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ACHICAY, LA BRUJA COCINERA
Por: Jaime Ariansen Céspedes
Hace muchos años, en Huanuco, nació una niña muy poco agraciada, tenia todos los defectos estéticos que ustedes se puedan imaginar, conforme crecía se acentuaban estas características, una larga y aguileña nariz que se encontraba con una prominente y curva barbilla. Flaca y desgarbada coronaba su estrecha espalda con una puntiaguda joroba, pelo negro retinto, hirsuto, grueso, imposible de peinar, complementaban su extraña y horrible figura.

Cómo algunos niños son crueles, se burlaban de la apariencia de la extraña criatura y le gritaban "cara de pájaro", ¡Achicay!, y otros mil improperios, pero este apodo fue el que quedo grabado como él más popular.
Poco a poco, y conforme crecía, "Achicay" se fue separando de las maldades del mundo y silenciosamente se fue alejando de todo, hasta que decidió irse a vivir al campo, a un solitario paraje donde nadie se burlara de su estrafalaria figura. Se fue quedando completamente sola, las gentes de la región conocían de su existencia, pero nadie del lugar se le acercaba ni le brindaban su amistad y por supuesto comenzaron a brotar miles de cuentos y chismes atribuyéndole toda clase de brujerías.
Un día paso por su destartalada choza una apuesto capitán inca, llamado Allka Huallpa, sobrino del emperador y muy reconocido en todo el Tawantinsuyo, por su valor en las batallas. Su apetito, después de la larga jornada, fue la guía que lo condujo hasta esa pobre y solitaria morada de la que salían tan sugestivos aromas. Cuando uno de sus soldados llamo a la puerta para pedir posada para su señor, no pudo evitar un estremecimiento de temor al enfrentarse a esa horrible y tenebrosa vieja.
Estaba dispuesto a regresar sin pronunciar palabra, pero lo detuvo la mano fuerte de Allka Huallpa, quien había bajado de su litera y estaba junto al soldado, diciendo: Achicay hizo un torpe ademán indicando que podía pasar a la choza.
Allka Huallpa, se sentó en una sencilla butaca de madera, mientras la mujer procedía a servirle una humeante taza de chupe, desde el primer bocado comenzó una extraña transformación, el lugar se fue inundando de una suave y tibia claridad, mientras que los toscos utensilios y muebles de afinaban y cobran diferentes tonalidades.
Pero lo que más impresiona al joven guerrero, fue la transformación de la cocinera, que protagonizo una rápida y cadenciosa metamorfosis hasta lucir como una joven de impresionante belleza, con una larga, reluciente y negra cabellera que enmarcaba una dulce cara con los ojos más hermosos y brillantes que se puedan imaginar. La delgada túnica trasparentaba un esbelto y voluptuoso cuerpo que encandilo al visitante hasta paralizarlo de admiración.
El hechizo de Allka Huallpa fue instantáneo y completo, comprendió que había llegado a el la felicidad eterna y sabría que desde ese momento no debería separarse ni por un instante de tan celestial doncella y estaba dispuesto a renunciar a todo para compartir el resto de su vida con tan sensual belleza.
Por otro lado, nadie comprendió, nunca jamás, que había pasado, y como un apuesto galán, un príncipe del Tawantinsuyo, había renunciado a todas sus glorias y privilegios para irse a vivir a una humilde choza, de un olvidado paraje, con la más horrible de las mujeres.
Muchos años después, una cocinera del lugar, me explico el sentido de esta romántica historia de amor, la buena sazón de las mujeres huanuqueñas conquista a cualquier ser de buena voluntad, con una magia muy sutil y tan poderosa que puede transformar la fealdad en la belleza absoluta.
Y desde entonces hasta nuestros días, las hábiles cocineras del lugar lucen siempre como esculturales princesas, ante los comensales de sus deliciosos potajes...... No importa lo viejas y feas que puedan ser, las buenas cocineras lucirán siempre muy hermosas.
Y por supuesto si no cree en la magia de esta historia, solo compruébela y atrévase a probar los potajes de cualquier cocinera que domine la magia del lugar y desde el primer bocado sentirá la dulce sensación del embrujo de la gastronomía huanuqueña.
EL SHOW DEL DESAFIO
El SHOW del SUPER Bartender! Despliegue de gracia y talento en el Desafío | |
Saludos estimados amantes del Desafío. Aquellos afortunados testigos de la sorprendente prueba del SUPER BARTENDER tendrán grabadas en su retina algunas imágenes imborrables. Para rememorarlas o verlas por primera vez les dejo estos enlaces de interés: ALBUM FACEBOOK DEL DESAFIO (Segunda Parte) Algunos hilarantes videos pueden ser vistos como siempre AQUI. La impecable y bullanguera organización de los UNICORNIOS ganó por un ligero cuerno al circo psicodélico de los DRAGONES. Finalmente el marcador quedó así: UNICORNIOS: 300 Pts. DRAGONES: 150 Pts. CONDORES: 75 Pts. CENTAUROS: 50 Pts. PANTERAS: 0 Pts. Los UNICORNIOS están por ahora con una ligera ventaja en la tabla general, y estamos seguros que la defenderán a muerte. Los puestos van así: UNICORNIOS: 720 Pts. DRAGONES: 705 Pts. CENTAUROS: 515 Pts. PANTERAS: 405 Pts. CONDORES: 370 Pts. Muchas cosas pueden cambiar en la próxima SEMANA DE LOS SENTIDOS. ¡Sigan en sintonía! | |
ANGELINA Y EL PADRE ANTONIO

Como pasa el tiempo, ¡volando! ¡vertiginoso! ¡Raudo! ........ Recuerdo claramente ese sábado a las 9 de la mañana, cuando comenzó esta historia, me encontraba parado en la entrada del colegio Santa Rosa, con un impecable uniforme de pantalón de paño gris, saco azul marino, camisa blanca y corbata roja, peinado engominado a la moda, esperando que me recojan. Mi abuela Mercedes me había avisado por teléfono que enviaría al chofer, teníamos que ir a recibir en el aeropuerto de Lima a mis padres que regresaban de un largo viaje por Europa.
Apareció bordeando el Parque Central, el impecable Packard verde militar, enorme, brillante, parecía un buque mas que un automóvil. Un acartonado Alfredo ensayo un breve saludo y recogió mi pequeña maleta.
El viaje de 40 minutos desde Chosica fue veloz y silencioso, me preguntaba si mis padres habrían comprado el tren Marklíng mencionado como posible presente, no alentaba muchas ilusiones, por que comprendía lo fastidioso de ir trotando por el viejo continente con una enorme caja bajo el brazo.
También tuve la oportunidad de meditar sobre un hecho que me estaba fastidiando: estudiar interno era como estar prisionero, claro en una cárcel cinco estrellas, pero igual preso. Hice un recuento de los muchos momentos agradables en el colegio, especialmente los eventos deportivos, el coro con las alumnas del Beata Imelda, los paseos por los cerros cercanos y las tareas de experimentación en el laboratorio con el excéntrico profesor Huasoti.
El rigor religioso de los sacerdotes españoles era notable, teníamos programada una misa diaria a las 7 de la mañana con comunión obligatoria, el rosario a las 6 de la tarde, adicionalmente la confesión y bendición los viernes, matizábamos el día con algunos rezos cortos durante las comidas y en las noches en las puertas de nuestras camarillas individuales.
Ninguno de mis amigos del barrio de Jesus María estudiaba interno, creo que había llegado el momento de ser enérgico y reclamar, insistir, argumentar... que los últimos tres años de la secundaria los debería estudiar en Lima. Tendría que diseñar una estrategia en los próximos meses para lograr la anuencia de mis queridos parientes.
Tenia otro asunto por resolver, mis padres y sobre todo mis piadosos abuelos estaban encantados con la posibilidad de que el “joven maravilla” sea sacerdote. Alentaba esa absurda idea el director Santillán, que decía que yo tenia mucha vocación, es decir pasta religiosa... “por lo bueno y acomedido que era” ... mi madre y abuela recibían esos comentarios como piropos, mis hermanas con escepticismo, solo la joven y hermosa tía Inés ponía en duda mi vocación, se había dado cuenta que cada vez que me engreía con un apretado abrazo yo le respondía muy entusiasmado y lo disfrutaba mas de lo que decía el reglamento.
Tendría que eliminar esa nueva opción sobre mi futuro profesional, ya que en vez de curar cuerpos como estaba establecido, creían ahora que mejor sería remendar almas. Al parecer nadie me tomaba en cuenta cuando mencionaba mi vocación por la arqueología, claro, al mejor estilo de Indiana Jones, hay que recordar que en esos tiempos en mi conservadora familia importaba poco la opinión de un chico de trece años.
Cuando estuvimos frente a nuestra cochera, me sorprendió ver un camión de mudanza en la casa estilo Tudor de la esquina, había estado desocupada desde que tenia memoria y solo de vez en cuando se aparecía un jardinero cojo para arreglar superficialmente el jardín.
< Sabes quienes son nuestros nuevos vecinos >, pregunte al paso, < se trata de una familia española, parece que el señor es un funcionario del Banco de Santander, tienen dos hijos, un muchacho como tu y una jovencita >, respondió lacónicamente Alfredo, .
El resto del día fue de emotivo trajín, viaje al aeropuerto, llantos de bienvenida de las mujeres, abrir los regalos, la cena con la familia en pleno, larga y bulliciosa sobremesa, una detallada descripción de Notre-Dame, la Gioconda, San Pedro, el Moisés, la Capilla Sixtina, el rapto de Proserpina, la fuente de las Cibeles, las Lanzas de Velázquez, el pensador de Rodin, la Acrópolis, después cada uno se fue a dormir con un revoltijo cultural en la cabeza, una estampa de la Virgen de Atocha y un rosario papal con piadosa fragancia.
Al día siguiente, como de costumbre, se realizaría el partido de fútbol dominical entre los muchachos del barrio, la “romperíamos” en la cancha del olivar cercano, noté a un nuevo jugador, mas alto que la mayoría, desgarbado y un penacho de pelo sobre la frente. El gordo Alfonso, hizo las presentaciones: < este es Manolo, tu nuevo vecino, y dice que es un buen defensa >.
Resulto ser un bruto de campeonato, repartía patadas a discreción, le pegaba a cualquier bulto que se movía y pasaba cerca. Después del evento curso una invitación para tomar un “entremés” en su casa, tuvimos que explicarle que debería ser después de la misa de 12, la del padre Antonio, “la ceremonia” que era obligatoria, ineludible, impostergable.
El párroco Antonio era una institución en el barrio, tenia una “pinta” a decir de las mujeres de artista de cine, durante la homilía desplegaba los brazos y en trance, lo oía claramente exclamar "las amo a todas" - estoy absolutamente seguro - que tiempo después Julio Iglesias copiaría su estilo, incluyendo los destellos de luz en sus dientes.
El entorno del padre Antonio tenia otras peculiaridades, por ejemplo la fila que se formaba delante de su confesionario, que era un fantástico desfile de linduras, olorosas, elegantes, glamorosas, Gucci ni Balenciaga jamás tuvieron una pasarela tan distinguida.
Después de esa inmersión en santidad fashion, nos dirigimos a la casa de los Mazan, éramos tres los elegidos, Manolo nos recibió en el vestíbulo, grande y vació, al parecer todavía no habían tenido el tiempo necesario para las decoraciones de estilo. Nos instalamos en una sala contigua con muebles en tonos oscuros, que en cierta forma alentaban la leyenda urbana que decía que en aquella vieja casa penaban, es decir que se habían instalado desde hacia mucho tiempo toda una gavilla de fantasmas.
Claro, todos nosotros estábamos dispuestos a tomar el pelo al chaval con Gasparin y compañía, pero no tuvimos tiempo por que ..... de repente sucedió un terremoto, un cataclismo, un tsunami, un vendaval. ..... Se encendieron las luces de la tramoya, sonaron las trompetas, cayeron flores del techo y se inundo el ambiente de un aroma de jazmín y rosas. Nos quedamos petrificados y con la boca abierta cuando escuchamos un delicioso... < hola chicos, soy Angelina, la hermana de Manolo >.
La respuesta de silencio y admiración fue total, solo se escuchaban tres corazones latiendo a cien kilómetros por hora, haciendo un ruido ensordecedor y por una natural reacción química hormonal todos teníamos los cachetes encarnados y afiebrados.
Angelina, era una chef profesional, se había graduado en la Escuela Hotelera de Madrid, y era un hermoso felino con los ojos más brillantes de la historia, tenia puesta una falda diminuta y su escotada blusa aprisionaba a unos duraznos aterciopelados y jugosos que pugnaban por escapar de su prisión gritando aquí estamos para conquistar el mundo.
Dijo lentamente, mientas nos abanicaba con sus pestañotas y estampaba un delicioso beso en forma de corazón en nuestras sonrosadas mejillas.< Les voy a preparar algo especial para celebrar la ocasión de conocer a mis nuevos hermanitos >, ¡Cómo que hermanitos!, acaso esta chica no se había dado cuenta que éramos unos galanazos de cine, en mi caso el mismísimo Antonio Banderas peruano, protestamos en susurros mientras nos conducía a la cocina.
Ponerse un vistoso delantal a cuadritos y un coqueto pañuelo en la cabeza fue todo un espectáculo que disfrutamos y comenzó señalando con sus manos cada uno de los ingredientes del mise en place, < les voy a preparar un plato sevillano, un delicioso arroz con almejas >.
< En esta olla de barro redondita, pongo un poco de aceite de oliva virgen, voy a hacer un sofrito con esta picara cebolla y la voy a refrescar con tomates, también picaditos. Para aumentar el sabor andaluz, ajos gitanos, y ahora un intimo secreto, una mezcla de pimientos rojos y verdes, pasión y esperanza en bastoncitos > y comenzó a mover el contenido de la cazuela cadenciosamente con una cuchara de palo mientras recitaba.....
< España tiene dorados mantos de mieses, sabrosa leche y todas las cosas que de ella se hacen, esta cubierta de ganados, lozana de caballos, alegre por sus buenos vinos, holgada de pan, dulce de miel y perfumada de azafrán. Esto lo dijo hace muchos años un rey de Castilla, Alfonso el Sabio, en su Primera Crónica General.... me enseño a interpretar este verso, igual que muchas otras cosas, mi querido maestro, el famoso chef Sergio......>
< Ahora el sabor y el poder del mar, incorporamos las almejas y para maquillarlas media cucharadita de pimentón dulce, luego dos vueltas, lentas, completas y listo .... a bañar estas conchitas con un suculento caldo hasta cubrirlas con doble holgura y por ultimo la ceremonia .... >, Angelina se dirigió hacia un blanco mortero y puso con devoción una pizca de azafrán, luego otra, un poco de caldo y comenzó a “majarlo”, con todo su cuerpo, con compás, con dulzura, con entrega.....
< Uno de los espectáculos más bellos que puede ofrecer España es el día del “manto”, a principios de noviembre, cuando ocurre la eclosión de la flor del azafrán y como por encanto los campos se tiñen de un hermoso azul >, ¡Por supuesto, como tus ojos mamacita! pensamos todos en voz alta.
Se acercó al fogón, fue echando poco a poco el azafrán y luego con ambas manos tomaba puñados de arroz y los dejaba escurrir, grano a grano, en cámara lenta y en una especia de fascinación visual seguíamos la trayectoria de cada arroz mientras caía y luego volvíamos, nos deteníamos hipnotizados en Angelina, la disfrutábamos un instante y a seguir la caída del próximo arroz hasta terminar.
Nunca me había complacido tanto con una comida, cada arroz sabia a gloria, la energía de las almejas se desbordaba a raudales hasta constituir un volcán en ebullición dentro de mi y en el centro brillaba la pequeña musa, nuestra princesa encantada, apretadita, crocantita, jugosita, lista para ser devorada en el próximo mordisco.
La siguiente semana, no existió, se borro, desapareció, dedique todas mis fuerzas para sacudir el reloj, para que caminara, ¡no!.. que corriera, ... necesitaba que pasaran las horas lo más rápido posible para que llegara el domingo y volverla a ver...... tenia una nueva invitación de Angelina.... ahora... solo recuerdo estar engalanándome con mi mejor camisa y sazonándome con perfume de hombre.
El sensual y furtivo abrazo a la tía Inés, esta vez fue ligero, fugaz, intrascendente, creo que ella lo notó y se extraño, pero, había que ir a misa de inmediato, pensé y también tenia la esperanza que el cura no sea clarividente y adivine mis pensamientos, me daría mil padrenuestros de penitencia, ¡no! a lo mejor serian un millón y pasaría el resto de mi vida arrodillado y dándome golpes en el pecho.
Terminada la misa corrí como el viento rumbo a la casa de los Mazan, estaba seguro de llegar antes que los demás, necesitaba intimidad para ser expresivo y afectuoso, tenia el discurso de saludo muy bien aprendido, lo había ensayado hasta el cansancio. .....
Pero, ..... ¿que había sucedido? ... con sorpresa encontré ya muy bien instalados, empotrados en sus butacas, a Pedro y Alfonso.... ¿Cómo habían llegado tan rápido? ....este par de desvergonzados, ¿en patines?, ¿en jet?, ¡se habían teletransportado!.... estaban con sus caras redondotas y en completa complacencia escuchándola canturrear en el iluminado y florido escenario, mientras Angelina ordenaba los ingredientes.... al parecer no notaron mi presencia, no les importaba, nada podía distraerlos del embrujo de esa melodía.
Guitarras, Mandolinas, Violines.......
Toda la sal,
Todo el azúcar
Toda mi vida
Deseo pasarla contigo
Toda la luz
Todo lo oscuro
Todo lo que escribo
Todo el camino
Ardo en deseos
De andarlo contigo......
¡Estaba preciosa!... Me sonreía con los ojos .... ¡solo a mí!.
Su canto llegaba .... ¡solo a mí!.
Estábamos en el mundo solos.... yo y ella .... cuando empezó la función:
¿Qué....? ¿Como un candoroso angelito, un inocente querubín, sabe historias pecaminosas, subidas de tono? ... Dios mío, los evangelios por los suelos.....
Mientras Angelina nos relataba la historia y nos preparaba los spaghettis, se producía una transformación fantástica, miles de partículas flotando en el espacio lo fueron cambiando todo, borrando el color, callando la melodía, pintando de blanco y negro el nuevo escenario. Los muebles eran sencillos, pobres, el espacio mínimo, solo una estrecha cama, una cocinilla y una desvencijada mesa.
Angelina tenia el pelo suelto y estaba semi desnuda, solo la cubría una especie de bata transparente, en el ambiente flotaba un clamor a sexo obsceno.
Sin lugar a dudas era un relato de la vida real, sentí una expectante sensación al verme en la pantalla, formando fila con un raído uniforme y crecida la barba, esperando la señal para entrar a ocuparme, a gozar con la doble oferta cama y comida, sexo y sabor, todo por el mismo precio.
La idea había tenido un gran suceso, no solo por la belleza de la dama sino por la delicia de sus potajes, todos los soldados de la guerra estaban frente a su puerta, nadie quería nada más..
La mezcla en la sartén de la salsa con los spaghettis al dente, ponerlos delicadamente en un plato hondo, la invitación a probarlos, morderlos, saborearlos, volverlos a morder, paladearlos, hasta terminar, fue en un solo acto continuado, el postre, de pura cereza, ella misma... eran minutos de placer continuo, creciente, incomparable.
Sentía el cosquilleo de su cabellera, su aroma a pura pasión, la increíble hondura de sus ojos azules, la alegría de su sonrisa y la voluptuosidad de su cuerpo, comencé atraerla hacia mi, lentamente, hasta que nuestra respiración fue solo una, los latidos de nuestros corazones buscaban coordinar el compás para latir juntos, busqué su boca con ansias para iniciar con un largo y apasionado beso un acto de amor memorable..... se encendieron las luces, volvieron los colores, Angelina esta frente a mí ofreciéndome ambrosía... solo pude ensayar un tímido y balbuceante... si gracias.
Las siguientes tres semanas no tuvimos ningún banquete con Angelina, la extrañamos hasta el delirio, al parecer estaba muy ocupada, preparando el buffet de un matrimonio. Hasta que un sábado en la tarde entró en la pequeña biblioteca donde estábamos jugando una interesante partida de póquer, que nos hacia sentir grandes e importantes, teníamos abiertas las ventanas para disipar el humo de nuestros toscos cigarrillos inca que acompañábamos con interminables vasos de coca cola.
Pero esta chica estaba ciega o que, estábamos dispuestos a cargar el mundo entero, realizar lo imposible, rápido, perfecto... manda nomás... mamacita, lo que quieras...
Las siguientes horas fueron una inolvidable clase de filosofía del amor, del buen gusto, de la estética, cada vez que se subía a la mesa y la veíamos desde abajo, descubríamos un nuevo ángulo, más hermosos y voluptuoso que el anterior. Era un pastel muy elaborado, lleno de detalles, cada uno de un sabor diferente, provocativo, listo para comerlo, mejor lamerlo primero y luego mordisquearlo poquito a poco.
<Yo sé que les antoja, que se les hace agua la boca, lo siento pero tienen que aguantarse, después veré de darles algo en recompensa... total... ya sé lo que quieren, les adivino todos sus gustos, hasta sus mínimos caprichos>.... Sabia que podría esperar la recompensa soñada el resto de mi vida, valdría la pena.
ACATAYMITA, LA COMPETENCIA DE LA VIDA
Por: Jaime Ariansen Céspedes - Instituto de los Andes
Javier Ignacio de Tena y Albornoz, había cumplido veintidós años y regresaba a sus tierras en Cajamarca, después de haber estado casi doce años en Madrid, todos esos años fueron muy felices en casa de sus tíos paternos, completando su instrucción escolar y terminando su carrera de medicina.
Durante el viaje de retorno había tratado de recordar como eran las personas y las cosas en su tierra, la hacienda Laguna Grande en las muy lejanas y hermosas serranías del norte del Perú.
Si contamos los dos años que estuvo previamente en Lima, había salido de su hogar a los ocho años. Javier Ignacio creía tener todos los recuerdos atesorados en su mente y en su corazón, pero realmente las imágenes que le revoloteaban en el alma eran solo lo que sus fantasías le permitían.
Desfilaban en su mente los amplios aposentos de altos techos adornados con ángeles de yeso en las esquinas. La gran cocina con un fogón al centro y los chombos de chicha enterrados en un costado de la habitación. El recuerdo de Matilde su bondadosa nana. Los establos, con muchas vacas lecheras y bravíos toros de lidia.
También su madre, la muy religiosa Isabel de Orbegoso, se había encargado de recordarle el sabor de los delicioso quesos que producían y su inimitable manjarblanco de chirimoya. En forma subconsciente se había olvidado de todas las absurdas pruebas de machismo y bravura que lo había obligado a pasar su tosco y primitivo padre, él marques de Tena y Albornoz.
La travesía en la pequeña goleta Gloria del Mar había durado cerca de dos meses y esa mañana calurosa del mes de marzo de 1796 cuando divisaron las costas del puerto de Pimentel, su corazón y su estomago se llenaron de alborozo ante la posibilidad de que por fin, en solo unas horas, estaría en tierra firme con los suyos.
En el puerto se había congregado en una pequeña manifestación, toda la familia Tena y Albornoz, incluyendo servidumbre, pongos y esclavos, existía una mezcla de nostalgia y curiosidad para recibir al “niño” Javier transformado en todo un doctor.
Los primeros días de Javier en la hacienda familiar, le sirvieron para recordar rápidamente lo severo y tradicionalista que era su padre, que mantenía la disciplina en su propiedad a “sangre y fuego”...... “Tienes que tratarlos a punta de lisuras a estos cholos brutos para demostrarles quien es el patrón. Creo que la metrópoli te ha ablandado mucho Javier, yo me encargare de curtirte” le decía palmeándole la espalda..
Una mañana Matilde entra a su cuarto, portando una bandeja con un suculento desayuno, su queridísima nana, mantenía su altivez y serenidad de siempre....... Javier quiero pedirte un gran favor, no sé si te acuerdas de mi hermano Francisco,..... bueno, tiene una hija llamada Maria a quien quiero que la ayudes, va a cumplir los quince la próxima semana y desde hace unos días ha dejado de comer y se encuentra desfalleciente y tiembla de miedo por que tiene que participar en la próxima Acataymita......
.......Existe un cholo bruto y enorme llamado Julián, que la ha escogido y se la pasa diciendo a todo el mundo, que ese día, la va a “destrozar” y por supuesto ella esta aterrorizada.
No sé que me estas hablando Matilde, no comprendo lo que me quieres decir.....¿Que es la Acataymita?
Todos los años tu padre y el resto de los hacendados, organizan la fiesta de la Acataymita, para festejar y bendecir el inicio de la siembra, los jóvenes campesinos que han llegado a la pubertad son inscritos por sus padres, en este especie de rito de iniciación. Se reúne el pueblo entero, de noche, en un paraje boscoso del campo, y los jóvenes participantes desnudos, juegan a las escondidas y trataran de llegar a la carrera a un lugar previamente designado donde recibirán trajes especiales, serán vestidos por sus respectivos padrinos y obtendrán regalos y el reconocimiento de los chacareros en una gran fiesta.
Las mujeres parten primero, si un joven alcanza a una de las doncellas la puede hacer suya, sin oposición de la joven. Se cree que el amor violento y grupal, la sangre de las vírgenes, puede ejercer una mágica influencia en la cosecha.
Los curas han tratado de abolir esta competencia pero no tuvieron resultado por lo arraigado de la costumbre, y por que los patrones se divierten mucho con la fiesta, algunos como tu padre cree que si no se realiza la Acataymita tendrán una mala cosecha.
No lo puedo creer Matilde, es un completo absurdo y una costumbre bárbara, trae a tu sobrina para ver como podemos curarla y voy a hablar con mi padre sobre esa tonta competencia y por supuesto veré que Maria no participe.
Pero para Javier, las cosas no fueron tan fáciles como había pensado, recibió una rotunda negativa de su padre para suspender la tradicional Acataymita y termino burlándose de el, diciéndole que si te ha gustado la muchacha simplemente “tíratela”, acuérdate que aquí en Cajamarca los patrones tenemos el derecho de pernada sobre las cholitas............y mejor aun demuestra tu hombría y compite con Julián por la muchacha y si te la ganas te parecerá mas rica y harás un favor a tus tierras regándolas con sangre y esencia de juventud. Y se dio media vuelta sin escuchar los argumentos de Javier y menos sus protestas por la alusión, por que ni siquiera conocía a la tal Maria.
En los próximos días, la noticia corrió de casa en casa por todo Cajamarca y reboto en cada esquina y en cada banca del parque, fue la preocupación general, los comentarios se multiplicaron con diversos matices, dependiendo de donde vinieran.
- El joven Javier se quiere tirar a la Maria.
- Que le habrá visto a esa cholita adefesiera.
- A la Maria le brota la putería, igual que a su tía Olinda.
- Julián lo va a matar si se interpone en su camino.
- Jamás ha intervenido en la Acataymita un marques.
- Javier no se va a presentar, por que es afeminado.
- No se como Isabel permite estos escándalos en su casa..
Y cada día aparecía un nuevo comentario o una nueva versión.
Dos días después y cuando el escándalo ya se había desatado completamente, apareció en la biblioteca de la casa hacienda, Matilde prácticamente arrastrando a su joven sobrina....Javier aquí esta Maria para que la examines...la sorpresa del joven medico no pudo ser mayor que el de la temblorosa muchacha...la miro furtivamente, estaba detrás de la corpulenta figura de su tía, temblaba como una hoja al viento, pero de la cabeza a los pies, lucia demacrada y sus ojos color miel parecían mas grandes que de costumbre y estaban completamente vidriosos mientras las lagrimas corrían incontenibles por sus rosadas mejillas.
Javier, casi automáticamente y lleno de nerviosismo, solo atino decir tráela aquí a la luz, mientras buscaba una especie de estetoscopio, Matilde empujo a su sobrina, que sin levantar la cara y rígida como un palo esperaba el “suplicio” sin pronunciar palabra. Cuando el doctor estuvo frente a la muchacha noto que a el también le temblaban las manos, y sin pensarlo ni quererlo solo atino a tratar de desabotonar la gruesa chompa que tenia Maria hasta el cuello, pero solo alcanzo al primero botón, el resto era demasiado para la muchacha, que completamente ruborizada salió corriendo como alma que se la lleva el diablo y no paro hasta su casa a cuatro kilómetros de la ciudad.
Matilde.... yo solo quería auscultarla, ...te lo juro.....balbuceaba Javier, por su puesto mi niño, disculpa a mi sobrina que es una tonta completa...pero como es de esperarse, decenas de personas habían visto salir desaforadamente a Maria de las mansión de los Tena y Albornoz y los chimes y las maledicencias, se multiplicaron.
Una cosa trajo a la otra y lo cierto es que nadie puede dar una real explicación, de cómo el apuesto y noble marques, Javier Tena y Albornoz, estaba la noche del 28 de Marzo de 1796, parado en la línea de partida de la Acataymita, completamente desnudo.
Apenas pudo divisar a Maria a la distancia, era la mas alta del grupo y se le distinguía por un lazo rojo que amarraba su larga y gruesa trenza que le alcanzaba toda la espalda.
A las nueve en punto sonó el pistoletazo que dio inicio a la competencia, cinco minutos después partieron los hombres. Javier sentía una frió intenso por fuera y calor abrasador por dentro por la rabia, por la barbarie, por lo absurdo.
Corrió sin rumbo fijo, rápido, muy rápido, lo mas que le permitían los guijarros del suelo y las espinas de los arbustos, que iban dejando pequeños surcos rojos de digna terquedad en su piel. Perdió la noción del tiempo y del espacio, y sin saberlo como ni por que de repente se vio frente a frente, en un lugar del bosque iluminado por flores multicolores por una anhelante y bella Maria que lo esperaba, como nunca nadie lo había hecho antes.
No necesitaron hablar, ni siquiera sonreír, solo se abrazaron y besaron con la mas pura de las pasiones y se fundieron en un solo crisol de amor y aventura, pasión y lujuria, presente y futuro, pero este éxtasis de amor duro solo un instante y fue abruptamente interrumpido por un feroz golpe de Julián, el resto fue una gresca descomunal, de antología, de tiempos interminables, de rabia, de celos de justicia, de amor, cuando terminó la pelea, por falta de energía, los dos jóvenes contrincantes estaban desfallecientes, los traumatismos del joven marques tardaron seis meses de recuperación en la Hospital de El Retiro, en la ciudad capital, Lima.
Posteriormente pude indagar que Maria viajo a Lima para estar cerca de su amado y después de vencer numerosos frentes de oposición, el 23 de Noviembre de 1796 contrajeron nupcias en la Iglesia de San Francisco con la bendición del Obispo Monseñor Giussepe Tambini.
Referente a la Acataymita, fue oficialmente prohibida por disposición del mismísimo virrey don Francisco Gil de Taboada y Lemus, pero dicen los que me contaron esta historia que los agricultores de Cajamarca, el primer día de la siembra organizan su propia fiesta individual, una especial acataymita, con algunas variantes, solo para dos, y los resultados son fantásticos.
Esta especial ceremonia se puede extender a la preparación de una pachamanca o de algún especial banquete, solo hay que realizarla la noche anterior al evento, con la persona indicada, mediante una acalorada sesión de la más pura pasión y listo por arte de magia, por supuesto de la magia del amor, la comida saldrá deliciosa y si no confía en esta historia solo pruébela y comprobara los beneficios de esta tradición gastronómica de la bella Cajamarca.
AGRADECIMIENTO
Muchas gracias por su preferencia, por participar, por sus colaboraciones, por sus comentarios, por sus criticas... que en 20 meses en el aire, con nuestros cinco Blogs, nos han permitido pasar el millón de visitantes, exactamente: 1,071,770
En julio del 2007 comenzamos esta aventura de difundir cultura, de comentar nuestras investigaciones y en ese mes, nuestros cinco blogs tuvieron 127 visitas.
http://institutodelosandes.blogia.com
http://historiagastronomia.blogia.com
Ahora que superamos el millón de lectores, renovamos nuestro compromiso con ustedes, queridos amigos, con la humildad que obliga ser los primeros en la red, a su salud...
Atentamente, Comité Editorial del Instituto de los Andes
EL DULCE DEL CRISTO MORENO

Por: Jaime Ariansen Céspedes
El 16 de Marzo de 1650 y después de caminar por tres días consecutivos Martín Tamanango, esclavo liberto de la hacienda Santa Brígida de Cañete, apartó de su cara el velo de arena que la cubría. Tenía el propósito de ensayar una sonrisa al divisar la capital que se delineaba en el horizonte. Sin lugar a dudas era una esplendorosa y florida ciudad, ya tenía cuarenta mil habitantes y era la más cosmopolita del nuevo mundo. Martín quería visitar a su tía Tomasa y su familia que vivían en el humilde barrio de Pachacamilla, a las afueras de Lima.
No sabía de ellos desde hacia diez años y dudaba si lo iban a reconocer. Durante todo el trayecto trató de recordar a sus primos que conocía y adivinar a los otros. El encuentro fue sorpresivo y frío, la pobreza y las penurias de los africanos no permitía que se dieran lujos, especialmente para exteriorizar sus emociones.
Una cálida excepción fue la atención que le brindó su linda primita Olga, alta, muy alta, espigada y con un tumbao cimbreante que hacía volver la mirada a propios y extraños cuando caminaba con un cántaro en la cabeza realizando su periplo diario para recoger agua en los pilones de la Plaza Mayor.
La afinidad entre ambos jóvenes fue inmediata, se comprendieron, se gustaron, se respetaron y pudieron establecer una fluida y cordial comunicación. Los temas principales de sus largas conversaciones fueron el destino, la fe y las penurias que significaba la esclavitud, la pobreza y la ignorancia de los negros. Los aspectos que no conocían por su poca educación lo suplían con creces con talento e intuición.

Ellos sentían que en algún sitio existía la felicidad y por supuesto soñaban con el paraíso perdido, coincidían en que la fe era el único camino viable para poder soportar la cadena infinita de privaciones de los negros, en esa época del muy noble Virrey don García de Sarmiento, Conde de Salvatierra.
Martín supo de inmediato qué hacer: la Cofradía de los Angoleños era la única que no tenía en Lima la imagen de un patrono que presidiera sus reuniones de oración y culto. El tenía el talento en sus manos y la pasión en su corazón para satisfacer ese anhelo y en el término de la distancia y el tiempo estuvo con el pincel en la mano frente a una blanca pared en medio del pequeño y modesto barrio de Pachacamilla.
Al comienzo fueron cuatro horas, después ocho y luego desde las primeras luces del día hasta la oscuridad de la noche. Martín estuvo absorto durante seis meses, aferrado a los pinceles y mientras brotaba de su imaginación la fe a borbotones, se iba plasmando una imagen doliente del Cristo Crucificado.
Mientras trabajaba Martín, nadie hablaba a su alrededor, en un pacto absoluto de respeto y fe. Los angoleños lo miraban a distancia y ponían flores a los pies de la imagen, mientras una claridad permanente en el lugar hacía que cada día los colores luzcan más brillantes y expresivos; de vez en cuando sus vecinos congos, mozambiques, terranovos, mandingas y carabalíes curioseaban por la obra, que en plena ejecución ya causaba admiración.
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Cuando Martín asumió que la imagen estaba terminada, la tarde del 3 de Octubre de 1651, llevó a Olga hacia el modesto altar que había construido a los pies y poniéndole una guirnalda de flores en la cabeza le propuso matrimonio.
Al fondo de la escena, un juglar amigo acompañado de una guitarra, entonaba cadenciosamente, muy despacio la siguiente melodía...
Búscame entre la hierbabuena
y te daré mi piel morena
beberás el agua de la miel
sólo si tus ojos me quieren ver
piérdete entre mis brazos
y llegarás al fondo de mi ser
bajaremos al centro de los mares
donde hay un mundo de corales
y nada que nos pueda separar...
“¡Qué romántico mamita, que bonito cantas!... y... ¿qué paso después con Olga y Martín?”. “Deja que te siga contando esta historia de fe y amor, mi niña, mi pequeña cucurumbé...”, y prosigue la dulce señora con su relato mientras amasaba con un singular compás, harina en flor, leche, manteca, azúcar y las yemas de un fino turrón, que le había visto hacer ritualmente a su madre y ella a la suya y así siempre desde el inicio, mientras que en un chombo cercano hervía jugo de caña junto con canela, anís, higos y membrillos inundando el recinto de un incomparable aroma de dulce criollismo.
Y prosigue contando... El 13 de Noviembre de 1655, justo en tiempo de la siesta, se produjo el más espantoso terremoto que te puedas imaginar, no quedó entero nada, se derrumbaron y dañaron casi todas las construcciones de Lima, dejando miles de muertos. Todas las casas de la cofradía de Pachacamilla se vinieron abajo, y milagrosamente el muro de adobe en el cual se encontraba pintada la imagen de Jesús quedó intacto, brillante sin ningún resquebrajamiento.
Un piadoso personaje llamado Antonio León quedó conmovido ante los esfuerzos de Martín y Olga, que con sus propias manos trataban de limpiar los escombros del lugar y los ayudó con recursos, mandando construir un cobertizo para proteger la pintura y una especie de altar donde las personas caritativas pudieran depositar ofrendas y velas.
Poco a poco muchos pobres de Lima expresaron su fervor ante la maravillosa imagen del Cristo Moreno... “la fe mi querida niña, hace realmente milagros...”, y estos se fueron multiplicando junto con la devoción al culto de Pachacamilla. Pronto, los viernes en la noche, además de rezos y cánticos, se entonaba ante la imagen el salmo Miserere, varios músicos acompañaban la interpretación con guitarras y cajones, después sazonaban la reunión con bailes de origen negro festejando al Nazareno.
Pronto llegó a ser una verdadera verbena la que se organizaba todos los fines de semana para homenajear al Cristo Crucificado. Pero este “despropósito” no podía seguir así, según palabras del párroco de la cercana Iglesia de San Marcelo, José Laureano de Mena, quien solicitó a las autoridades civiles y religiosas que le ayuden a parar esa idolatría y la única manera de hacerlo era borrando la imagen de la pared, de la mente y de los corazones de esos “negros adefesieros”.
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El pedido fue atendido por el nuevo virrey Conde de Lemos y por el Provisor y Vicario General, Esteban de Ibarra. El 3 de septiembre de 1671 ordenaron un auto para que el cura Mena, el fiscal José de Lara y Galán y el notario Juan de Uria fueran al lugar y con ayuda de albañiles y protegidos por soldados, con combo y pintura, terminaran con esa idolatría.
La comitiva se hizo presente en medio de los cientos de fieles, que como de costumbre rendían su alegre homenaje semanal al cristo moreno. Primero habló el sacristán mayor José de Robledillo quien increpa a los asistentes por la “indecencia” con que se procede en este lugar.
Luego el capitán encargado de cumplir con lo dispuesto ordenó destruir la imagen... pero el primer operario, al estar frente a la imagen quedó subyugado por la fuerza de la fe y la emoción de estar tan cerca de la singular figura del Santo Señor y paralizado no pudo cumplir con su tarea, lo mismo sucedió con el segundo y el tercero que subieron a la pequeña escalera con la consigna de dañar la sagrada imagen. Justo en ese momento de estupor y confusión general... comenzaron a sonar truenos como trompetas celestiales, mientras que una tupida lluvia cubría todo con un fino y frío manto gris de reproche, una tormenta es realmente algo inusual en Lima.
La interpretación inmediata y general fue que el cielo estaba llorando de pena por la ofensa hacia el Cristo Moreno. Todos los que se encontraban en el lugar lo comprendieron así y sin ninguna consigna ni mediar palabra alguna, uno a uno se fueron arrodillando y comenzaron a rezar, primero como un murmullo, luego como un sublime grito de fe, de amor hacia el Cristo de Pachacamilla...
Padre nuestro que estás en los cielos... Santificado sea tu nombre...
Años después, el muy especial 1687 fue realmente telúrico. Lima fue sacudida por fuertes sismos, el primero el 13 de Enero, luego otro el 9 de Abril y el más violento fue el ocurrido el 20 de Octubre. La magnitud de la destrucción fue enorme, incluyendo los portales de la Plaza Mayor, las Iglesias de Santo Domingo y San Agustín, y por supuesto miles de casas. Los angustiados limeños volvieron su fe hacia la milagrosa imagen del Señor de los Temblores y por iniciativa del piadoso Sebastián de Antuñano se organizó una procesión del lienzo que había pintado Martín como una réplica del mural de Pachacamilla. Ya era hora que se pusieran las cosas en su sitio, la ciudad entera debería estar bajo su protección y nada malo le volvería a pasar, había que pasear al buen señor por calles y plazas, señalando claramente su presencia y listo, ¡Pobres las fuerzas del mal que se atrevieran a enfrentarse al más poderoso y bueno de todos los Cristos, el de los negros!
El mismo 20 de Octubre, la sagrada imagen, sobre unas improvisadas y rústicas andas de madera de naranjo, recorrió las maltrechas calles de Lima seguida por cientos fieles, un poco de incienso y mucha fe. A partir de esa fecha y hasta nuestros días, todos los 20 de Octubre de cada año se realiza la más grande y piadosa procesión de esta parte del mundo.
“Y como es costumbre, cuando regresemos de la procesión, mi querida niña, estará esperándonos el delicioso turrón de Doña Pepa, que disfrutaremos en familia”.
La tradición de este dulce limeño comienza con la llegada a Lima, para asistir a la procesión, de una fina dama morena, una verdadera flor de la canela, llamada Josefa Marmanillo, esclava en el valle de Cañete. Doña "Pepa" venía a visitar al Señor de los Milagros, tenía que agradecerle, porque le había curado su cuerpo y su alma, por lo tanto era una cuestión de honor y eso sí es sagrado entre los negros.
Durante el viaje estuvo ensayando su discurso, pero todo intento de hilvanar ideas fracasaba, el mensaje le parecía pobre, insulso, ella realmente nunca había podido expresar bien sus sentimientos, ¡Qué diría el señor de esa negra malagradecida!
Cuando llegó a las cercanías del barrio de Pachacamilla, de donde saldría la imagen, se encontró con un multicolor barullo y un enjambre de personajes que la dejaron estupefacta. La recibió el distraído murmullo de las cuadrillas de cargadores con sus hábitos morados. Luego llamó su atención unas coloridas mixtureras llevando sobre sus cabezas grandes azafates de flores y primorosas frutas de mazapán, membrillos acaramelados y pastillas de canela y azúcar, más allá estaban las sahumadoras, con sus ostentosos pebeteros de plata labrada, eran lindas negritas, muy jóvenes, peinadas con diminutas trenzas, representando a sus “amitas”, que competían al presentar los exóticos inciensos que inundaban el lugar de un misterioso aroma de plegaria.
Muy cerca de las andas del Cristo Moreno un grupo de señoras que formaban el coro, cantaban un sentido himno... Señor de los Milagros... a ti venimos a honrarte, tus fieles que te amamos, venimos a implorar tu bendición... mientras que una gran banda de músicos uniformados las acompañaba.
También eran protagonistas de esta fiesta los veleros, que ofrecían a viva voz unos pequeños candiles, primorosamente adornados, ¡Claro, el Señor tenía que estar bien iluminado! A su costado, los faroleros portaban grandes luminarias para asegurase que en las cercanías del anda brillara siempre la luz de la fe. Ocupaban un sitio especial los penitentes, que se imponían discretamente la tarea de pedir limosna en plena procesión para mantener el culto, pero lo que más llamó la atención de la atónita Josefa fueron las vivanderas, que durante todo el recorrido de la procesión y en las calles aledañas ofrecían con alegres gritos, olluquito, cau cau, causa, escabeche, cebiche, choclos, butifarras, anticuchos, choncholíes, picarones con miel, mazamorra morada, emoliente...
Josefa, absorta, deslumbrada, se vio envuelta en ese torbellino de sensaciones, aromas y sabores y una explosión de fe en su interior le indicó claramente cómo tenía que agradecer al Señor. Quién, sino ella, sabía hacer el más delicioso de todos los turrones, el más criollo de todos los dulces, sin lugar a dudas era el suyo, era su turrón.
En la próxima salida del Señor, Josefa ya estaba apostada en una esquina con una tabla especialmente acondicionada y a su paso alzó el turrón con sus dos manos y se lo ofreció al Señor, con fe, con amor, con agradecimiento, multicolor, suave, criollo. Cuando regresó a Cañete, Josefa contaba que el Cristo había vuelto la cabeza y con una gran sonrisa le había agradecido y bendecido el presente.
Josefa se propuso venir todos los años a ofrecer su dulce en la Fiesta del Señor de los Milagros, luego fue su hija y la hija de ésta y así sucesivamente, hasta nuestros días, en que el Turrón de Doña Pepa, preside, desde hace trescientos años, las expresiones gastronómicas de la muy devota Procesión del Señor de Los Milagros.
LA DELICIA DE LUCUMA
La delicia de Lúcuma y el Manchay Puito: Una historia de dulce y prohibido amor
Esta es una historia de dulce amor, sin lugar a dudas. Me la contó mi abuela con nostalgia y lágrimas en sus ojos de miel, es una historia de su tierra y de su familia en el Cuzco. Me emocioné al oírla, hablaba casi sin pausa, con seguridad, como si ella estuviera viviendo los sucesos.
Quedó una profunda huella en mi interés y curiosidad, debía escuchar esa melodía prohibida. Solo pude hacerlo diez años después y fue la experiencia más alucinante que ustedes se puedan imaginar, el sonido de esa quena de hueso fue tan claro, triste y melancólico que hicieron vibrar hasta la última partícula de mi ser y cada vez que me acuerdo de ese momento reviven en mí la figura y la bondad de mi abuela Mercedes y hasta puedo oler y saborear el dulce de lúcuma que degusté mientras escuchaba aquella historia.
Se inicia en el puerto del Callao, en el Pacífico, la tarde del 15 de agosto de 1798. El puerto estaba cubierto de neblina y saturado de una fina garúa; casi no se distinguía el suave desliz, llegando a puerto, del bergantín "Elise" de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. El pequeño barco marrón y ocre tenía dos palos como mástiles especiales, con velas cangrejas y foque, y adicionalmente le habían añadido una vela cuadrada, como seguridad para un largo recorrido, que le daba una muy singular apariencia.
El "Elise" había partido de Ámsterdam con el propósito de comercializar entre los principales puertos del mundo. Su periplo completo duraría un año y desde el Callao, el distante y codiciado puerto del Virreinato del Perú, se dirigiría a Tahití y de allí iniciaría el retorno a casa, en el noroeste de Europa.
Sólo algunos funcionarios lo aguardaban, pero no sabían de fechas. Ya se había atrasado varias semanas en su itinerario, por eso fue absolutamente normal que nadie fuera a recibirlo, sólo algunos pescadores y los siempre curiosos habitantes del puerto siguieron con la mirada su silenciosa y lenta entrada en la bahía.
Llegó en el bergantín un personaje muy especial, un sacerdote español, también músico y doctor, don Gaspar de Angulo y Valdivieso. Tenía el encargo de ocupar la parroquia de San Blas, en el Cuzco.
No hemos podido encontrar indicios que indiquen en qué lugar abordó el padre Angulo al "Elise", y estábamos intrigados porque este Bergantín no pasó por España. Pero, en cambio hallamos testimonio de su amistad durante el viaje con el famoso artista Guillermo Van Den Velde, a quien el padre Angulo le dedica varias frases muy amables en su diario y del que exhibiría siempre como un preciado regalo una pintura marinera. Durante muchos años y ya en el siglo XX, este valioso cuadro engalanó la pared principal, sobre la chimenea, del gran salón del Hotel de Turistas del Cuzco.
Lo que sí es evidente, porque también se encuentra perfectamente documentado, es que don Gaspar disfrutaba de una respetable fama de hombre de ciencia y lucía en sus treinta y tres años una fresca figura de hombre noble y una profunda mirada de muy especial intelecto.
También hemos encontrado cartas que indican que estuvo en Lima más o menos seis meses, antes de emprender el viaje a su piadoso destino en la parroquia de San Blas, precioso lugar en el barrio de los artistas y artesanos del Cuzco.
Durante su estadía en Lima, el padre Angulo se alojó en la casa del doctor Gustavo Campodónico, en la cuarta cuadra de la calle de Los Escribanos. Tampoco existen indicios de por qué no fue al convento de su orden. Pero sí, de otra amistad con la familia de Ivo Claeyssen, importador y fabricante de muebles finos que moraba en la tercera cuadra de la calle Plumereros.
Las dos actividades más importantes de don Gaspar en Lima fueron reseñadas por los diarios El Espectador y La Gaceta de Lima. La primera, fue un concierto que ofreció en el Palacio Arzobispal donde interpretó magistralmente a Vivaldi y la segunda, una conferencia que dictó en la Escuela de Medicina de San Fernando, comentando un reciente descubrimiento del sabio inglés Edward Jenner sobre un nuevo concepto para evitar las enfermedades, la vacunación.
Después, don Gaspar por años sostuvo una sustanciosa correspondencia con las familias Campodónico y Claeyssen y de esa documentación se conocen algunos pormenores de su vida en la parroquia de San Blas, en el Cuzco.
Existe una carta fechada el 12 de Marzo de 1799 que retrata sus impresiones sobre su barrio y su iglesia:
«Es el lugar más pintoresco de la Tierra, sus calles son torcidas y estrechas, todas muy empinadas, trepando el cerro, las casas blancas y las tejas rojas, el ambiente huele a malva y clavelina. Y es un espacio muy musical, cuando lo inunda el canto de unos encantadores pajarillos que aparecen cuando madura el maíz, a los que llaman Choqllopokochi.Conozco muchas iglesias en Europa y estoy seguro ninguna tiene un púlpito tan maravilloso, fue tallado en una sola pieza por un artesano indio, Juan Tomás Tuyrutupa, de un gigantesco cedro. Casi no se le puede describir, es necesario verlo, el que lo admira queda subyugado. Todo en él es majestuoso y divino. Un inspirado Santo Tomás está rodeado de nueve doctores de la iglesia. En el centro está grabado el escudo del Obispo Manuel Mollinedo y Angulo (que a lo mejor fue pariente mío). En la taza del púlpito están los cuatro Evangelistas, y lo principal, ¡La más hermosa de las vírgenes!, la señora María del Buen Suceso, que Juan Tomás hizo rezando, besando la madera que tallaba y llorando cada vez que recordaba que ella le había hecho desaparecer sus lepras.»
Rápidamente, con su actitud sabia y bondadosa, el padre Angulo ganó el multitudinario cariño y popularidad del devoto del pueblo cuzqueño, que no sólo concurría a la parroquia de San Blas para curar el alma, sino también el cuerpo, ya que don Gaspar era tan diestro con las medicinas como con los evangelios y de yapa brindaba en cada ocasión que podía delicados conciertos que cautivaban por su maestría.
Existen en el Cuzco y en Lima reseñas sobre la música del padre Angulo, que coinciden en alabar la pericia con que estudió la gran variedad de flautas, quenas y antaras de las serranías americanas.
La difusión con maestría y bondad de las ciencias, la fe y el arte producen siempre buenos dividendos, porque estos ingredientes son insuperables. No podemos decir si el matiz obtenido por don Gaspar era más bien de héroe o de santo, o una mezcla de ambos, pero lo cierto es que la devoción hacia su persona creció como la espuma. A la vez, el obispado y el cabildo no desperdiciaban ocasión para consultarlo en casos difíciles y su dictamen era siempre aceptado como sabio y justo.
Durante seis años, don Gaspar Angulo y Valdivieso dio singular ejemplo en el cumplimiento de los sagrados deberes de su ministerio. Hasta que un día, el 24 de Agosto de 1805, onomástico de San Bartolomé (¡que es el único día del año en que el diablo tiene licencia para transitar por el mundo en forma de tentación!), le ocurrió al padre Angulo algo muy especial que transformaría su vida para siempre.
Esa tarde conoció a una bella y dulce joven de veinte años llamada Anita Sielles, de la que hemos encontrado una deliciosa descripción, escrita muchos años después, en 1882, por el célebre tradicionalista don Ricardo Palma, quien retrata a la joven de esta manera muy especial: "Anita Sielles era una linda muchacha de veinte pascuas muy floridas, con una boquita como un azucarillo, y unos ojos como el lucero del alba, y una sonrisita de gloria in excelsis deo, y una cintura cenceña y un piececito como el de la emperatriz de la gran China y un todo más revolucionario que el Congreso".
Con semejante descripción, no dudamos un segundo, del impacto celestial que causó la señorita Sielles en el santo don Gaspar.
Anita comenzó rezando el rosario en la parroquia de San Blas, luego, preparando un especial incienso de rosas y limón, mientras registraba con su delicada letra los matrimonios, bautizos y defunciones en el libro parroquial y, sobre todo en las tardes, preparaba los dulces que se vendían en la sacristía para aliviar la economía de la Parroquia. Había uno especial, no se vendía, Anita lo preparaba sólo para el padre Gaspar. El nombre él mismo se lo puso: "Delicia de Lúcuma".
Después, ayudaba a preparar las infusiones curativas y poco a poco mil cosas más, que le ocupaban tanto tiempo en la parroquia, que el pueblo vio con absoluta naturalidad la decisión de que "por comodidad y sus muy numerosas tareas debería vivir en la parroquia". Todo era tan perfecto y bueno, que ninguna maledicencia llegó ni siquiera a acercarse a los muros de tan piadoso edificio. Hubiera sido un pecado capital, pensar siquiera por un momento, que la tentación de la carne pudiera llegar a un santo varón y tan virginal dama.
Pero las cosas eran como usted querido lector está pensando... tiene toda la razón. En la parroquia se desató la más encendida pasión que se puedan imaginar: Romeo y Julieta, Abelardo y Eloisa, Marco Antonio y Cleopatra y cualquier otro par de famosos amantes serían fríos, principiantes, inexpertos, comparados con Anita y Gaspar.
En San Blas, las campanas sonaban solas, musicales y multicolores lo inundaban todo de alegría. Los cirios se encendían espontáneamente y el órgano funcionaba todo el día, una veces tierna y dulcemente, otras febril y apasionadamente, pero nunca dejaba de interpretar; una tras otra, miles de melodías que se sucedían, siempre inventando una nueva armonía, jamás ensayada antes, con infinita creatividad, produciendo figuras inéditas que sólo puede generar un amor sin límites, que en un ardoroso crisol fundía en indisoluble amalgama, miradas y pasión, promesas y pasión, caricias y pasión, suspiros y pasión, pasión y más pasión.
Los próximos seis meses fueron todos de un mismo color: rosa esperanza; de un mismo sabor: fresa tentación; de un mismo olor romántico de madreselva y sándalo. El aroma del amor y la pasión lo envolvía todo, del amor infinito, del amor sin límites, del amor prohibido de Anita y Gaspar.
Una mañana de junio, fría y diáfana, llegó un emisario a la parroquia con una urgente misiva. El obispo de Arequipa don Gustavo Mendoza y Barrionuevo, requería del sabio consejo de don Gaspar, por lo que le pedía que fuera a esa ciudad "en el término de la distancia".
En la siguiente semana, don Gaspar acudió al llamado, con la firme promesa de no demorar ni un minuto más de lo estrictamente necesario. La despedida de su amada fue muy tierna, las miradas se entrelazaron infinidad de veces, hasta que las figuras se diluyeron, empequeñecidas por la distancia. El padre don Gaspar Angulo y Valdivieso estaba rumbo a Arequipa.
El viaje, las entrevistas, los consejos, las compras de regalos para Anita, más consejos, más entrevistas y más regalos para Anita, las realizó tan rápido que en menos de lo que canta un gallo y que alguien se diera cuenta de que existen otras dimensiones, como la nostalgia o la necesidad imperiosa, vital, del encuentro con la amada... antes de que nadie se percatara, don Gaspar fabricó una cortina de simpatía y admiración, tras la cual desapareció.
El padre Angulo había dado por terminada su misión en Arequipa y estaba nuevamente en el polvoriento y florido camino, esta vez de regreso a su devota y pintoresca parroquia. Añoraba más que nunca la piel tibia y tierna de la razón de su vida.
En la quebrada de las Tres Cruces, a unos 30 kilómetros del Cuzco, le dio el alcance Sebastián, su fiel sacristán, que pálido tembloroso y sin aliento le entregó una misiva que decía:
«Mi amor, regresa lo más pronto posible. Una rara fiebre se ha apoderado de mí, desfallezco, ya no tengo fuerzas para moverme. Sólo un beso tuyo podrá transportarme nuevamente a nuestro paraíso. ¡Te necesito tanto!, Tuya por siempre... Anita.»
Los ojos inundados de lágrimas, los cabellos al viento, mil latidos del corazón, espuelas clavadas como garfios en el brioso corcel. El camino parecía infinito, nunca los kilómetros fueron tan largos, nunca los metros fueron tan interminables, nunca el tiempo fue tan lento, hasta divisar la estrecha cuesta empedrada en cuyo final estaba la plaza y la parroquia de San Blas.
Anita, había fallecido hacía dos días y la enterraron piadosamente en el jardín posterior de la iglesia. Don Gaspar, desesperado y con febril éxtasis, no reconoció a ninguna de las muchas personalidades que lo esperaban para compartir un infinito dolor que inundaba el ambiente; parecía ausente de todo, sólo su cuerpo estaba allí, su esencia estaba lejos, muy lejos, donde se reúne la gente buena, en la eternidad.
Respetando su dolor sin límites, todos guardaron silencio, el silencio más profundo que pueda existir, nadie respiraba, ni siquiera los corazones latían, la gente que los amaba, mucha gente, de toda condición, de todo lugar, aguardaban inmóviles, como figuras de piedra, a distancia cuidando que nadie interrumpiera el duelo de la casa parroquial.
Don Gaspar les pidió salir a los que quedaban en la iglesia y cerró tras él la pesada puerta principal. Durante las siguientes tres horas, nadie se movió en la plaza, ni siquiera pestañó, cuando de repente un estremecimiento general se apoderó de todos. De la iglesia comenzó a brotar un torrente cristalino, una melodía que hacía vibrar todo el ambiente, de infinita tristeza, que llegaba a todos los rincones, produciendo un tierno temblor, sin ningún rasgo de violencia, pero con una fuerza muy poderosa, la más importante de todas, el poder del amor.
La música procedía de una quena colocada dentro de un raro cántaro de boca ancha y con agua hasta la mitad de su volumen; era el "Manchay Puito", que producía la melodía de la vida y de la muerte, era la fuerza musical, la que podía traer del más allá a la persona amada.
Cada vez la melodía era más intensa, cada hora las notas eran más tristes, más profundas, suplicantes, todos lo que estaban en la plaza San Blas se quedaron sin lágrimas, sin suspiros y sin fuerzas. Durante tres días y tres noches la quena no dejó de sonar ni un solo instante.
A las cinco de la tarde del 2 de julio de 1804, llegó el final de esta ceremonia de amor, de este sublime ruego musical. Un remolino multicolor con todo el triste sonido se elevó como un rayo rumbo al cielo, mientras comenzaba a caer una fina garúa con un suave olor a musgo.
La expectativa fue absoluta, durante los siguientes minutos nadie se atrevió a tomar la iniciativa, hasta que el Alcalde del Cuzco don Jerónimo Peñafiel, se acercó lentamente a la puerta de la iglesia. Le siguieron algunas autoridades eclesiásticas y civiles, la empujaron suavemente y se encontraron ante un triste cuadro, bello y misterioso.
Anita se encontraba sentada en un sillón con un traje de raso verde esmeralda, tenía en la frente una corona de azahares, lucía diáfana y hermosa como sumida en un profundo sueño. Definitivamente no estaba muerta. Frente a ella y compartiendo su infinito sueño, don Gaspar de Angulo y Valdivieso estaba engalanado y en su mano brillaba la quena del Manchay Puito, con que había tratado de revivir a su amada.
Junto a ellos, en el muro de la iglesia, habían aparecido reflejados de la imagen del púlpito, los rasgos de la noble señora, de la madre amantísima, de la bendita Señora del Buen Suceso.
La virgen tenía una dulce expresión y un rosario de perlas en las manos, que se convertían, mediante una celestial metamorfosis, en miles de pétalos de rosas que brotaban de la pared y cubrían todo el espacio hasta donde estaba sentada Anita Sielles. Constituían un cuadro de paz, un cuadro de amor eterno, del más puro de los amores.
En las siguientes semanas, la historia de Anita y Gaspar recorrió toda América y llegó como un exótico tema hasta la corte de Carlos IV y como un documento muy serio hasta el Vaticano, a la Comisión Papal que analizaba casos de milagros, como minuciosos "abogados del diablo".
Los feligreses del Cuzco y en especial los de San Blas, comenzaron a llevar flores diariamente y poner velas encendidas alrededor de la imagen aparecida en la pared, de la hermosa Señora del Buen Suceso. Este hecho continúa hasta nuestros días, con la fundamental fuerza de 200 años del más puro amor.
Rápidamente se fueron acumulando en la tradición popular una larga lista de testimonios de los "milagros". Todos tenían un mismo rasgo, habían logrado solucionar problemas del amor difícil, del amor lejano, del amor no correspondido, del amor traidor. Pronto también el rito del Manchay Puito fue muy popular, usado siempre que existía nostalgias de amor.
Pero, esta aparente inofensiva ceremonia fue tomando un matiz trágico ya que terminaba en muchos casos con el suicidio de los amantes, de los amantes impacientes, de los amantes sin fe, de los amantes sin tiempo. Fue tan rápida la multiplicación de esta epidemia de amor amargo, que con carácter de "muy estricto" se publicó un edicto real confirmado por el virrey Rafael de Sobremonte que "prohibía terminantemente la práctica del Manchay Puito en todos los territorios del virreinato". Esta orden fue reforzada con la no menos importante bula de excomunión, dictada por el Papa Pío VII, para los que celebraran en la América esa ceremonia "diabólica".
En la erradicación de la costumbre y la extirpación de esa idolatría se emplearon diez años de esforzado trabajo de las autoridades civiles y eclesiásticas. Para 1815 ya no existían en los territorios de España en América instrumentos para realizar la ceremonia del Manchay Puito, cántaros y quenas habían sido destruidas, sólo quedaban miles de historias.
Y por supuesto la receta de la bella Anita, que la pudimos copiar de su cuaderno original:
Delicia de Lúcuma - Ingredientes: 1 litro de leche fresca, unas gotas de esencia de rosas, una taza de azúcar, 5 huevos, dos tazas de lúcuma (la exquisita fruta peruana), vainilla al gusto. Se hace hervir la leche con el azúcar, se la hace espesar como dulce de leche, se le añade la esencia de rosas, entonces se quita del fuego y se hace enfriar, se le pone las cinco yemas batidas y la fruta bien molida, luego se pasa por un tamiz y se le agregan las claras batidas a punto de nieve, se pone todo en un molde bien untado de mantequilla y luego al fuego en baño de María. Se vacía en una fuente y cuando esté en su punto se baña con una crema de vainilla y lúcuma.

HISTORIA DE LA TANTAWAWA
Historia de la tantawawa - Es tradición ya en nuestros hogares recordar una costumbre de principio andino, empieza el uno de noviembre, cuando ya se colocan las velas y un sin fin de insumos (comida, frutas, caña, refrescos, ají de arbeja), para invocar a las personas y sus almas que ya se han ido al más haya, o como para que la familia se coloque nostálgica y recuerde a sus seres mas queridos, también en los rituales preparados existen personas que visitan por momentos la mesa puesta para “rezar”, y alabar a las almas ajayu que ya les ha dejado. Ya en la recta final del mes de octubre las personas se aprestan a realizar arte y bellísimos productos con harina, se dirigen a los hornos de los panaderos para realizar de las masas panes, biscochos, empanadas y tantawawas, y para las señoras que son buenas en el arte culinario en manipular la harina, hasta pueden llegar hacer bellezas de la repostería, como: galletitas de mantequilla y leche con levadura, unas riquísimas empanadas de queso, los deliciosos biscochuelos y los infaltables maicillos (condimentado con maizena). Un dato aproximado, en un dialogo con un panadero, en las fiestas de Todos Santos, la gente compra especialmente “una fanega de harina”, esto equivale a seis arrobas de 25 libras. El origen de las “tantawawas” - Las tantawawas (1), son una especie de muñecos construidos con masa de pan, adornadas con “caritas o mascaritas”, que decoran y le dan belleza auténtica, por otro lado, en Todos Santos no solo se hace tantawawas, sino también, los panaderos hacen: los achachis, los caballos, las coronas, la escalera u y otros. Por ejemplo los achachis; son figuras de morenos y personas mayores y que precisamente se identifican a las personas avanzadas de edad, como los abuelos, padres de familia; los caballos, transmiten el mensaje que son buenos para trasladar a los difuntos de la pachamama (madre tierra) a la alaxpacha la corona, caracteriza a las flores y que el espíritu y los “ajayus” se encuentren bien alimentados y en buen estado de salud; la escalera, tiene el concepto de subir a las nubes a los difuntos para que descansen en paz. Tal vez esa es una pequeña descripción del arte que se hace en Todos Santos, con las masas, pues muchos idolatran a las almas, para que posteriormente el 2 de noviembre las ofrendas sean llevadas a los Cementerios. En el Alto, seguramente que mucha gente, visitará los Camposantos de Villa Ingenio, de Mercedario y otros, y todo con el objetivo de reencontrarse con los muertos. 1) Palabra aymara “tantawawa”, esta compuesta por las voces aymaras: tanta, que siginigica pan y wawa significa niño o muñeco elaborado de pan. - Fuente: Alberto Medrano. Bueno yo tengo una experiencia propia com. la elaboración de las wawas , cuando era pequeño .era el día de todos los santos el día que esperaba con ansias por que era el día en que mi abuela y mi madre preparaban las wawas era algo así como una competencia entre mi madre y mis tías ha quien elaboraba la tantawawa mas rica era muy divertido por que a mis hermanos y a mí nos dejaban elaborar nuestras propias wawas en el caso de los varones eran los caballos , nosotros adornábamos los caballos con chocolates caramelos con todo lo que podíamos conseguir recuerdo aquellos tiempos con nostalgia. Por: Edgar Zamalloa Rivas - Instituto de los Andes. |
LA VERDAD DE LA MILANESA
Por: Jaime Ariansen Céspedes - Instituto de los Andes

Hace unos años, frente al Parque Central de Miraflores, en Lima, existía una Trattoria muy especial, a la que asistíamos con frecuencia en visita familiar. Siempre nos recibía Brunella, la simpática italianita dueña del lugar, que gesticulando "parlaba" en italiano con mi esposa, mientras estampaba efusivos besos en las mejillas de mis menores hijos.
Luego se repetía la historia, todos muy serios y en silencio estudiábamos el menú por un momento y al unísono y en coro repetíamos: "para mí una milanesa a la napolitana", que era la enorme especialidad del lugar y que realmente disfrutábamos.
Mientras esperábamos la orden y dábamos trámite a unos deliciosos "panini" con "burro" aprovechábamos la conversación para practicar un poco de la historia y la leyenda. En medio del barroco europeo surgió la moda entre los ciudadanos acaudalados de forrar sus muebles y decoraciones con láminas de oro, como signo de distinción y boato. Esta moda llegó al extremo que incluso se propuso al oro como elemento curativo (claro, de las enfermedades de los ricos) y también como complemento decorativo para algunos potajes, que relucientes invitaban a devorarlos. Pero pronto se dieron cuenta del terrible daño de comer oro, para la salud y el bolsillo. A algún práctico cocinero de la época se le ocurrió que podría simular el brillo del oro con una mezcla de huevo y pan rallado, logrando atractivos dorados. Actualmente, las técnicas culinarias han desarrollado muchas alternativas para la aplicación de esta mezcla en carnes rojas, pollos, pescados, mariscos y verduras.
Al principio, se aceptaba que la carne empanizada nació en Viena, ya que un antiguo clásico de la cocina austriaca es el schnitzel, que realmente es muy parecido a una milanesa y que después fue difundido como wiener schnitzel o escalope vienés.
Hasta que en 1848, el austriaco mariscal Radetzky, enviado al norte de Italia para aplastar la rebelión contra los Habsburgos, descubrio en Milán la "receta original", la de los lombardos, para preparar un escalope, impregnándolo en huevo, pan rallado y frito en manteca. Terminada la revolución, Radetzky volvio a Viena con la novedad de la receta, por supuesto más antigua que la del wiener schnitzel. Y de esta manera comenzó la controversia sobre su origen, donde luego intervinieron los alemanes, exhibiendo un manual de cocina berlinesa de 1838 donde describían la técnica de empanizar la carne y con ello reclamaban la paternidad de la "milanesa".
La realidad es que hasta 1900, en los menús de Europa, incluida Italia, la preparación figuraba con su nombre austriaco, "escalope a la viennoise". Luego, poco a poco fue imponiéndose el apelativo italiano de simplemente "milanesa" y por extensión, todos los alimentos bañados en huevo y posteriormente empanizados se definen como preparados "a la milanesa".
En nuestro caso familiar, no existía duda alguna sobre la variación a "la napolitana", es decir milanesa bañada con pasta de tomate y ajos, coronada con prosciutto, abundante mozarella espolvoreada con orégano y luego gratinada. Esta contundente delicia era tan italiana como Sophia Loren.
Pero (recuerden que siempre hay uno), tiempo después, en mi primera visita a Bueno Aires me enteré que tan delicioso potaje resultó ser más argentino que el Diego y el tango y hasta tiene su propia historia. En el respectivo tour por la ciudad, nos llevaron a la cuna, al lugar de su nacimiento en 1950, es decir al famoso restaurante de José Nápoli, frente al Luna Park. Todos en Argentina conocen la historia, de como Don José, en un acto de creatividad, utilizó jamón crudo, queso y salsa de tomate para disfrazar unas milanesas que se le habían pasado del dorado habitual a un joven e inexperto chef.
La ocurrencia gustó y la demanda subió como la espuma, hasta constituirse como uno de los platos de bandera gaucha. Don José inmortalizó su creación firmándola en el menú de su restaurante como Milanesa a lo Nápoli. Posteriormente se contribuyó al desarrollo de la historia, variando el nombre de Nápoli a la Napolitana... y la verdad de la milanesa continua... en debate. (JAC).
LA KACHANGA
QUE ES UNA KACHANGA EN EL PERU
Por: Rodolfo Tafur Zevallos
Estimados amigos: Al comenzar una charla en una escuela gastronomica, hice una pregunta a todos los jóvenes que según un simple censo eran estudiosos de la cocina peruana….¿Cuando fue la última vez que comió Ud una kachanga?
El silencio fue la mejor respuesta.
Aquí les presento la historia de esta deliciosa Tortilla, producto de consumo de pobres y que ahora esta en el olvido.
La dedico con mucho cariño a todas las damas que de una u otra forma hacen de mi labor gastronomica mi pasión
Decir la palabra “tortilla” es decir México. Los Aztecas primero, ahora los mexicanos tienen como sustento histórico de su gastronomía al maíz. El Dr. en Historia Sergio Antonio Corona Páez, de la Universidad Iberoamericana “Santa Fe”, México, sugiere que la palabra tlaxcalli que significa hacer con ambas manos, seria la primera denominación lo que hoy conocemos como tortilla. Esta frase esta ligada íntimamente al pueblo Tlaxcalteca, lugar donde se consume tortillas desde 1589.
Pero es el caso que también en el Perú desde la época pre hispánico existe el maíz y si bien es cierto que la papa es el alimento del sustento de los indios del Perú, el maíz fue un alimento de importancia estatal.
Los alimentos, desde tiempos muy remotos hasta la actualidad en el Perú tuvieron y tienen para muchos peruanos, la definición de sagrado, porque estos servían como vinculo comunicante entre el hombre andino (Runa) y su Deidad (Huaca), mientras que los Aztecas se comunicaban con sus Dioses a través del sacrificio (sangre) y los europeos utilizaban la palabra (oraciones). Por lo tanto el alimento en el Perú de ayer y hoy es la demostración mas palpable de aprecio, respeto y sobre todo cariño. Existe una frase que grafica esta definición: “Muéstrame tu cariño”, que quiere decir invítame tu comida, y en toda reunión el alimento siempre esta presente. La pregunta es: ¿Si tenemos Maíz, existió o existe una tortilla peruana?. La respuesta es SI, su nombre actual es KACHANGA que viene del quechua KACHANPU
Esta tortilla a base de harina, agua, manteca, sal, anís, levadura (en algunos casos) y huevos (opcional), fue de suma importancia en las relaciones sociales del Perú pre-hispánico. Cuando una persona deseaba acercarse a otra para obtener o demostrar su aprecio, su cariño, su admiración, le entregaba una KACHANPU, pues la palabra quechua Kachanpu tiene como significado: Mensaje, decir algo engalanado, manifestar su admiración o bailar con o para el agasajado. Existía un baile llamado K’achanpa, danza típica incaica, en la que los personajes llevan el ritmo ladeando el tronco del cuerpo, o meciéndolo lateralmente. La k’achanpa es una de las danzas incaicas más hermosas, de factura distinguida o clásica.
En época Colonial, esta demostración de afecto siguió observándose y muchos españoles usaban esta costumbre inca a manera de “piropo”. Para que el “mensaje” sea mas apreciado, la hoy llamada Kachanga era untaba con miel y entregada a la dama de su predilección.. Esta forma de “piropear” a la mujer se acrecentó en los primeros años de la Republica. La belleza de las mujeres del Perú republicano fue tan famosa que el viajero francés Radiguet las describe de esta forma: “Lima, paraíso de mujeres; purgatorio de hombres; infierno de borricos.. En la limeña hay a la vez, de la avispa y del colibrí. Tiene, como la primera, un fino corpiño y un dardo que es el epigrama; y del segundo, el color brillante, el vuelo caprichoso y desigual, y de ambos, un amor inmoderado al perfume y a las flores. Se la ve bajo los portales revolotear codiciosamente de un cesto a otro de las mistureras, y a veces le ocurre acosar a un transeúnte de cierta calidad con toda clase de zalamerías y gentilezas para obtener de su generosidad algún regalo dulce ansiado………Por nombre de «Calle del Peligro» llamabase al sitio ocupado por las mujeres. Las sirenas ejercían seducciones tan irresistibles, que los curas y cucufatos, para evitar este pasaje peligroso daban vueltas inmensas, ……”
Hoy en día la otrora Kachanpu, trasformada en la actualidad con el nombre de KACHANGA, es una tortilla que va camino a la desaparición, solo lo podemos encontrar en alguna esquina de algún barrio popular y la KACHANGA con miel, mal llamada “platillo”, talvez lo encontremos en algún kiosco de colegios pobres. A todos los peruanos que amamos la cocina de nuestro país, les pido revalorar esta deliciosa tortilla, delicia de nuestra infancia.
VIVA EL OLLUKO

JALLUKIPA, EL SEÑOR DE LAS LLUVIAS-LOS RICOS OLLUKOS
Por: Rodolfo Tafur - Instituto de los Andes
El cronista español, Bernardo Cobo (citado por Zuidema R.T “El juego de los Ayllus y Amarus” en Journal de la Societe des Americanistes Pag 42-43, 1967- Paris), nos relata la historia de Tupac Inca Yupanqui y su amante de la etnia Aymara, la hermosa Huayru (significa: mujer joven, bonita y coqueta), Ambos tuvieron un hijo al que pusieron un nombre Jallukipa (que significa “El que trae lluvia”), el mismo que fue criado por su madre. Cuando este hijo supero fácilmente su Huarachicuy (edad de convertirse en hombre), su padre busco la forma de proveerlo de bienes, aun cuando era un hijo no reconocido y además Aymara (etnia que no era del agrado de los Quechuas). El Inca aviso a los miembros de su consejo que iba a jugar ceremonialmente con su hijo la entrega de algunas de sus tierras. (1).
Con el deseo de complacer al Inca, el Consejo acepta, nombrando cada uno su representante y un juez, exigiendo que dicho juego se efectuara en la ciudad del Cuzco y en presencia de la más alta nobleza incásica. El juego consistía en tirar un “MACHAHUAY” , una especie se serpiente de tres cuerdecillas hecha de lana de alpaca que terminaban en pequeñas bolitas ( estas las bolitas, representaban a los espíritus que permitían multiplicar y fructificar la siembra). Tupac Yupanqui pierde el juego y su hijo exige ser posesionarlo de las comunidades de Nunka, Ururo, Asillo, Azangaro y Pucara, como también la tierra de su madre, El Collao.
Cuenta la crónica que Jallukipa al saberse triunfador sube corriendo al Apu (cerro) protector del Cuzco y en lo mas alto de la cima entrega y come Ollukos. Con esta ceremonia quería agradecer a Iphuy o Iphuru (lluvia), quien le dio fuerza para vencer a los Quechuas. A si mismo luego de entregar y comer Ollucos, baja del Apu corriendo, con el fin de demostrar su fuerza. Posteriormente danza alrededor de los Ollukos (2).
Los Aymaras cuando danzan tratan de describir la relacion entre el Creador (Apu) y su Creación (Shallka). El Apu «danza» su Shallka. Para los puneños, Dios es un bailarín; su Creación es una danza. La danza es diferente del bailarín; y, sin embargo, no tiene existencia posible con independencia de el Apu. En el momento en que el bailarín se detiene, la danza deja de existir (3)
Estamos en el mes de Mayo, en el Perú es mes de fiesta en todos los pueblos andinos, se festeja la fiesta de las Cruces. El personaje central de las fiestas son las Cruces, aunque esta representación es de influencia española, los Indios del Perú la aceptaron y la adoptaron. La Cruz) sufrió una especie de sincretismo andino ya que la adornan con la imagen del Sol la Luna, le ponen una estola de color morado (deidades y color de los dioses Indios). Asi mismo adicionan a la Cruz una Lanza, una escalera martillo, clavos etc, elementos que contribuyeron a la muerte de Jesus, Los hombres de la Sierra Peruana cargan en su hombro una cruz y suben apresuradamente la cima mas alta perteneciente a su pueblo así como bajan corriendo, de esta forma emulan al gran Jallukipa. En esta fiesta se debería comer los ollukos, hermosos, deliciosos y nutritivos tuberculos que crece abundantemente en las tierras peruanas. El Olluko representa a las gotas de lluvia y su forma fisica es muy semejante a gotas de lluvia y ademas la consistencia de este pequeño tubérculo oscila entre el 82 al 94 % de agua. Sus colores son los mismos del arco iris, para indio cuando come Olluko, no come el tubérculo sino come “Lluvia”.
Viva el Olluko, Viva Jallukipa
Rodolfo Tafur
Bibliografia
(1) HOCQUENGHEN, Anne. “Iconografía Mochica” Fondo Ed. UCP-1989
(2) ARRIAGA , Jose d..”La extirpación de Idolatrías en el Perú”. Colección de libros referentes a la Historia del Perú.
(3) Roel Pineda, Josafat “La Danza en el sur del Perú” Cuadernos Indígenas Oct. 1970 Ed. Movimiento indígena del Peru
LA HISTORIA DE LOS PANADEROS ANARQUISTAS
Por: Jaime Ariansen Céspedes - Instituto de los Andes
Nuestros antepasados precolombinos llamaban al pan tanta, también sanco o shanku cuando lo utilizaban ceremonialmente. Los preparaban moliendo el maíz en batán y cocinando la pasta directamente sobre las piedras calientes del hogar, en el rescoldo o en ollas de barro, con y sin agua. Dependiendo del lugar del Tawantinsuyo, habían modificaciones en cuanto a la manera de procesarlo.
Para completar el cuadro consumían la Ajja, que constituía una especie de pan liquido, chicha espesa, muy nutritiva, elaborada principalmente con maíz germinado, llamado jora, y también utilizaban para este propósito quinua, kiwicha o maní y así obtenían un nutriente ideal, especialmente para niños y ancianos.
Tiempo después llegó el pan de trigo, que fue amasado y horneado por primera vez, por la muy especial dama española doña Inés Muñoz, cuñada de Francisco Pizarro, en las postrimerías del año 1535. El pan de trigo fue el primer alimento preparado impuesto masivamente por los conquistadores hispanos en la dieta de los nativos.
Ambos tipos de pan, tienen ganado un lugar importante en la historia de la gastronomía peruana, principalmente por ese dicho de “pan y circo” antigua sentencia de la demagogia política, que los gobernantes de turno, de las diversas épocas, se encargaron de poner en practica. Controlando de una u otra manera la producción, distribución, el costo y el precio de venta del pan. Manteniéndolo siempre al alcance de las clases populares, hasta convertirlo en uno de los principales alimentos en el ámbito nacional.
Esta situación, que llega hasta nuestros días, nos obliga a importar grandes cantidades de trigo, cuya tecnología agraria es ya muy sofisticada y manejada en el aspecto comercial por un cartel que controla con mano dura y calculada política, el complejo mercado internacional.
En el Perú, por la geografía accidentada de nuestro territorio, la ausencia de lluvias en la costa central, la falta de riego controlado y barato a gran escala, la tupida floresta en la selva tropical y otro tipo de problemas del agro nacional, suman las condiciones que determinan que no tengamos todavía, grandes pampas con agua suficiente, que permitan sembrar en forma económica este cereal y por lo tanto resulta mas barato importarlo que sembrarlo.
Durante las negociaciones del famoso TLC, un tratado de libre comercio con los Estados Unidos, algunos de los temas principales de la agenda y la discusión popular, han sido las condiciones y el costo de nuestra producción de trigo y su precio internacional, generalmente subsidiado.
El pan nuestro de cada día, ya estaba anotado como principal punto de la agenda política a principios del Siglo XX y nos lo acaba de recordar el Fondo Editorial del Congreso de la Republica al publicar un libro que narra la historia de la lucha sindical de dos pioneros Don Manuel Caracciolo Lévano Chumpitas (1862-1936) y su hijo Delfín Lévano (1886-1941), los autores son Cesar Lévano, hijo y nieto de estos dos luchadores sociales y Luis Tejada, otro brillante escritor.
En el año 1901, sorprende a los limeños una singular protesta, nada menos que una huelga de panaderos, que enarbolan la bandera de lucha por la jornada de ocho horas de trabajo. En esos momentos los panaderos tenían las peores condiciones laborales que se puedan imaginar, comenzaban la jornada prácticamente a media noche, a las tres de la madrugada y terminaban hacia las seis de la tarde, mas de quince horas de gran esfuerzo en lugares pequeños, muy calientes y lo sustancial, con un sueldo mínimo, que no alcanzaba para cubrir lo más elemental de la canasta de subsistencias familiar.
Si a estas malas condiciones le añadimos una absoluta inestabilidad laboral, a merced del genio y humor del capataz, generalmente muy áspero, porque la crisis permanente le llegaban a él también, es decir cuando llueve todos se mojan y por supuesto la ausencia de otro tipo de beneficios sociales. Entonces fue perfectamente lógico y comprensible encontrar un día cerradas las panaderías de los respectivos barrios.
Es necesario narrar una tríada de episodios relacionados a la historia de los panaderos anarquistas, primero las características de esta utopía sindical y libertaria de los Lévano, luego la conducción ideológica de don Manuel González Prada y finalmente la comprensión de la época donde transcurren los hechos, los primeros años del siglo XX.
Por supuesto bajo hilo conductor del protagonista, el pan:
Nuestro tanta, el shanku y sus pares de maíz, la tortilla y el taco, la arepa y la hallaca junto con los panes de trigo de la época en que transcurre esta historia, el criollo francés, español, cachito, campesino, carioca, chancay, colisa, de molde, de punta, media luna, petipan, pinganillo, popular, tolette, trencitas y yema.
y los modernos, los añadidos en los últimos años, el baguette, brioche, ciabatta, croissant, hamburguesa, hot dog, pita, rosetta, sacramento, toscana y trípoli.
A comienzos del siglo XX los pudientes limeños tenían la costumbre de comprar pan fresco, recién horneado, crocante, calientito, tres veces al día, en la panadería del barrio, que siempre quedaba cerca de la casa. Temprano, para el desayuno, al medio día para el almuerzo y a las cinco de la tarde, para el lonche y la cena de las ocho de la noche. Era el protagonista, el compañero ideal de las cuatro comidas diarias de la dieta familiar.
Con la huelga de 1901, se inician dos décadas de lucha, hasta 1919 donde recién se logra la ansiada jornada de las ocho horas de trabajo.
Esta conquista social se la debemos al movimiento anarquista de los obreros panaderos, que lograron organizar a los diversos y dispersos sindicatos de Lima y tuvieron la energía y convicción para “exportar” su movimiento a las diversas regiones del Perú.
Es muy importante señalar, que no solo se trató de un reclamo laboral, sino un movimiento ideológico y cultural, al fundar centros de difusión política, editar periódicos y revistas, alentar la literatura, el teatro, la música y de alguna manera poner las semillas de dos grandes partidos políticos el Apra de Víctor Raúl Haya de la Torre y el Socialista de José Carlos Mariátegui.
El ideólogo, maestro y guía de este movimiento sindical y anarquista fue don Manuel González Prada (1844-1918) . Nacido en familia de abolengo, se apartó de ella y de la aristocracia para acercarse a los trabajadores manuales. En su aspecto literario fue durante una época un importante miembro del Ateneo de Lima junto con Ricardo Palma, pero su espíritu critico al sistema establecido, lo fue alejando de la tradición literaria y lo indujo a la fundación de otro círculo literario, con el propósito de proponer una nueva literatura basada en la ciencia y orientada a lo que llamaba la modernidad.
Referente a la política, don Manuel se alejó del partido Civilista al que pertenecía, para fundar con un grupo de libres pensadores un partido radical, la Unión Nacional. Este partido lo nombró candidato presidencial, pero él en un acto que lo retrata de cuerpo entero, negó su propio caudillaje y simplemente se fue a Europa.
En sus primeros ensayos, divulgó las ideas positivistas de Auguste Comte. Sin embargo, terminó convirtiéndose en partidario del anarquismo, pensamiento político muy criticado por el filósofo francés.
Manuel González Prada siempre fue un permanente y ácido critico, especialmente de todo lo que fuera conservador, en discursos académicos, en rueda de amigos, desde cualquier tribuna y en el periódico de mayor importancia, El Comercio. Después de poco tiempo, había ofendido a todos. Mucha gente lo evitaba, otros lo detestaban, nadie quería publicarlo más. Había llegado la época de tomar nuevos rumbos, de nutrir su intelecto y su alma en el viejo mundo.
Después de su estadía en Europa (1891-1898), vuelve al Perú, ahora es un socialista muy especial, se acerca al proletario. Alejado de la prensa escrita y la literatura, publica sus ensayos políticos en pequeñas imprentas de barrio.
Es de interés histórico para este articulo, disfrutar de algunos párrafos de su discurso leído el l de mayo de 1905 en la Federación de Obreros Panaderos.
<Señores: No sonrían si comenzamos por traducir los versos de un poeta....
- En la tarde de un día cálido, la Naturaleza se adormece a los rayos del Sol, como una mujer extenuada por las caricias de su amante.
- El gañán, bañado de sudor y jadeante, aguijonea los bueyes; mas de súbito se detiene para decir a un joven que llega entonando una canción:
- ¡Dichoso tú! Pasas la vida cantando mientras yo, desde que nace el Sol hasta que se pone, me canso en abrir el surco y sembrar el trigo.
- ¡Cómo te engañas, oh labrador! responde el joven poeta. Los dos trabajamos lo mismo y podemos decirnos hermanos; porque, si tú vas sembrando en la tierra, yo voy sembrando en los corazones. Tan fecunda tu labor como la mía: los granos de trigo alimentan el cuerpo, las canciones del poeta regocijan y nutren el alma"...
Esta poesía nos enseña que se hace tanto bien al sembrar trigo en los campos como al derramar ideas en los cerebros, que no hay diferencia de jerarquía entre el pensador que labora con la inteligencia y el obrero que trabaja con las manos, que el hombre de bufete y el hombre de taller, en vez de marchar separados y considerarse enemigos, deben caminar inseparablemente unidos.
Pero ¿existe acaso una labor puramente cerebral y un trabajo exclusivamente manual? Piensan y cavilan: el herrero al forjar una cerradura, el albañil al nivelar una pared, el tipógrafo al hacer una compuesta, el carpintero al ajustar un ensamblaje, el barretero al golpear en una veta; hasta el amasador de barro piensa y cavila.
Sólo hay un trabajo ciego y material - el de la máquina; donde funciona el brazo de un hombre, ahí se deja sentir el cerebro. Lo mismo sucede en las faenas llamadas intelectuales: a la fatiga nerviosa del cerebro que imagina o piensa, viene a juntarse el cansancio muscular del organismo que ejecuta. Cansan y agobian: al pintor los pinceles, al escultor el cincel, al músico el instrumento, al escritor la pluma; hasta al orador le cansa y agobia el uso de la palabra. ¿Qué menos material que la oración y el éxtasis? Pues bien: el místico cede al esfuerzo de hincar las rodillas y poner los brazos en cruz.
Las obras humanas viven por lo que nos roban de fuerza muscular y de energía nerviosa. En algunas líneas férreas, cada durmiente representa la vida de un hombre. Al viajar por ellas, figurémonos que nuestro wagón se desliza por rieles clavados sobre una serie de cadáveres; pero al recorrer museos y bibliotecas, imaginémonos también que atravesarnos una especie de cementerio donde cuadros, estatuas y libros encierran no sólo el pensamiento sino la vida de los autores.
Ustedes (nos dirigimos únicamente a los panaderos), ustedes velan amasando la harina, vigilando la fermentación de la masa y templando el calor de los hornos. Al mismo tiempo, muchos que no elaboran pan velan también, aguzando su cerebro, manejando la pluma y luchando con las formidables acometidas del sueño: son los intelectuales... son los periodistas. Cuando en las primeras horas de la mañana sale de las prensas el diario húmedo y tentador, a la vez que surge de los hornos el pan oloroso y provocativo, debemos demandarnos: ¿quién aprovechó más su noche, el diarista o el panadero?.... iguales mis queridos compañeros... era sin dudas una época muy romántica, especial, llena de esperanzas, cargada de sueños, que tenemos todavía que hacer realidad.
MATRICULA ABIERTA - ABRIL 2008
Programación de Cursos
Cliqueando en la imagen inferior pueden consultar la Programación completa de Cursos que iniciarán a partir del Lunes 07 de Abril en el Instituto de los Andes. La Matrícula está abierta y no dude en solicitar información sobre cualquiera de las materias.
LOS POSTRES DEL FESTIN - 1544
El muy magnífico conquistador Gonzalo Pizarro invitó a un gran banquete, con el propósito de oír consejo y sondear el grado de devoción de sus capitanes, en las épocas que estaba en guerra con la corona, el enviado del rey prometía amplio perdón a Gonzalo y sus seguidores, se reunieron hasta cuarenta de los personajes mas comprometidos en la causa rebelde,- muchos de ellos traicionarían al caudillo,- sin embargo esa reunión estaba convocada a brindar elogios a Pizarro, por ejemplo el capitán Alonso de Cáceres besando a Pizarro en un carrillo le dijo "Oh Príncipe del Mundo, ¡Maldito! El que te niegue hasta la muerte".
Hallábanse los comensales a mitad de comida cuando un paje se aproximó a Gonzalo, hablole al oído y le entregó una carta, Pizala pasó a Carbajal, el demonio de los Andes, diciéndole muy quedo.- Lea vuestra merced y haga justicia, que en esta mesa hay un judas.-
Carbajal se impuso del papel, quedóse pensativo, y luego, como quien ha tomado una resolución, se levantó, tocó ligeramente en la espalda al capitán Diego Tinoco y le dijo - Sígame vuestra merced, pues tengo que hablarle, cuatro razones del alma.
Levantóse el convidado, salió con Carbajal y ambos se entraron en uno de los aposentos de Palacio.
Las libaciones menudeaban y el gran banquete crecía en animación todos brindaban por las glorias futuras de Gonzalo Pizarro, su caudillo, su amigo.
Un cuarto de hora después regresaba Carbajal al comedor trayendo una gran fuente cubierta, la que colocó en el centro de la mesa, diciendo: - A sazón llegan los postres, destape vuestra merced.- Martín de Robles levantó la tapa de la fuente, y todos, menos Gonzalo, lanzaron un grito de horror.
Allí estaba sangrienta, casi palpitante, la cabeza del capitán Diego Tinoco, así, con horror terminó esta cena memorable que nos la contó nuestro gran tradicionalista Ricardo Palma.



















