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CENTRO DE INVESTIGACIÓN DE LOS ANDES

05 ESPAÑA

LOS IBEROS

Gastrografía - España

Por: Nuria Baguena - A Fuego Lento

La alimentación de los iberos esta basada en la trilogía de trigo, aceite y vino, como otros pueblos mediterráneos. Vivieron principalmente en el levante y sur de la península, desde los primeros restos arqueológicos, al inicio del neolítico hacia el año 1000 a.C. hasta su romanización, crearon una gran cultura desconocida, en parte, porque no entendemos sus textos.

Las casas tenían cocina, en una se ha encontrado una parrilla muy singular, un rectángulo 50x30 cm., con un reborde de unos 15 cm. de alto, dentro del cual hacían brasa y encima encajaban una parrilla de hierro forjado, con una gran asa, con forma de toro a cada lado, así podían levantarla y la brasa siempre estaba a punto. Otro gran invento de los iberos fue el molino rotatorio para moler cereales, este invento se extendió rápidamente por el mar Mediterráneo.

Sabemos mucho sobre los cazos, jarras y otros enseres de cocina gracias a su arte cerámico, eran famosas sus manufacturas de donde salían piezas para vender e intercambiar con otros pueblos, estas piezas las podemos ver por ejemplo en el Museo de Prehistoria de Valencia. Son los primeros en la península a acuñar moneda, dominaban la metalurgia, se han hallado llaves, tenazas y muchas otras herramientas agrícolas, a destacar el invento de un arado de rastrillo, que aún hoy en día se fabrica igual. Pueblo agrícola y pescador, comían legumbres, que hervían en ollas, junto con grasa o carnes.

Hacían guisados en cazuelas, las hay bajas y de paredes altas. Hay también unos morteros con unas pequeñas incrustaciones en el fondo que se cree que servían para rayar o picar mejor los alimentos. Cocían potajes tipo gachas de habas, de harina de trigo que comían en escudillas de cerámica.

Sus animales predilectos eran el cerdo, la gallina, la oveja, la cabra, según el autor romano Estrabón los iberos del norte hacían jamones, también sabemos que elaboraban quesos y se supone que panificaban la harina. Las frutas tampoco faltaban en su mesa, peras, manzanas, higos, uvas y sobre todo almendras y avellanas completan su dieta.

Estuvieron en contacto con los fenicios, etruscos, cartagineses, griegos y romanos, como demuestran la circulación de piezas de estas culturas y también porque los griegos y los romanos nos han dejado textos sobre esta singular cultura y su manera de negociar con las mercaderías, Herodoto en su libro de Historia, relata como lo hacían, los barcos al llegar a la costa dejaban las mercancías y se alejaban haciendo señas de humo, los iberos se acercaban y dejaban al lado sus mercancías y oro, para el intercambio, luego se alejaban y los forasteros volvían otra vez a tierra, para ver como habían sido valorados sus productos, si estaban de acuerdo, se llevaban lo expuesto, y se iban, si no regresaban a sus barcos y esperaban una mejor oferta.

Este intercambio silencioso se practicó durante mucho tiempo y se cree que es el responsable de enriquecer a jerarcas iberos.

www.nuriabaguena.com

MARMITAKO

GASTROGRAFÍA - ESPAÑA

Este plato tiene su origen en los barcos vascos de pesca. Su nombre proviene de la palabra marmita que es el recipiente donde se preparaba el marmitako a bordo de los barcos. Al ser una receta clásica, existen bastantes variantes. Lo importante es que el guiso resulte más picante y fuerte que soso y que el bonito siempre quede jugoso.

Ingredientes
para 4 personas
>800 gr de bonito limpio de piel y de espinas y partido en cubos
>1 kg de patatas
>2 tomates pequeños pelados y escurridos de agua y semillas
>3 pimientos verdes cortados en juliana
>2 pimientos choriceros
>3 cebollas picadas
>5 dl de vino blanco seco
>1 litro de agua
>sal, pimienta, aceite de oliva

Tiempo de realización 50 minutos.

Preparación

1. Remojar en agua fresca los pimientos choriceros. Escaldarlos en agua hirviendo, retirarles la pulpa y reservarlos.

2.
Rehogar las cebollas en un poco de aceite de oliva, hasta que empiecen a dorarse. Después añadir los pimientos verdes en juliana. Rehogar hasta que empiecen a dorarse. Añadir las patatas en trozos medianos, el vino blanco y un poco de agua templada hasta cubrir las patatas. Salpimentar. Reponemos agua, según se vaya evaporando y removemos de vez en cuando. Conviene usar patatas harinosas para trabar algo más la salsa. Si no es posible, puede compensarlo haciendo puré algún trozo de patata y añadiéndolo para trabar más la salsa.

3. Cuando ya estén casi cocidas las patatas, añadimos el tomate hecho puré y la pulpa del pimiento choricero. Dejar cocer unos minutos.

4. Añadir el bonito y dejar 5 minutos más hasta que esté hecho. Tenga en cuenta que el bonito se hace enseguida.

5. Servir tibio y si se desea, espolvorear con un poco de perejil picado.

QUESO IDIAZABAL - ESPAÑA

Gastrografía - España
SAN SEBASTIÁN. DV. Este domingo la fiesta del Gazta Eguna (Día del Queso) de Idiazabal llegará a su undécima edición, y como es costumbre el público podrá catar quesos de 22 queserías y además emitir su voto para el premio popular. Habrá quesos de las tres provincias de la Comunidad Autónoma Vasca y de Navarra, y también un puesto de la cooperativa Azkorria, de la Baja Navarra, y otro de un productor de queso Mahón de Menorca.
Los pastores abrirán sus puestos a las 10 de la mañana. Una hora más tarde, varios pastores locales comenzarán a elaborar queso, tanto a la manera de las anteriores generaciones como al modo actual. Además, en una txabola se llevará a acabo el proceso de ahumado del queso.
En la presentación de ayer, el alcalde de Idiazabal, Ioritz Imaz, dijo que «nosotros tenemos unas fiestas patronales, por San Blas, y ésta es la fiesta de nuestra identidad. Los pas tores venden tan bien el nombre de nuestro pueblo que nosotros debíamos corresponderles con una gran celebración. El Idiazabal es un producto único».
La gerente de la Denominación de Origen, Miriam Molina, dijo ayer que «al final todos los ciudadanos somos expertos en queso Idiazabal y lo hacemos nuestro».
El queso Idiazábal es aquel que corresponde al elaborado en el País Vasco y en Navarra (excepto los municipios integrantes del valle de Roncal) integramente con leche de oveja de las razas Lachas (Latxas) y Carranzanas. Es un queso graso de leche de oveja con una maduración mínima de sesenta días, de entre 1 y 3 kg por unidad prensado y no cocido.
El origen de todo está en la naturaleza y más tratándose de un producto tan genuino y espontáneo como el IDIAZABAL.
Sin apenas variaciones, a lo largo de más de ocho mil años, desde el Neolítico, pastores y ovejas han seguido las viejas rutas determinadas por las estaciones: los pastos de altura en primavera, verano y otoño, los valles durante el invierno, a fin de aprovechar un alimento natural que sigue un ciclo inmutable.
La oveja latxa es un animal pequeño, rústico. Una oveja de ordeño que produce una cantidad de leche limitada - unos cien litros por temporada, principalmente desde febrero hasta junio - pero de gran calidad. Es un animal resistente, buena transformadora de pastos y excelente criadora de corderos. Pero las ovejas latxas (y carranzanas), además de la alta calidad de la leche que ofrecen, tienen su alto valor añadido en otros muchos aspectos diferenciales.

PERSONAJES DE LA GASTRONOMÍA ESPAÑOLA

Gastrografía España

Cocineros - En la actualidad la cocina española está "de moda", especialmente gracias a Ferran Adrià, que en el verano de 2003 tuvo una gran proyección internacional gracias a los elogios que le rindieron en el suplemento dominical del New York Times. En un largo reportaje, se le declaraba el mejor cocinero del mundo, y se postulaba la supremacía de la cocina española sobre la francesa.

Además de Adriá y su restaurante "El Bulli" (sito en la provincia de Gerona), hay otros cuatro cocineros españoles que ostentan tres estrellas de la prestigiosa Guía Michelin:

Por su proyección mediática, cabe mencionar también a:

  • Karlos Arguiñano, quien durante años ha presentado programas de cocina en distintas televisiones españolas, en los que despliega sus artes de comunicador, al tiempo que las culinarias.
  • Jose Andrés cocinero técnico y capaz de combinar lo clásico con lo moderno en sus platos.
  • Simoné Ortega, autora del libro de cocina más vendido en España: "1080 recetas".
  • Sergi Arola, cocinero del restaurante "La Broché", discípulo de Adrià.
  • Darío Barrio.

También destacan algunos nombres propios en la historia española, como:

  • María Mestayer de Echagüe, "Marquesa de Parabere": autora de una enciclopedia de cocina en dos tomos (el segundo dedicado a la repostería) que aún sigue publicándose y que cuenta con un buen número de recetas, así como capítulos dedicados al protocolo en la mesa.

Gastrónomos españoles

  • Gregorio Marañón: además de su dedicación en "cuerpo y alma" a la medicina, escribió sobre casi todo: historia, arte, la cocina, el vestido, las masas, etc. Hasta la década de los años sesenta, fue una de las plumas más destacadas de la gastronomía española.
  • José Pla: a partir de la segunda mitad de los años 50 Pla continúa viajando e inicia la preparación de sus obras completas, tarea a la que se dedicará de lleno también durante la década siguiente. Es una etapa crucial en su trayectoria ya que supone una reescritura casi total de su obra y la construcción del programa estilístico planiano, con el que trascenderá el periodismo y consolidará su estilo, siendo en aquellos momentos uno de los periodistas de mayor consideración.
  • Manuel Vázquez Montalbán: escritor que cuenta con algunos libros de gastronomía como "Contra los gourmets".
  • Álvaro Cunqueiro: periodista y colaborador asiduo del diario Faro de Vigo, autor de la introducción en el libro "Cocina Gallega".
  • Nestor Luján: periodista y gastrónomo catalán. Destaca la obra "El libro de la Cocina Española", escrita en colaboración con Juan Perucho.
  • Luis Cepeda: periodista y gastrónomo madrileño. Destaca la obra "100 Platos Universales de la Cocina Vasca". Es director técnico de la Federación de Asociaciones de Cocineros y Reposteros de España y crítico gastronómico de ON Madrid (El País) y otras publicaciones.
  • Juan B. Viñals Cebriá: investigador gastronómico valenciano, ex colaborador del periódico Levante, EMV, en "Gran Valencia", 1974-1987. Especializado en la cocina tradicional de la Comunidad Valenciana autor entre otras de la "recepta" (receta) de la Paella de la Parreta / Paella Valenciana. Fuente: Wikipedia.

COCINA TECNOEMOCIONAL

ROSA RIVAS – Madrid – El País

Si los franceses tienen su nouvelle cuisine, la cocina española no iba a ser menos en cuanto a etiquetas culinarias se refiere. Los expertos la han bautizado como tecnoemocional. La técnica aliada con la creatividad de los cocineros para suscitar emoción en los comensales. La vanguardia culinaria española ya tiene nombre y también está en el mapa de la historia gastronómica de Occidente en los siglos XX y XXI.

De Auguste Escoffier a 2008. Cien años en los que primero dominó la influencia francesa y luego la española. Ésta se alimenta del pasado, no renuncia al trabajo de los predecesores y está clara su influencia en chefs actuales.

Tras el debate iniciado el pasado año en los foros profesionales sobre el nombre que debería tener la revolución culinaria española -igual que los franceses bautizaron la suya como nouvelle cuisine-, llegó una propuesta de consenso en febrero pasado durante la cumbre Madrid Fusión. Allí, el periodista Pau Arenós mostró el "genoma de la cocina contemporánea", donde figura el "embrión tecnoemocional" y su consolidación. La inspiración son los diagramas que Alfred H. Barr, fundador del MOMA neoyorquino, hizo sobre el desarrollo del arte moderno.

Entre las ramas de un minimalista árbol genealógico, los cocineros españoles aparecen como herederos y precursores, como bebedores de fuentes y generadores de nuevos cauces. Diálogo con la ciencia y las artes, riesgo, humor y provocación son ingredientes de su trabajo.

La revista gastronómica Apicius (con ediciones en España, Francia e Italia) lo había anunciado. Y ahora lo ha reconocido la Academia Internacional de Gastronomía, que representa a 30 países. Apoya "por unanimidad", la definición tecnoemocional "para la cocina actual y su proyección futura".

COCINA EN EL SIGLO DE ORO ESPAÑOL 2

Más de medio centenar de expertos en historia y gastronomía se dan cita en Salamanca en el marco de un curso organizado por el grupo de Ciudades Patrimonio y la Universidad de Salamanca sobre el legado y pervivencia de los usos de cocina del Siglo de Oro en el momento actual.

Una presencia que los participantes pudieron sentir muy cercana, ya que además de la parte teórica, el curso incluyó la celebración de un banquete del Siglo de Oro, organizado por los cocineros José Carlos López Sosa y Santiago Lurueña. Un opulento convite que ofreció a los comensales platos tan llamativos como empanada inglesa de carne y turmas de tierra, guisado de albujávanas, lechuga rellena de ternera, torreznos lampreados, olla podrida, sábalo escabechado, arroz con leche de almendras o tortada de higos.

Precisamente, el conocido periodista y crítico gastronómico Javier Pérez de Andrés, destacó en la apertura del curso la importancia de que «la cocina histórica se reivindique ante la cocina vanguardista como una corriente igual de válida» y señaló que «igual que las ciudades Patrimonio cuidan su imagen, su urbanismo o su programación cultural, también es de vital importancia que conserven la gastronomía como un legado más».

Por su parte, Carmen Simón Palmer - Premio Nacional de Gastronomía en el año 2003-, abrió las ponencias teóricas con una disertación sobre «la cocina de Palacio». La historiadora afirmó que durante el Siglo de Oro «los cortesanos tenían una dieta basada casi exclusivamente en la carne pero no por culpa de los cocineros sino de los médicos, las verduras, la leche o el queso que hoy consideramos imprescindibles para una dieta sana, estaban contraindicados por los doctores».

Esta situación, según Carmen Simón, explica la presencia de la gota en las familias reales y en general, el hecho de que los monarcas vivieron menos que sus súbditos a pesar de las duras condiciones de la época.

De hecho, explicó que era habitual que los hijos ’naturales’, tenidos fuera del matrimonio, vivieran más que los legítimos. «El cuidado de los niños recién nacidos en la familia real se encargaba a las nodrizas, que se escogían entre el pueblo llano y con las que pasaban hasta los 3 años, al cumplir esa edad desde el primer día pasaban a los banquetes donde pasaban de golpe a comer asados, capón, gallina, huevos, y muchos no lo soportaban y morían», afirmó.

«Alimentar el espíritu»

Por otra parte, el estudio de los archivos reales pone de manifiesto otras curiosidades, como el hecho de que desde 1547, cuando se aprueba la cédula que afirma que «los reyes comen sólo para alimentar el espíritu», no haya ni una sola ilustración o grabado de los monarcas españoles comiendo.

Igualmente, Carmen Simón afirma que los reyes en el Siglo de Oro «tenían miles de personas a su servicio» y que la responsabilidad de organizar cada banquete recaía en un grupo de siete jefes que recibían el nombre de sumilleres, hoy destinado únicamente al experto en vino.

En los archivos, aseguró la historiadora, también quedan constancia de los «antojos reales» durante los embarazos y afirmó que «alguna reina en estado, después de haber cenado 60 platos tenía en plena noche el antojo de sardinas y había que salir a buscarlas por Madrid». nortecastilla.es

COCINA EN EL SIGLO DE ORO ESPAÑOL

La estudiosa de Cocina a lo largo de la historia y Premio Nacional de Gastronomía 2003, Carmen Simón, destacó hoy en Salamanca que los reyes españoles del Siglo de Oro 'comían fundamentalmente carnes, no comían ni legumbres, ni frutas, si verduras, por eso muchos morían de gota'. Asimismo, indicó que uno de los platos más demandados por los monarcas era el carnero asado 'bien rodeado de tocino, que también servía para distinguirse como cristianos'.

Según la académica, esta elección se debía 'no a los cocineros, sino a los médicos, que así lo recomendaban'. De ahí que 'el pueblo llano era el que hacía una alimentación saludable, por eso vivían más que los reyes', añadió.
También hizo hincapié en que en las distintas ceremonias, el rey del momento comía separado del resto de invitados, lo hacía en un estrado a mayor altura para que no le viesen alimentarse. Un ritual que se mantuvo hasta Isabel II, que fue la primera en compartir mesa y mantel con distintos ilustrados y amigos del momento.

Así lo aseguró Carmen Simón en la inauguración de las jornadas sobre 'Gastronomía en el Siglo de Oro', organizadas por el Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad, que comenzó hoy en el Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca y que terminará el próximo sábado.

El curso, dirigido por la directora Académica de Formación Continúa de la Universidad de Salamanca, María Cruz Sánchez Gómez, contará con la participación de más de medio centenar de personas. Asimismo, el objetivo es conocer el legado de la gastronomía del Siglo de Oro en la cocina actual, se pondrán de manifiesto los usos y costumbres culinarios de personajes ilustres de la época y cómo quedaron reflejadas las mesas del Siglo de Oro en los lienzos de los pintores más célebres.

Este encuentro contará con la presencia de ponentes como Jaume Fábrega, autor de más de cincuenta libros de gastronomía, por los cuales ha obtenido hasta en seis ocasiones los Gourmand World Cookbook Awards.
Entre los ponentes, además de Jaume Fábrega, quien disertará sobre 'Fuentes ocultas de la cocina del siglo de oro: del Libro de Sent Soví y Ruperto de Nola al Tirant lo Blanc', también destaca la presencia del Premio Nacional de Gastronomía 2003 y autora de libros como 'La cocina de Palacio (1561-1932)', Carmen Simón Palmer; o del reciente Premio Nacional de Gastronomía 2007 al mejor libro de historia culinaria en España por 'Cocina y alimentación en los siglos XVI y XVII', Julio Vallés Rojo.

Completarán las intervenciones expertos como José Ramón Alonso Sarró, 'Del comer, el beber y el vivir de la imperial Emérita Augusta a la noble Norba Caesarina', la profesora de Historia del Arte Margarita Ruiz Maldonado, 'El bodegón español en el Siglo de Oro';, el comunicador Javier Pérez Andrés, 'El compromiso gastronómico de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad'; y el catedrático de Literatura Española Jacobo Sanz Hermida, 'Arte de bien yantar para vivir. Salud y gastronomía' y 'La mejor gastronomía de las ollas. Gastronomía en la literatura española del Siglo de Oro'; entre otros.

Tras 'paladear' la teoría también se degustará un 'Banquete del Siglo de Oro' que cerrará el curso y estará a cargo de los jefes de cocina José Carlos López Sosa y Santiago Lurueña, según el Ayuntamiento. El convite pondrá sobre la mesa empanada inglesa de carne y turmas de tierra, guisado de albujávanas, lechuga rellena de ternera, torreznos lampreados, olla podrida y sus ministerios, sábalo escabechado, gigote de perdiz, arroz con leche de almendras, frutas y tortada de higos; 'todo ello bajo la música y el espectáculo del Siglo de Oro en la calle y en la taberna', añadió la organización.

Terra Actualidad - Europa Press

LA COCINA MADRILEÑA

Por Carlos Azcoytia - Grupo Gastronautas - www.historiacocina.com

No tenemos constancia histórica de una cocina propiamente dicha hasta finales del siglo XV, quizá porque la alimentación era bastante deficiente por falta de infraestructuras en la época medieval, donde todo se reducía a productos de temporada y puntuales según el lugar, en una Europa sumida en las tinieblas.

El plato rey para la nobleza era el cocido, un tipo de puchero, favorito del rey Carlos I y de las clases sociales elitistas como el clero o los nobles. Hasta ya entrado el siglo XIX no estuvo este plato al alcance de las clases medias del país, hasta que casi se convirtió en el alimento básico de las clases obreras en épocas recientes.

Para el pueblo llano, en los principios de esta cocina, la alimentación era pobre, baste recordar el comienzo de la novela Don Quijote de la Mancha: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo caballero... Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda”.

Con la Casa de Austria se inicia un cambio en la cocina Madrileña y castellana, la influencia de Borgoña gana adeptos en la nobleza hasta que en el año 1.598 los nobles elevaron una súplica a Felipe II para “restituir el servicio de su casa al uso, oficios y nombres de la antigua Castilla”. La diferencia estribaba no sólo en  la preparación, condimentación y cocción, sino en la misma presentación de los platos, como muy bien cuenta el coetáneo Don Ambrosio de Salazar, partidario de la mesa borgoñona: “Esto tienen los franceses por bueno, que son complicadísimos en sus mesas: al contrario, en España, que cuando ponen la mesa, traen cada plato aparte, y cuando han comido el uno traen el otro; y me parece que la orden de Francia es mejor, que ponen todos los platos de un golpe, y cada uno come lo que le da gusto, aunque dicen que es comer siempre fiambre, porque la comida se resfría en la mesa”.

Fuertes contrastes los del principio de esta cocina, como fuertes eran las diferencias sociales e injusticias que se cometían con el pueblo. Por una parte estaba la nobleza y los oligarcas que comían con lujuria y por otra la gran mayoría de los habitantes que luchaban cada día por sobrevivir. Tenemos constancia de los pantagruélicos banquetes que se servían como de las penurias que pasaba el pueblo contados por escritores o pintores y por notas que quedaron en las bibliotecas y archivos reales. Ejemplos de esta lujuria desenfrenada de las clases pudientes y base de este tipo de cocina que hoy es popular tenemos los siguientes:

Según Quijada, servidor de Carlos I, éste ya en su retiro de Yuste solía almorzar mucha fruta al comienzo de las comidas, cerezas y fresas con mucha nata, capón cocido con leche y especias, pasteles de anguila y melón entre otras. Hay una anotación del tal Quijada muy curiosa sobre la alimentación del emperador: “Las anchovas llegaron ayer sábado de mañana y fueron bien recibidas y mejor comidas. Su Majestad no comió otro pescado ayer; lo demás fue todo morcillas y cosas de sábado”.

 Felipe II fue obsequiado en una ocasión por el Conde de Benavente con una merienda compuesta por más de quinientos platos de dulces y pescados, entre ellos una trucha de veintidós libras.

Para celebrar la jura de Felipe III, efectuada en Monzón, se sirvieron en la cena noventa y seis platos.

Podríamos estar escribiendo mucho sobre este abuso alimenticio por parte de los poderosos, hay mucha literatura y muchos datos históricos que lo avalan, pero lo dejamos para otro artículo dedicado a este menester, ahora nos centraremos en la historia de la cocina de esta región y ciudad española, la cual no sería comprendida sin estas anotaciones obligatorias. 

Era tan importante el puesto de jefe de cocina que éste tenía, además de la paga, los siguientes beneficios cada día: Dos libras de pan, un cántaro de vino, diez libras de carne de ternera, seis libras de grasa en invierno y tres en verano; en los días de ayuno, cuatro libras de pescado, una docena de huevos y una libra de manteca; además le correspondía cada día la gallina con la que se preparaba el caldo de Su Majestad.

Por contra a todo lo narrado tenemos el hambre de la gente de la calle de esa época, en los inicios de la cocina madrileña y castellana. Los que mejor supieron retratar esas hambrunas fueron Murillo en sus cuadros y Cervantes en su obra “Rinconete y Cortadillo”. Pero no fueron los únicos, la literatura española está llena de obras y anotaciones. Entre ellos tenemos a Juan de Arguijo que nos cuenta: “Galarza dijo del marqués de Almansa, pobrísimo y devotísimo señor, que comulgaba de pura hambre a menudo, para comer algo...” o de Quevedo en el Buscón: “Comieron una comida eterna sin principio ni fin. Trajeron un caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer... Noté con la ansia que los macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo huérfano y solo...” y por último y para no cansar este verso de Miguel Moreno: “Juan a comer convidó a Pedro que fue en ayunas,  y poniéndole aceitunas al principio lo admiró. Y dijo: En mi tierra vi    que éstas siempre postres fueron. Juan respondió: Y no mintieron,  que también lo son aquí”.

Para hacernos una idea de lo que era el menú de una familia media citamos a Quiñones de Benavente en el Entremés del Mayordomo: “Los jueves y domingo manjar blanco, torreznos, jigoticos, alguna polla, plato de yerbas, reverenda olla, postres y bendición....

Los viernes, lentejitas con truchuela; los sábados que es día de cazuela, habrá brava bazofia, mojatoria, y asadura de vaca en pepitoria, y tal vez una panza con sus sesos, y un diluvio de palos y de huesos”.

La época dorada de la cocina madrileña llega a finales del siglo XIX, donde creemos que es cuando se populariza y toma carácter propio y universal; florecen buenos restaurantes como fueron el Café Suizo, El Mesón de Paredes, Fornos o Lahrdy y cocineros excepcionales como fueron Ángel Muro, Agustín Lhardy y el Tío Lucas entre otros. Sobre este último tenemos una receta tomada de puño y letra y recopilada por Ángel Muro, ya citado anteriormente, en la que se demuestra que la destreza en la cocina puede estar reñida con la destreza en el manejo de la lengua castellana. Por lo rara y pintoresca que nos parece no podemos resistimos a copiarla tal cual fue escrita: “Se mete en una oya de varro, una livra de tozino, mu partio, con Aceyte paque se reajogue bien y sechan cuatro livras daluvias con cevoyas, agos, perrejil, comino, laurel, sal, pimentón i arrima la oya al fogon qe cuescuatro oras”.

Hay que destacar como receta de la cocina madrileña, aparte del cocido, los callos, del cual tenemos constancia histórica desde el año 1.599 y que como todos sabemos son pedazos de estómago de vaca o de carnero que se comen guisados. Al que escribe este artículo le gustan en particular, aunque son bastante pesados de digerir y contienen un alto contenido en colesterol. La receta para hacer este riquísimo plato es la siguiente según Teodoro Bardají, que era el chef de cocinas de los duques del Infantado:

CALLOS A LA MADRILEÑA

(Para ocho personas)

1 Kg. de callos, una pata de cerdo, un morro, 200 grs. de chorizo, 150 grs. de jamón cortado en trocitos, 150 grs. de morcilla, ½ litro de vino blanco, 1 cebolla grande muy picada, 1 zanahoria mediana, puerro picado, 3 dientes de ajo, ½  kg. de tomates pelados y muy cortados, 10 granos de pimienta, un clavo, una cucharada sopera de pimentón picante, 1 dl. de aceite de oliva, una hoja de laurel y sazonar al gusto.

Volviendo a los restaurantes de finales del siglo XIX hemos de hacer especial incidencia en el de Lhardy, el mejor de todos, que abrió sucursal en Madrid en el año 1.839. La casa principal la tenía en París y su dirección estaba en la Carrera Jerónimo 9 y fue el centro gastronómico de Madrid hasta que pasó a Fornos que tenía abierto las 24 horas.

En la actualidad son muchos y muy buenos los restaurantes madrileños y muy larga la lista para enumerarlos, no en balde Madrid es la capital del reino, pero todavía quedan aquellos restaurantes con sabor típico y castizo, tanto en Madrid como en Alcalá de Henares, donde se pueden degustar la olla podrida, el cocido y los callos o las riquísimas elaboraciones de repostería de los conventos de clausura, como son las rosquilla y las almendras garrapiñadas.