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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

05 ESPAÑA

BACALAO AJOARRIERO

Fiestas de San Fermín..., este fin de semana lo celebramos con ajoarriero... a fuego lento. 
RECETA DE BACALAO AJOARRIERO
Bacalao ajoarriero

En honor a una de las fiestas más multitudinarias del mundo -las de Pamplona- y su patrón, San Fermín, para este fin de semana proponemos conocer un poco más sobre el bacalao al ajoarriero, una de las recetas más típicas en los menús tradicionales de Navarra.

Esta receta, que normalmente se presenta en cazuela de barro, se compone de una base de bacalao desmigado, además de una combinación de ingredientes que potencian su sabor y dan colorido al plato: tomate, ajo, cebolla, pimiento rojo y verde, patata y guindilla.

Y, ¿cuál es el origen de este plato?
 
 
Por su nombre, se dice que se originó con la actividad de los arrieros, personas que antiguamente transportaban bienes y enseres con animales de carga y arrastre como las mulas a diferentes lugares, y que en su camino fueron incorporando los varios alimentos de que se compone a sus comidas. O, bien, podría haberse derivado de la denominada salsa ajoarriero compuesta por similares ingredientes.

Se han visto muchas variantes de esta receta, pero aquí vamos a ver una de las más tradicionales con bacalao

Bacalao ajoarriero
Ingredientes para 4 personas:

500 g de bacalao
1 cebolla
2 pimientos verdes
4 pimientos del piquillo
2 dientes de ajo
1 guindilla
2 pimientos choriceros
1 dl de pimiento morrón licuado
aceite de oliva
salsa de tomate natural
perejil

Preparación:

Cortar finamente el ajo, la cebolla y el pimiento verde. Salar y rehogar en el aceite caliente.

Añadir la guindilla, el perejil, el pimiento morrón licuado, la pulpa del pimiento choricero y la salsa de tomate, que previamente habremos elaborado.

Agregar los pimientos del piquillo picados y el bacalao desalado y desmenuzado.

Dejar cocer todo de 5 a 7 minutos y servir en cazuela de barro.

NUEVA ESPECIALIZACION

DELICIAS NAVIDEÑAS

Los campanilleros cortan el frío de las calles con su música
Por: JOSÉ A. GARCÍA-MÁRQUEZ | VILCHES - JAEN - ESPAÑA
En la comarca del Condado persisten aún usos, costumbres y tradiciones navideñas que evocan ese sabor popular que nunca diluirá el paso del tiempo. En Vilches, cuando despuntan los primeros rigores de diciembre, los coros de Campanilleros recorren una a una las calles del pueblo para cortar con su música las frías noches y anunciar la Navidad.
Los Campanilleros interpretan los aguilandos, autóctonos cantes navideños de la tierra, sobre los que no existe historia exacta acerca de su origen, y que a lo largo de los siglos se han ido transmitiendo por vía oral de generación en generación. «La flor de la adelfa es / la más bonita del río, / y tu eres la más bonita / que de madre ha nacío», arranca el cantaor que encuentra la respuesta de un coro con almireces, cántaros o rejas de arado.
Pero como no sólo de música vive el hombre, la gastronomía de la comarca toma un protagonismo lleno de matices autóctonos y peculiares cuando llega la fiesta navideña. Así en Montizón, en donde renacen los intentos por recuperar La Pastorela, una representación de la Adoración de los Reyes y Pastores al Niño Dios con ofrendas, cantes y bailes, se hacen los denominados ’protestantes’, roscos de vino cocidos al horno y aderezados con canela, cáscara de naranja y azúcar. Dicen en el pueblo que el nombre le viene por lo populares que son estos dulces entre el elevado número de personas del municipio que profesan la religión evangélica.
El ajopringue es un plato de culto en Sorihuela, Castellar y Santisteban del Puerto, si bien en esta localidad tiene ciertas variantes y recibe el nombre de ajopuerco. Se come en la primera noche de matanza, aunque hay familias que elaboran cantidades suficientes para ofrecerlo en días de Navidad. Este jugoso plato, íntimamente ligado a la cultura, crianza y matanza del cerdo, tiene por ingredientes hígado de cerdo, asadura, tocino blanco, miga de pan, cebolla, pimienta, canela, clavo, sal y orégano. En Castellar compite con los galianos (harina de trigo, tomates, pimientos, ajo, sal y conejo o chorizo), plato unido al día de Reyes, pues los pastores que participaban en la cabalgata los cocinaban y repartían en la plaza principal. Hoy el plato se prepara en la intimidad de la cocina familiar.
Arquillos
Por último, en el municipio de Arquillos se elabora un dulce artesanal, el pericón, que anuncia otro sabor a Navidad. El pericón se viene haciendo desde 1860 en un taller artesanal que ahora dirige Celestino Martínez. Estos dulces blancos llamados pericones, adquiridos con avidez en toda la comarca, se fabrican a base de una yema de huevo entera y tres cuartas partes de clara. Se meten en el horno y alcanzado el punto de cocción se le agrega el cuarto de clara restante y también azúcar. El dulce regresa al horno hasta secar el baño exterior. IDEAL.ES

OPERACION MICHELIN

Por: Martha Fernández Guadaño - Expansión.pro 

En su centenario en España, la guía gala ha otorgado 21 nuevas estrellas, en un reparto algo más generoso que en años anteriores pero todavía cicatero. Chefs y 'gastroempresarios' se debaten entre el plus de atraer clientela extranjera y el hándicap de ver elevados sus costes de gestión.

Juan Mari Arzak

Es muy posible que Juan Mari Arzak, Santi Santamaria, Ferran Adrià, Martín Berasategui, Carme Ruscalleda, Pedro Subijana y Joan Roca no tengan ni idea de quién fue André Michelin.

Pero, con ese apellido como tarjeta de presentación, a estos chefs el nombre les olerá necesariamente a premio gastronómico. Ayer, en el apacible barrio de Taialà, en el extrarradio de Gerona, nadie se acordaba de André Michelin; pero la familia Roca, sus amigos y vecinos ¿muchos procedentes de la inmigración andaluza en Cataluña¿ celebraban su tercera estrella y su entrada en un selecto club de sólo 7 restaurantes, los únicos que ostentan en España la triple distinción Michelin, máxima calificación otorgada por la guía francesa.

Anteayer por la noche, se hizo público el listado de las estrellas Michelin de 2010. Como balance, 21 nuevas distinciones (frente a 15 novedades en 2009 y 16 en 2008), que sitúa la galaxia española en 137 restaurantes con estrella (149 si se considera Portugal, país incluido en la edición de España).

Los hermanos Roca ¿Joan (cocinero), Josep (sumiller y jefe de sala) y Jordi (pastelero)¿ han sido los grandes ¿y esperados¿ ganadores de 2010, un año especial por conmemorarse el centenario de la Guía Michelin en España y Portugal (que se vende a un precio de 25,50 euros) y por haberse registrado un tímido gesto de generosidad por parte de la guía gala frente al éxito culinario made in Spain.

La edición española-portuguesa llegó al mercado diez años después de la creación de la Guía Michelin en Francia por André Michelin y su hermano Edouard. Corría 1900 y unos 3.000 coches circulaban por las carreteras galas. El manual nacía con un espíritu casi naif: concebido como una pequeña guía de viaje con trucos para cambiar una rueda, se distribuía gratuitamente en talleres mecánicos. Pero la lógica económica ¿que rige en todo momento el negocio del grupo Michelin¿ se impuso y, en 1922, la guía empezó a venderse en Francia por 7 francos. Fue dos años después de que André Michelin viera que sus librillos se usaban para sostener sin complejos un banco en un taller donde se vendían sus neumáticos. "La gente sólo respeta aquello por lo que paga", afirmaron los hermanos Michelin.

En 1910, el mercado español dio la bienvenida a su primera Guía Michelin, con tapas amarillas, "ofrecida gratuitamente" ¿tal y como rezaba en su cubierta¿, con una publicidad de Moët & Chandon en la contraportada. Una etapa en la que el grupo ya tenía en España cierto negocio, que impulsó en 1932 con la creación de una filial española y la posterior apertura de varias plantas.

Hasta aquí, la romántica historia de la familia Michelin, que dio lugar a una guía que, con datos de 2009 de sus 23 ediciones, tiene repartidas sus estrellas entre 1.994 restaurantes de todo el mundo. España, indiscutible líder mundial de la cocina de vanguardia, se conforma con 137 establecimientos estrellados, frente a los 547 de Francia, los 276 de Italia, los 216 de Alemania y los 173 de Tokio.

"Escaso, insuficiente, cicatero, injusto o desigual" son algunos de los adjetivos con los que ayer distintas fuentes del gastrosector calificaban la última asignación de estrellas de la guía. En el aire, varias decepciones: ni Andoni Luis Aduriz, ni Quique Dacosta, lograron su tercera estrella para sus restaurantes de Rentería y Denia; mientras Dani García se quedó sin segunda distinción, en Calima (Marbella).

Bajas en el listado
Además, en la revisión, nueve locales pierden una estrella (entre ellos, los madrileños Alboroque, de Andrés Madrigal, que sólo la ha ostentado un año, y El Chaflán, quizás víctima de su estrategia anticrisis de bajada de precios, aplicada desde mediados de 2008) y Tristán (en Mallorca) causa baja en una de sus dos estrellas.

Con todo, se perciben ciertos avances en la edición de 2010: un mayor número de estrellas nuevas (seis más que otros años); más protagonismo ¿por fin¿ para Madrid, ciudad olvidada en los últimos años; un cierto reparto geográfico de premios; el merecido reconocimiento a un establecimiento de cocina extranjera no francesa como es el japonés Kabuki Wellington (regentado por el español Ricardo Sanz) y, sobre todo, la esperada tercera estrella para El Celler de Can Roca.

Impacto de la crisis
Y, más allá del análisis culinario, la Guía Michelin tiene un evidente trasfondo económico. Para la compañía francesa, es una relevante herramienta de márketing, que puede servir al grupo galo para reforzarse en nuevos mercados, por ejemplo, el estadounidense y el asiático. He aquí un acertijo gastroempresarial: si la Guía Michelin eleva su tirada en un país, ¿se venden más neumáticos allí? "Michelin Mapas y Guías es una línea de negocio más del Grupo Michelin y contribuye de manera cuantificada y sostenible a los resultados del grupo", se limitan a responder desde la empresa, con sede en Clermont-Ferrand (Francia).

Presente en 170 países, con más de 121.000 empleados en el mundo y 69 plantas de producción en 19 estados, Michelin no ha sido ajena a la recesión económica ¿especialmente dura con el sector de automoción¿. Por ejemplo, se ha visto obligada a negociar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que podría afectar a 386 empleados en España, en sus plantas de Vitoria, Aranda de Duero (Burgos) y Valladolid.

Así, el lanzamiento de ediciones en nuevos mercados es una estrategia para la empresa que supera las motivaciones gastronómicas. "Nos debemos a nuestros lectores y si en algún país existen cosas interesantes para transmitirles, hacemos una evaluación previa de viabilidad y, en caso positivo, nos ponemos a editar el producto", aclaran fuentes de Michelin en España.

A pesar de que la empresa, que cotiza en la Bolsa de París, no facilita datos sobre ventas de ejemplares de la guía (en España, se manejan cifras variopintas que varían de 7.000 a 15.000 ejemplares), señala que éstas "han evolucionando de forma muy positiva tanto cuantitativa, como cualitativamente".

Pero el futuro gastroeconómico de la guía roja está en los nuevos mercados. Aunque Francia, España, Italia y Alemania siguen liderando las ventas, el lanzamiento en los últimos años de ediciones en urbes como Tokio (2008), Nueva York (2006), Los Ángeles (2008) y Kioto (2010) se está saldando con un buen balance de ventas, según admiten en la firma. El último aspirante a best-seller ha sido el manual de Kioto y Osaka, lanzado en 2010.

La guía roja aún aguanta otra lectura empresarial y es la que repercute directamente en el negocio del restaurante estrellado. Aumento de la clientela extranjera, posible avance de la facturación y refuerzo de la imagen, el prestigio y la notoriedad de un restaurante y de su cocinero constituyen las principales ventajas derivadas de la obtención de una estrella. Algo que establecimientos como Etxebarri (Vizcaya), Bo.Tic (Gerona), Cocinandos (León), La Broche (Madrid) o As Garzas (La Coruña), recién galardonados con una distinción, deberían notar en los próximos meses.

Sin embargo, muchos de ellos ya están llenos a diario. Por ejemplo, DiverXO, abierto en abril de 2007, sólo admite reservas con un mes de antelación ante la imposibilidad de gestionar una lista de espera interminable. Mientras, desde Michelin, añaden: "Sabemos que repercute notablemente y de forma muy positiva en el negocio de un restaurante, pero no es nuestra función cuantificar este dato".

En la otra cara de la moneda, aparecen inconvenientes como el notable incremento de costes y el impacto directo en la rentabilidad de un negocio hostelero para mantener un restaurante a la altura del estilo Michelin. Léase: servicio perfecto, instalaciones top, trato exquisito al cliente, amplia y completa bodega (a poder ser, con gran peso de vinos extranjeros) y cuartos de baño de lujo. ¿Acaso existe el prototipo de restaurante Michelin? "Es posible que algunos chefs abran su establecimiento con la única obsesión de conseguir una estrella", opina un restaurador.

Fuentes de potenciales candidatos
¿Cómo se inspiran los inspectores de la Guía Michelin para identificar a sus potenciales candidatos? Hay varias vías: establecimientos propuestos por los lectores, pistas variopintas, observación del trabajo realizado por los críticos, locales premiados y, por qué no, la clasificación internacional con los 50 Mejores Restaurantes del Mundo elaborada por la revista británica Restaurant. Este ránking, algo así como una contraclasificación de sabor más vanguardista que la Michelin y, probablemente más justa (se elabora con la votación de críticos y expertos), sitúa en el puesto 39 del mundo a Asador Etxebarri, que anteanoche logró una estrella Michelin.

De hecho, Restaurant es un enemigo molesto para el universo Michelin, ya que su relevancia mundial es evidente. "Ser el quinto mejor restaurante del mundo [como lo es El Celler de Can Roca] es algo más sencillo de explicar y transmitir que un número de estrellas", señalaba Joan Roca recientemente.

¿Llegará a ser Michelin más generoso con el éxito gastronómico español? Exagerando, puede que eso ocurra dentro de otros cien años. Cuando en 1900, los hermanos Michelin lanzaron su primera guía, André dejó escrito este augurio: "Este volumen aparece con el siglo y permanecerá hasta su final". Mientras, las guías nacionales y el ránking indie Restaurant seguirán dando la réplica a la gala.

Los inspectores
Son 86 'detectives' que recorren el mundo (70 en Europa, 10 en EEUU y 6 en Asia) para evaluar restaurantes. Es el batallón Michelin. En España, son 12.Estos inspectores ¿asalariados¿ han de tener "una experiencia profesional en el sector de hostelería de 5 a 10 años". Para trabajar, tienen un presupuesto, no desvelado, "asignado anualmente y en función de los costes a asumir para la realización y actualización de todas las Guías Michelin, independientemente del país".

· 137 RESTAURANTES
Es el número de establecimientos españoles con estrella Michelin, tras las 21 recién concedidas.

· 1.994 ESTRELLAS
Es la cifra de premios Michelin otorgados en el mundo por las 23 ediciones nacionales (con datos de 2009).

· 12%
Aunque no ofrece una cifra oficial de ventas de la guía en España, según Michelin, el crecimiento supera el 12% anual, en los últimos 10 años.

Protagonistas del último reparto
· MArtín Berasategui
El chef vasco ha hecho doblete, al ganar dos estrellas, una en Barcelona y otra en Tenerife. Acumula así seis distinciones (una de ellas, triple).

· Paco Roncero
Director de El Casino de Madrid, a través de su acuerdo con NH, y hombre de elBulli en la capital, ha obtenido el segundo premio para su local, La Terraza.

· David Muñoz
Representa la reserva imposible desde que abrió en 2007. La reciente mudanza a un local mejor habilitado le ha traído su primera estrella Michelin.

· Ramón Freixa
Una estrella en tiempo récord.Se mudó en junio a Madrid para abrir restaurante asociado con Rayet. Sus padres mantienen la suya en Barcelona.

· Beatriz Sotelo
Con Juan Manuel Crujeiras, son miembros de la nueva generación culinaria gallega. Regentan A Estación, en Cambre (La Coruña).

ARQUEOLOGIA GASTRONOMICA EN SEVILLA

Juan Luis Pavón - eldiariodesevilla.es
Al excelente arqueólogo Miguel Ángel Tabales, que ilumina las sombras de la historia de Sevilla con sus periódicas excavaciones en el Alcázar, hay que pedirle que en sus pesquisas subterráneas del Patio de Banderas busque el tarro de las esencias. Deben estar cerca de dar con él, pues a cinco metros de profundidad han hallado un fondo de cabaña que calculan es del siglo VIII antes de Cristo, y hay restos de una cocina prehistórica. De cuando lo que se llevaba era el sílex y no el silestone. Es el vestigio más remoto de población asentada en la ciudad. Qué buen ojo tenían para situarse en el marco incomparable, en el centro de la peatonalización. Aún no sabemos si nos trajeron al mundo como urbe. Pero destilaban Sevilla eterna a raudales.

De esa cocina, anterior a los caterings de Juliá, ha de salir información clave sobre nuestras señas de identidad, para aclarar los enigmas de la sevillanía. Si el tapeo es turdetano o fenicio. Qué fue antes de Julio César, la cola de toro o los albures en adobo. Qué diseño y color tenían los veladores en la época visigoda. A qué olía Sevilla mirando a La Meca. A qué temperatura se servía la cerveza cuando se elaboraban las tablas alfonsíes. Cómo se condimentaban los caracoles mientras coronaban la Giralda con la veleta. Cómo eran las sillas plegables para las fiestas saturnales. Qué se consumía en las botellonas extramuros.

Dentro de 28 siglos, cuando otros arqueólogos busquen el arca perdida de la Sevilla actual, se afanarán en construir una identidad con el menú turístico en Santa Cruz, el pellejo de altramuces, los huesos de jamón, las thermomix, la salmuera, la repostería de Laura Robles, los precocinados, los cafés de Starbucks, las espinacas con garbanzos, el telepizza, el recetario de Adriá y el pescao de freiduría. Mucha egiptología y un máster en sudoku les harán falta para desentrañar quiénes éramos y qué comíamos.

500 AÑOS DE FUSION

Una sabrosa reconquista
Por: Ángela Serrato - El Correo de Andalucía
 
José Manuel Cabello / Paco Puentes

Cinco siglos llevan la cocina andaluza y americana alimentándose entre sí. Para que sean al menos otros cinco la II Feria Andalucía Sabor se lanza en septiembre a un ‘nuevo descubrimiento’.

¿Hay algo hay más español que una tortilla de patatas? Pues este plato, que tanto gusta a los de aquí y a los que vienen de fuera, no tendría razón de ser sin la patata, un alimento que no estaría en todas las casas del país si no fuera porque un día unos marineros –con Cristóbal Colón al frente– partieron de un puerto de Huelva para descubrir América.

Desde entonces, el intercambio entre la cocina andaluza y americana ha sido un no parar y, por eso, la segunda edición de la feria internacional de alimentación Andalucía Sabor estará dedicada a este fenómeno que no ha perdido fuelle en cinco siglos. Y no lo hará, porque en el marco de la feria se constituirá la Academia Iberoamericana de Gastronomía, que tendrá su sede en Sevilla y en la que estarán representadas Andalucía, España, Portugal, Brasil, Argentina y México.

Así lo explicó ayer la consejera de Agricultura y Pesca, Clara Aguilera, que presentó en la Biblioteca de la Institución Colombina de Sevilla –no podía ser de otra manera–, la próxima edición de Andalucía Sabor, que se celebrará en septiembre en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla (Fibes). La cita gastronómica se constituye, dijo la consejera, “como un homenaje a América”, protagonista “del primer gran intercambio cultural de nuestra historia”.

Durante tres días, profesionales del sector de 21 países –algunos de Asia y América– intercambiarán ideas y opiniones en esta exposición, que cuenta con 4.000 metros cuadrados de superficie y que en su primera edición de 2007 recibió más de 7.000 visitas y contó con la participación de unas 1.500 empresas.

Dar a conocer el trabajo de los principales chefs de la región es otro de los objetivos de la feria, que albergará también concursos de cortadores de jamón, catas de vinos, conferencias y mesas redondas. Además, cada una de las jornadas estará dedicada a un tema específico. Así, el primer día se centrará en los productos procedentes de América y los autóctonos de Andalucía y en la manera en que ambos se han fusionado. La tapa será la protagonista de la segunda jornada y la influencia de la cocina andaluza en el extranjero, la de la tercera.

Al tiempo que la feria, se celebrará también el II Congreso Internacional de Alta Cocina, que lleva por título El nuevo descubrimiento y en el que participarán, entre otros, los cocineros Ferrán Adriá, Martín Berasategui o el andaluz Dani García. Además de chefs consagrados, en Andalucía Sabor tendrán cabida también los nuevos valores de la cocina, ya que estos días se celebrará la final del concurso Mejor Cocinero Novel del Año.

El objetivo final de esta feria no es otro que potenciar “el éxito del sector agroalimentario andaluz”, como dijo Clara Aguilera, que hizo hincapié también en que Andalucía “es una de las mayores potencias” del sector a nivel mundial, como lo demuestran las más de 5.000 empresas del sector que facturan unos 15.000 millones de euros al año. Para consolidar esta posición, en esta edición se incorporarán las industrias del sector pesquero y se ha ampliado la participación a todos los consejos reguladores de las denominaciones de calidad que hay en Andalucía.

Tres días en los que Sevilla se convertirá en la capital culinaria del mundo y aunque la feria sólo está abierta a profesionales del sector y no al público en general, todo lo que allí se fragüe lo tendrá sobre la mesa más pronto que tarde. Sólo habrá que tener un poco de paciencia...

Qué: Se celebra la segunda edición de la feria internacional de alimentación Andalucía Sabor, que está dedicada a América.

LA VIEJA COCINA DE PLINIO

Por: Luis M. Alonso - lne.es 

Han desempolvado a Plinio y con ello al primer detective gourmet de la literatura española, un precedente del Carvalho de Vázquez Montalbán. Al jefe de la guardia municipal de Tomelloso, personaje principal de las novelas de Francisco García Pavón, le volvían loco las gachas y las migas del cabo Maleza, un hombre de buen pulso en el cocinar como se cuenta en Una semana de lluvia.

Maleza, antes de guardia, había sido viñero y tenía la adoración de la comida, que ejercitaba en marcos apolillados. García Pavón se recreó hace años en describirlos de manera magistral: «Estos escenarios de las cocinas antiguas también se van. Como se van las moscas. Como se fueron los calzoncillos largos y las gallinas de corral.

Como se fueron las redinas del aceite, los toneles con caña cortada a sagita, las pelerinas, los colchones de lana, las abarcas, los puntilleros, los pantalones con mandilillo, las sayas bajeras, los refajos, los escriños, las cestas de mimbre, las cantareras, los botijos, los caramelos de malvavisco, las cencerradas, los judas, los ramos del domingo, los mayos, las canciones de carro...».

Breviarios del Rey Lear, al hilo de este merecido revival sobre García Pavón, acaba de publicar por virtud de Sonia García Soubriet un manual con recetas de Miguel López Castanier, con ilustraciones de Kim, sobre la cocina manchega. López Castanier, patrón del restaurante madrileño La Taberna de Liria, compagina su dedicación a los fogones con la divulgación gastronómica.

En las novelas de Plinio, ha encontrado una formidable excusa para volver sobre los pasos y proponer una alegre pitanza, adaptada a hoy, con las berenjenas de Almagro, el pisto, la pipirrana, el zancarrón con huevos, los galianos, las asaduras, los buñuelos, los churros y las tortas de Alcázar. Propuestas todas ellas recias y singulares, cara opuesta de la aburrida oferta franquiciada y de diseño con la que nos quieren dar el pego en nombre de la cocina creativa, de fusión y otras pamemas.

El mejor saber del cabo Maleza era hacer las gachas, la comida de los pobres tomelloseros. Las gachas se cocinan con harina de almortas. Son muy parecidas a la polenta que se come en el norte de Italia.

López Castanier plantea unas para el día de fiesta que llevan bacalao. La consistencia de las gachas debe ser la de una bechamel ligera, aromatizada con alcaravea, anís, pimienta negra y orégano. En el tueste está el secreto. «El punto del cuajo de las gachas y el tocino le cristalizó con su hechura del hombre y hacerlas era para él un rito y una inconsciente revivencia de su mejor edad y sus mejores padecimientos». Así son para Maleza, el cabo cocinero troncal de Plinio.

La cocina manchega es de gañanes y pastores, como bien ha escrito Lorenzo Díaz, autor de La cocina del Quijote. Sólo hay que ver los torreznos, las migas canas, las gachas, los pistos, los morteruelos y los tiznaos, que se siguen manteniendo en los figones de Cuenca a Ciudad Real, en Toledo, Albacete y en casi toda Castilla La Mancha.

Mención aparte merecen los duelos y quebrantos. Consiste en unos huevos revueltos con tocino entreverado, jamón serrano, chorizo, sesos de cordero, sal y pimienta, todo ello frito en grasa de cerdo. Cervantes, Lope de Vega y otros grandes de la literatura española del Siglo de Oro se refirieron a ellos, cuya historia mantiene abiertas las incógnitas.

Es conocido lo que sigue: «Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda». Es decir, la hacienda del ingenioso hidalgo manchego. Sobre el origen del revuelto se han escrito muchas cosas. Que la comida provenía de los tasajos de las reses (ovejas y cerdos) muertos que consumían los pastores y labriegos y que el nombre del plato se debe al dolor que producía entre los hacendados la pérdida de ese ganado. Cristino Álvarez, un «routier» gastrónomo o gastronómada, como se dice ahora, ha recordado que la modesta preparación literaria consiste, y como recuerdan algunos paradores castellanos, en «legumbres con huesos y despojos de ovejas muertas accidentalmente en cañadas».

La elaboración de los duelos y quebrantos es humilde como el plato. Con la grasa de freír el tocino, se pasa también el jamón y el chorizo. Los sesos de cordero se cuecen y se saltean con manteca de cerdo. Se incorporan a la fritura. Los huevos se baten en una cantidad proporcional y se termina el revuelto en la propia sartén. En la sartén, se cocinan casi todos estos platos de pastor que no son ollas de carne y vegetales. Por ejemplo, las migas manchegas, tras incorporar el pan duro remojado a la fritura del ajo y de las guarniciones. Todo sobre la marcha y de manera sencilla, como las gachas y otras elaboraciones similares.

La olla de algo más vaca que carnero, todavía presente en algunas comandas, se tenía por un guisote de circunstancias que se llegó a permitir los sábados en España pese al voto de abstinencia instituido con la fiesta del triunfo de la Cruz y más tarde abolido por el Papa Benedicto XIV, en el siglo XVIII. Lleva judías blancas secas, morcillo de vaca, pie de ternera, jamón serrano curado, hueso de ternera o cerdo, algo de tocino fresco, chorizos y unas rebanadas de pan blanco, además de laurel y granos de pimienta negra. El salpicón, «las más de las noches», no es sino una «ropa vieja», como tantas otras. Cervantes dejó prueba escrita del aprovechamiento de las sobras, extendido desde siempre en la cocina española. Los hidalgos castellanos, austeros, no eran una excepción dentro del conjunto: aprovechaban los restos de la carne del cocido de la comida y en ellos mismos encontraban el salpicón de la cena.

La pitanza de Don Quijote incluye también el palomino de añadidura de los domingos. El palomino, quintaesencia de los fogones manchegos, es el pollo o pichón de la paloma brava. En los itinerarios quijotescos, desde Esquivias hasta el Campo de Montiel, de Almodovar a Garcimuñoz, las mejores mesas ofrecen palominos. La forma más tradicional de prepararlos es trocear los pájaros en cuartos, sin patas ni cabezas. Lo siguiente es ponerlos a macerar en una gran cazuela de barro con leche, un poco de vino blanco seco, cebolla y ajo aplastado en su propia piel, por espacio de cinco horas. A continuación, freírlos enharinados hasta que doren y, devueltos a la cazuela, cocinarlos a fuego suave en el mismo adobo. Al guiso se incorporará un sofrito de pan, almendras y piñones, majado en el mortero. Los palominos se servirán tiernos con una reducción de la salsa.

El pichón que ofrece Manuel de la Osa, uno de los cocineros más creativos de España, en su restaurante de Las Pedroñeras (Cuenca) no tiene mucho que ver con el palomino de los domingos de Alonso Quijano o de los hidalgos cervantinos. La carne, roja en un punto sublime, aromatizada con canela, envuelve al comensal en inolvidables texturas y fragancias. Junto con la sopa fría de ajo o la morcilla de caza sobre crema de patata, viene a ser un exponente de la gran gastronomía moderna manchega.

La cosa no acaba ahí. Los gazpachos o galianos son estupendos. También, el tojunto o la caldereta de cordero, o el atascaburras (guiso con bacalao). Y sobresaliente es el morteruelo de Cuenca, gran paté nacional basado en una vigorosa selección de las carnes de caza. Un morteruelo sobre unas tostadas o simplemente rebanadas de pan de leña sirven con una botella de vino, sin más, para una merienda gloriosa.

El Campo de Calatrava es cuna de la noble y generosa Cencibel, que evolucionó de la variedad tinta de Borgoña que introdujeron los monjes cistercienses. La Mancha, con la mayor extensión de viña de España, ha sido siempre tierra de queso y vino. Tomelloso -tierra del pintor Antonio López y del citado escritor Francisco García Pavón-, está levantada «sobre una gran cisterna de vino», como escribió Víctor de la Serna. Los caldos manchegos tienen ahora una proyección distinta para el consumo y una elaboración mucho más cuidada. «Carne de hoy, pan de ayer y vino de antaño, y vivirás sano», reza el refrán. O «en San Clemente buen vino, mejor gente». Y así.

Conscientemente, al igual que Plinio, me he olvidado del colesterol. La Nueva España - Asturias,Spain

200 AÑOS DE PESCAITO FRITO

El escritor Manuel Ruiz presenta en el Baluarte de la Candelaria su libro ’Cocina y Gastronomía en el Cádiz de las Cortes’
SANDRA SALAZAR - CÁDIZ
Es difícil imaginar a Napoleón y su ejército francés intentando invadir la provincia y comiendo pescaíto frito. Sin embargo, el escritor Manuel Ruiz Torres, ha dado a conocer la historia gaditana de hace dos siglos a través de la alimentación del Cádiz de las Cortes. El gazpacho, el puchero, la berza, el atún de Barbate en aceite de oliva, o el tradicional pescaíto frito ya se comían en 1812.
De hecho en la capital gaditana existían 84 freidores. «Con el paso de los años Cádiz ha perdido población y también freidores», explicaba con un toque de humor el periodista José Monforte en la presentación del libro Cocina y Gastronomía en el Cádiz de las Cortes. No dudó este en destacar la labor de investigación y documentación junto con «el espíritu de científico» que han enmendado este recetario histórico. «Como un buen bistec con una buena fritá de papas, es este libro acompañado de datos desconocidos de la época», manifestó.
Escritor de novela, relato y ensayo; poeta y articulista, Manuel Ruiz, se lanza en su décima publicación a convertirse en gastrónomo. El autor de este sabroso libro recordó en la presentación de su obra, en plena Feria del Libro, que fue Antonio Rodríguez Cabaña, quien aprobó su proyecto «cuando en muchas otras oficinas lo rechazaron por no querer apostar al número 12». La tortilla francesa y la española no pasaron desapercibidas, como tampoco lo hicieron los franceses que un 25 de agosto dos siglos atrás dejaron en la capital amarilla sus cañones y muchos platos que comemos hoy día pero con otros nombres. Y con nuevos ingredientes que se iban añadiendo para cubrir las carencias de unos años de pobreza, al ser un pueblo, explicó Ruiz, que «fue capaz de resistir no tanto al francés sino las miserias de una vida».
El mismo autor del libro lo describió como «tremendamente narrativo y creativo». «Además de un libro de historia me ha salido una especia de novela coral con personajes literarios», asegurando que «la historia, como la poesía o la filosofía, es un género de ficción salvo que intenta narrar la realidad». También la diputada de Cultura, Ana Mosquera acudió a esta presentación en la que recordó que «entonces para muchos comer era un lujo, y algunos comenzaban a hablar de lo que comían, así en la cocina también se vivió una revolución, que como la democracia tuvo que esperar para terminar de implantarse».