, y de su réplica en la zona rural de Pocantico Hills, el Blue Hill at Stone Barn.

El amor de Barber por los productos orgánicos y de calidad le ha valido este año el premio a mejor chef de EE.UU. de la Fundación James Beard y un lugar destacado en la lista de la revista semanal “Time” de las 100 personas más influyentes del 2009.

Muchos lo consideran un pionero del movimiento que subraya la importancia y la diferencia que suponen para los amantes de la buena mesa los platos cocinados con productos de temporada, pero a Barber no le gustan palabras como “pionero” y rehúye de los halagos que recibe su cocina.

“No soy un líder de nada, soy como cualquier otro chef que quiere lo mejor”, explicó Barber, quien, sin embargo, sí se apunta la medalla de saber responder a una cuestión que todo el mundo quiere conocer: el origen de los alimentos que se comen cada día.

Para el cocinero, que solo utiliza alimentos vegetales y animales procedentes de su propia granja, en la que se sitúa uno de sus restaurantes rodeado por huertos y animales, la sostenibilidad del terreno es tan importante como la calidad de los ingredientes de sus creaciones.

“Es importante tener los productos cerca del lugar donde hacemos nuestro trabajo en la cocina, y también pensar en el futuro de la tierra, de los árboles y de las plantas”, afirmó Barber, para quien lo lamentable de la gastronomía de EE.UU. es que, “en los últimos 30 años, nadie se ha preguntado de dónde viene todo lo que comemos”.

Barber ha contado con el respaldo de Ferran Adrià, alguien con quien a simple vista no tiene mucho que ver, pero con quien comparte —según sus palabras— el gusto y la pasión por una gastronomía honesta aunque no por la tecnología.

Barber coincide con Adrià en concebir la gastronomía como parte de la cultura, “en dotar de significado cultural a lo que comemos”, según el estadounidense, para quien es crucial que se relacione una comida deliciosa con una parte de su cultura.(El Comercio)

GERTRUDE Y ALICE

ISABEL PIQUER - CORRESPONSAL - PUBLICO - MADRID

 

Janet Malcolm (Praga, 1934) empezó escribiendo un artículo sobre cocina francesa para The New Yorker y acabó contando la vida de la escritora Gertrude Stein y de su compañera sentimental de cuatro décadas, Alice Toklas, en la Francia ocupada. Y tiene su lógica. A mediados de los cincuenta, Toklas publicó un libro que introdujo las sutilezas gastronómicas galas a los paladares uniformemente conservadores de la América de Einsenhower.

"Se convirtió en una obra de culto para la gente de mi generación", cuenta Malcolm en su apartamento de Nueva York al rememorar el inicio de su idea. "Podíamos comer platos franceses hechos por nosotros mismos. Y Toklas, además, añadía muchos detalles autobiográficos. Cuando volví a leer el capítulo sobre la comida durante la ocupación, me entró la curiosidad. Curiosidad por saber cómo habían sobrevivido en aquella época", explica.

Cómo, se preguntó, una pareja de lesbianas judías americanas, tan atípicas en todo, había podido escapar de las deportaciones y el horror, en un pueblecito de la campiña francesa, a tres horas en coche de Vichy, sede del Gobierno del mariscal Pétain, sin esconderse de nadie (figuraban en el listín telefónico) durante los años de la guerra.

Del inesperado rodeo, del sabor a la historia, sale Dos Vidas (Lumen), "como todos mis libros", reconoce Malcolm, "una mezcla de periodismo, crítica literaria y biografía", un viaje por la figura y obra de Stein y sobre todo tema que la autora ya abordó en sus libros sobre Chejov y la poetisa Sylvia Plath una reflexión sobre cómo se crean el recuerdo y la memoria, y cómo se consolidan la vida y el legado de una figura literaria en el género de la biografía académica.

La paradoja biográfica

En el caso de Stein el reto era doble porque la escritora empezó a crear en vida su propia imagen, primero en forma de parodia, al asumir la identidad de su pareja en The Autobiography of Alice B.Toklas y luego en primera persona en Everybodys Autobiography. Stein ha quedado sobre todo inmortalizada en el retrato que le hizo Picasso en los años veinte, oronda, matriarcal, imponente, severa, mecenas de los pintores de Montparnasse.

"De alguna forma Dos vidas es la continuación del libro que escribí sobre Plath, cuando empecé a interesarme sobre los problemas, dilemas y paradojas de las biografías y fui muy crítica sobre el género", explica Malcolm. "Mi paradoja personal es que sigo escribiendo biografías. Pero me parece una forma muy problemática de intentar contar la vida de una persona", añade.

"De alguna forma Dos vidas es la continuación del libro que escribí sobre Plath"

O como dice en Dos vidas, "el deseo arrogante de imponer una narrativa en los trozos y pedazos de una vida que encalló en la orilla de la investigación biográfica" más aún si "la inestabilidad del conocimiento humano es una de nuestras escasas certidumbres" porque "cada cosa que sabemos es cuando menos incompleta. Y casi nada de lo que nos dicen permanece después de haber sido contado de nuevo".

En otras palabras, Malcolm intenta entender cómo el tejido insustancial de lo que le ocurre a Stein queda embalsamado en una historia rígida que, en su anhelo por resolver y encasillar las inconsistencias diarias, acaba contando algo totalmente distinto de lo que pretendía narrar.

En su búsqueda, la autora se encuentra con personajes atípicos, estudiosos como Ulla Dydo, que ha pasado 20 años descifrando la prosa críptica de Stein, o Leon Katz, que se convirtió en el confidente de Toklas tras la muerte de Stein en 1946 y que sigue sin publicar, medio siglo más tarde, ante la indignación de los especialistas, las notas de susentrevistas.

Malcolm también se topa con la figura de Bernard Faÿ, un amigo devoto de la pareja durante sus tiempos en París, que luego se convirtió en un colaboracionista de alto rango. Gracias a su acceso a Pétain, consiguió que nadie molestara o se interesara por las dos mujeres, pese al sorprendente celo antisemita de las autoridades de Vichy. Faÿ, que fue detenido y encarcelado tras la liberación, consiguió escaparse años más tarde, gracias en parte a la ayuda de Toklas, que siempre le agradeció su protección.

"No sé si sabían que eran lesbianas, eran muy discretas"

Stein, que procedía de una familia judía acomodada, como su compañera sentimental, nunca tuvo en cuenta sus orígenes y fue bastante más conservadora que su prosa. Respaldó a Franco en la guerra civil y en el pueblecito de Belley, donde pasó gran parte de la guerra, hizo amistad con miembros de la ultraderecha francesa. Lo que explica sin duda en parte su supervivencia.

Aquí, Malcolm introduce pistas más que respuestas definitivas: "Pasaban ahí todos sus veranos, las conocían y las querían. Todo el mundo sabía que eran judías y quienes eran. No sé si sabían que eran lesbianas, eran muy discretas, parecía que Toklas era su secretaria personal. También eran estadounidenses. Hubo otros judíos de allí que sobrevivieron: no entraban en la misma categoría que los judíos franceses o los europeos. A lo mejor simplemente tuvieron suerte", zanja Malcolm.

LOS GRANDES COCINEROS

Carême, Escoffier, Bocuse, Adrià...

Por Caius Apicius - ADN.ES

    EFE - Estos días ha sido noticia: el cocinero español Ferran Adrià ha sido distinguido por el Culinary Institute of America con el título de "chef del año", uno más, sin duda importante por venir de quienes viene, de los muchos que este artista de los fogones ha ido acumulando en los últimos años y cuya mera enumeración rebasaría los límites habituales de estos comentarios.

    Es curioso, pero desde que podemos hablar de gastronomía propiamente dicha, que viene siendo desde muy entrado el XVIII, cada cambio de siglo ha estado dominado por una figura culinaria, por un cocinero, que se ha impuesto a los demás, que ha dejado una huella profunda y que figura y figurará, por méritos propios, entre los más grandes de la historia.

    Así, los comienzos del XIX están dominados por Marie-Antoine Carême -no se dejen engañar por el nombre: no era una mujer-, a quien muchos consideran el auténtico fundador de la gran cocina francesa. A lo largo de su vida fue cocinero del príncipe de Talleyrand, del zar Alejandro I, del futuro Jorge IV de Inglaterra y de la familia Rothschild, entre otros ilustres patrones. Merece ser recordado por algo más que por su libro sobre salsas y sopas, pero seguramente es en lo primero que uno piensa cuando se menciona a Carême.

    El principio del siglo XX pertenece a Auguste Escoffier, que fue el hombre que llevó a la cumbre lo que venimos llamando "alta cocina". Pasó la mayor parte de su vida profesional en Londres, al frente de los fogones del hotel Savoy, primero, y del Carlton, después, aunque tuvo tiempo para ser una temporada las cocinas del emperador alemán Guillermo II. Dejó una gran obra escrita, y sigue siendo una referencia inexcusable cuando se habla de esa alta cocina, especialmente la alta cocina francesa. Desde luego, hizo muchas más cosas, y más importantes, que crear el famoso "melocotón Melba" en honor de la soprano de ese nombre; pero siempre se asociará su nombre a este postre.

    Y los inicios del siglo XXI pertenecen a Ferran Adrià. Han pasado, entre medias, muchas cosas, entre ellas una de capital importancia: la "nouvelle cuisine", quizá el movimiento más importante de la historia de la cocina, nacido -cómo no- en Francia y que sirvió, entre otras cosas, para que un cocinero conociera por primera vez las mieles de la popularidad mediática: fue el caso de Paul Bocuse, que no era ni el líder, ni el inspirador, ni el mejor de los cocineros que integraron el movimiento, pero sí que fue seguramente el más listo. Pasará a la historia por su sopa de trufas en costra de hojaldre creada para el entonces presidente francés Valery Giscard d'Estaing.

    Adrià es el primer cocinero no francés de esta reducidísima lista de los más grandes, los que han marcado época. Trasgresor, trabajador incansable, dotado de un paladar privilegiado y una curiosidad infinita, hizo de la frase "crear es no copiar" el lema de su vida profesional. Ha abierto caminos insospechados, ha revolucionado la cocina, ha puesto todo en cuestión... y ha triunfado. Imitado hasta la saciedad, pero por fortuna inimitable, está considerado, claro, el mejor cocinero del mundo. Sin duda se merece pasar a la posteridad por algo más que por haber llevado a la cocina del restaurante los ingredientes usados en la industria alimentaria; pero siempre se ligará su nombre a este hecho.

    Carême, Escoffier, Bocuse, Adrià. Cocineros que marcaron épocas, tras los que nada fue ya igual. Mucho ha cambiado la cocina desde los tiempos del primero a los del genio catalán, pero ellos han dejado huellas indelebles, y no sólo en forma de libros, sino en conceptos y modos de cocinar. No se queden sólo con los pequeños detalles: ellos fueron -Ferran lo es aún- los más grandes.